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Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Los grandes teóricos

Teorizar sobre la educación parte de
una práctica específica. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Teorizar sobre educación. Iván Illich se preguntó que para qué servía la escuela en América Latina (refiriéndose a la América Ibérica) posando su atención en el adoctrinamiento que, desde las aulas, los gobiernos ejercían para reproducir el esquema que mantiene sumisa a la población, su crítica observa una falta de libertad de pensamiento tanto en docentes como en discentes, pero ¿es cierto que no somos libres al pensar? Estamos condicionados por el entorno, lo que significa que tenemos reglas para deambular por las calles, jardines o pasillos en edificios públicos, para relacionarnos con las personas, conocidas o no, con la naturaleza o con máquinas, relaciones que nos indican cómo pensar y cómo actuar si no queremos tener problemas y ser reconocidos en nuestro derecho de habitar.

2. John Dewey. Uno de los teóricos más influyentes del siglo pasado en cuanto al manejo del concepto de libertad en la educación, fue sin duda este norteamericano que se pronunció por considerar que no se trata de la ausencia de restricciones ni la capacidad de hacer cualquier cosa, sino la capacidad para pensar y elegir activa e inteligentemente aquello que nos transforme en seres críticos y responsables. Que la utilidad vendrá con el ejercicio de las capacidades conjuntas que eficientarán la obtención de resultados, suponiendo también que cada individuo aportará su conocimiento en beneficio de los demás sin importar las diferencias, pues éstas vendrán a complementar las habilidades de otros y con ello, lograr un desarrollo integral.

3. María Montessori. Libertad y límites van de la mano pues ambos serán los reguladores del comportamiento al mostrar, desde la individualidad, el respeto al colectivo, el uso correcto de las herramientas y los materiales, desde la perspectiva de la independencia para asumir con responsabilidad las consecuencias de los propios actos y el saber elegir en qué trabajar. Un ambiente controlado no es aquel en el que no se manifiesten inquietudes y estén todos quietos realizando una misma tarea, sino en el que la libertad de movimientos guiados por la elección de la actividad y el tiempo, sean productivos y significativos para los discentes, sin olvidar por ninguna razón la interacción entre ellos; la libertad así, será una conquista progresiva como medio de desarrollo.

4. Jean Piaget. Trata a la libertad como un sinónimo de autonomía, entendida ésta como la capacidad del individuo de gobernarse a sí mismo, lo que significa que sea capaz de tomar decisiones guiadas por la razón, la lógica y principios universales de justicia, en lugar de obedecer normas a ciegas o por impulsos. A esta autonomía que también incluye la comprensión de reglas y la construcción de la moralidad, opone a la heteronomía o libertad restringida que se aplica más que nada en la niñez donde se entiende que ser «bueno» significa obedecer y lo «malo» es lo que atraerá un castigo, aquí no existe la flexibilidad de pensamiento y no hay comprensión de las leyes, sólo imposición. La utopía no está en la capacidad del infante en entender, sino en la del adulto en explicar. Salud.

Beto

miércoles, 19 de agosto de 2026

Las distracciones

A cierta edad, todo tiene la misma
importancia. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Simples y efímeras. La imaginación es volátil y si le permitimos y la alentamos a volar libremente es posible que, por agradecimiento, no se deje devorar por rutinas ni obligatoriedades que automatizan nuestras percepciones; si logramos que nos acompañe cotidianamente, la pareidolia nos parecerá un juego común aunque tengamos muchos años en este mundo, con el lógico resultado de no haber perdido del todo nuestra capacidad de asombro pues pareciera que de la nada, seremos asaltados por espectros de animales u objetos, que sólo esperaban a que llegáramos para salir de donde estaban ocultos. Así, la calle, la ciudad entera o el campo se convierten en lienzos en los que podemos crear las historias que nuestros rasgos culturales nos dicten, hasta llegar a formatos más complejos.

2. Elaboradas y complicadas. Los video juegos tomaron un espacio y establecieron sus propias reglas a pesar (o quizá gracias a) de la tímida oposición de los padres, quienes sólo argumentaban sobre el tiempo invertido, lo cual carece de sentido en las mentes infantil y juvenil; su complejidad se salta el manejo del aparato, pues el juego en abstracto apunta a la mecanización de movimientos y la coordinación ojo-mano, lo verdaderamente interesante es ver la relación entre lo complejo de los circuitos y la aceptación de nuestra mente de que lo que producen como imágenes es divertido, sin importar que se trate de saltar obstáculos, recorrer carreteras a gran velocidad o matar enemigos con armas de alto calibre que el jugador puede escoger de entre una variedad en arsenales creados para ello.

3. Solos y en compañía. Aquellos que tenemos una mente volátil, nos distraemos fácilmente casi con cualquier cosa, digo casi siempre porque nunca he hecho un estudio estadístico de todo aquello que pudiera llamar nuestra atención, por supuesto, eso depende de factores como la edad y las relaciones amistosas que desarrollemos, las familiares son determinantes y las amorosas... pues merecen un apartado especial. Claro está que sus influencias pueden ser tanto positivas como negativas, es decir, que nos guían para poner atención en algo y también para señalar qué es lo que no vale la pena hacerle caso. Ver borregos en las nubes, por ejemplo, es una actividad que nos tranquiliza al poder completar formas en nuestro cerebro, pero al compartirla, logramos ampliar el abanico de posibilidades de diversión.

4. Signo de inteligencia. No lo sé de cierto, pero por un tiempo escuché que olvidadizos y distraídos eran personas muy inteligentes, el caso es que pude haberme hecho de esa narrativa para presumir de un IQ superior, pero sinceramente no me sentí así y sólo me quedé con que hay información que no retengo. Como lo entendí entonces, es que al concentrarse una persona en un tema u objeto, el entorno pierde importancia, lo mismo cuando se pasa de un tema a otro con rapidez, todo lo demás queda atrás. Por lo que sea, es posible que si no se trata de una inteligencia superior, sí sea una alterna que no responda a una disciplina lineal y se trate de cierto paralelismo para captar el entorno, uno donde todo tenga por así decirlo, la misma importancia. Salud.

Beto

miércoles, 12 de agosto de 2026

De pretextos a pre-textos

Si lo pensamos demasiado, las historias escapan
de nuestras manos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Sí las tenemos. Deben existir mañanas de ésas en las que las sábanas pesan más de una tonelada, la luz del sol a las siete de la mañana está bloqueada por una penumbra espesa y nuestras ganas de vivir como asalariados, esperan la décimo octava procrastinación del mes, con la expectativa de que se cumplirá que un mensajero celestial viniera a anunciarnos que fuimos elegidos para un trabajo mejor remunerado con menor esfuerzo, que nos sacamos la lotería y ya no tenemos que trabajar o de plano, que vamos a tener una butaca de primera clase para presenciar el fin del mundo, pero no, no tenemos tanta suerte y debemos levantarnos, a pesar de que algunos somos partícipes de la selección sub-64 en pleno uso de jubilación y pensión, pero que debemos mantener cierta imagen.

2. Con las obligaciones. Tanto que si no queremos como si debemos, las supuestas razones por las cuales evadimos ciertos eventos, se piensan mucho porque deben parecer coherentes además de que deben aprenderse de memoria, algo así como cuando estamos pensando en una trama para una novela, vamos dándole vueltas en nuestra cabeza; en ese momento en que nos atacan ciertas ideas al interior de nuestro cerebro, lo peor que podemos hacer es confiar en nuestra memoria, porque lo que recordamos un día, no necesariamente es lo mismo al otro o en una semana, lo anterior es fácilmente comparable a cuando contamos alguna anécdota sucedida años atrás y narramos algunos hechos, pero no nos obligamos a recordar qué prendas vestíamos ese día.

3. Dignas de contar. A veces nos encontramos con historias que merecen la pena contarse y, por cuestión de derechos, debemos encontrar una razón para escribirla, pero si no la tenemos, ¿qué argumentos utilizar para obtener el permiso? E posible que nuestros esfuerzos sean vanos si el poseedor de la historia no ve una razón de peso para que todo el mundo se entere de ella, por lo que no quedan más que dos opciones: seguir insistiendo hasta llegar a utilizar pretextos sobre las consecuencias que traería el no darla a conocer o abandonar el posible proyecto de edición e inventarnos argumentos para explicar el fracaso. Por supuesto que no sería la única oportunidad que tuviéramos, pero por mucho tiempo tendríamos clavada la espinita de esa historia que no pudimos contar.

4. Ponernos de carácter. Si logramos superar aquellas fases en las que buscamos pretextos para empezar a escribir, seguramente lograremos a su vez, plasmar nuestras ideas con palabras que nos resulten lo más coherentes y atractivas que podamos y nos animemos a compartir con los demás; las mismas razones que esgrimimos para no comenzar pueden ser parte de un argumento, por así decirlo, los pretextos pueden ser la antesala de un texto que nos cuente una buena historia. Está también el hecho de que para ser hay que parecer, lo que no implica usar un disfraz, sino tener la actitud (que tampoco es tomar una pose), tiene que ver más con el poder apreciar los escritos de los demás y saber observar el entorno, algo que nos ayude a generar pre-textos. Salud.

Beto

miércoles, 5 de agosto de 2026

Me traes el cambio

Lo que se encarga es de quien lo encarga.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Ahora nos parece normal. Cuando niños, no solíamos poner objeción al enseñársenos cualquier cosa relacionada con la moral y la ética, puesto que nuestra idea de bien y mal era muy simple (y todavía lo es) y, por supuesto, nuestra inserción natural se hacía en el lado bueno. Eso hasta que se nos apareció nuestro personal «Darth Vader» y nos llamó al lado oscuro; las luchas internas pudieron empezar por el deseo de un objeto que no podíamos tener y las soluciones que se nos ocurrieron pocas veces eran legales, dado que si así se nos aparecieron en nuestra mente, nos tomaría demasiado tiempo y es lo que menos tenemos cuando lo que nos urge, es satisfacer esa necesidad que de pronto apareció. Ya crecidos, sabemos cómo controlar nuestros impulsos, al menos es lo deseable, si no queremos tener problemas con los demás.

2. Todo a la primera. Las explicaciones sobre el comportamiento y las reacciones aceptables en las distintas ocasiones en las que debemos fungir como mandaderos de cualquier mayor al que se le ocurra solicitar nuestros servicios, son de una sola vez porque la paciencia para repetirlas es sumamente escasa; «ponte abusado», «ojo de chícharo», «no andes nada más pajareando» son sólo algunos ejemplos de las sentencias que debemos aprender inmediatamente como si de las más importantes máximas de sabiduría se tratara y de ello dependieran nuestras vidas. No creo que se tratara de medir nuestro coeficiente intelectual, sino de saber que seríamos confiables pues no nos meteríamos en problemas o, si hubiera sido el caso, sabríamos salir de ellos de la mejor manera posible.

3. No es tuyo. En principio la afirmación es cierta, nada de lo que hay en la calle, excepto lo que evidentemente es propiedad privada, es de alguien en particular, eso es porque se trata de la propiedad de la nación. Me refiero a banquetas, luminarias, cables y postes de electricidad, etc.; que todos seamos los dueños de todo (como nación), no significa que podamos hacer uso de esos servicios para beneficio personal; en teoría es lo que deseamos, sin embargo, parece que en este país entendemos lo contrario. Si hay algo tirado en la calle, es de quien lo encuentre, como soy dueño de la misma calle igual que todos, puedo poner un puesto ambulante, no importa que obstruya las pasos peatonal y vehicular y puedo estacionarme en cualquier banqueta puesto que la calle es libre.

4. Descuido a lo de todos. Pareciera que cuando escuchamos que algo es de todos o que somos parte (por decreto) de algo, eso nos da permiso de abusar o de deslindarnos de cualquier responsabilidad que traiga consigo; el razonamiento tiene su complejidad, si algo es compartido y no lo uso para mi beneficio personal, entonces que otro se haga cargo de su cuidado, generalmente ese otro debería ser el gobierno. Y lo podemos ver en el caso de los espacios ornamentales; un árbol plantado en una banqueta debe esperar a que se le asigne un jardinero para su cuidado si es que su colocación la realizó el municipio, si fuera una iniciativa personal, lo que debe esperarse es el permiso para plantarlo, pero eso sería asumir su cuidado sin ser el dueño, pues la propiedad pasaría a la ciudad. Salud.

Beto

miércoles, 29 de julio de 2026

Los pretextos

Cuando se agota el repertorio, no queda más
que ser intenso. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Motivo de ingenio. Admiramos a quienes salen bien librados después de haber cometido algún ilícito menor, acciones normalizadas porque «así somos y qué le vamos a hacer»; muchos de utilizado alguna vez los pretextos para librarnos de un compromiso no contemplado o no deseado, la credibilidad de esos pretextos recae en la manera en que los decimos, el número de veces en que los hacemos aparecer y si nuestro palmarés de compromisos cumplidos soporta lo suficiente para ser disculpados. Nunca son motivo de alabanza, pero hay que aceptar que se necesita ingenio para crear pretextos creíbles, con la salvedad de que sólo son útiles en una o dos ocasiones, lo que obliga a inventar muy seguido, argumentos válidos para los demás, si es que nada nos gusta hacer.

2. Un escudo contra la verdad. No se trata de ocultar algo por lo que pudieran culparnos en una primera instancia, dado que en el uso de los pretextos, lo que impera es la no disposición a realizar una tarea o asistir a un evento, así que hay que ocultarla en un segundo plano; los inicios de las frases que encierran pretextos son muy gráficos, por ejemplo: «no es que no me interese...», también: «ya ves cómo se pone mi mujer cuando llego tarde...» u otra de mayor peso: «es que no puedo dejara a los niños solos por mucho tiempo...», cuando en realidad, nunca hemos mostrado interés en ese evento al que nos invitan, tenemos más de tres años divorciados y ni siquiera nos hacemos cargo de la pensión alimenticia de los retoños y todo el mundo sabe de esa situación.

3. Como arma secreta. Al más puro estilo de James Bond, todo el mundo los conoce y detecta de inmediato, sin embargo, también tenemos introyectada la idea de que pudiera ser verdad todo lo que los demás nos dicen o que todo el mundo merece una segunda oportunidad... o tercera... o cuarta... hasta pareciera que se trata más de una prueba a nuestra paciencia, que del saber cómo defendernos de argumentos tramposos. Y todos tenemos pretextos para eludir responsabilidades o personas a las que no deseamos ver por múltiples razones; como un pretexto no es otra cosa que una mentira poco elaborada (los demás argumentos son los apoyos a la primera), está en el interlocutor el querer desentrañar las causas por las que es objeto de tal afrenta o dejar que caiga por su peso

4. Rodeo vano. En general, un pretexto es el rodeo a una razón, si con esto podemos resumir el esfuerzo que implica resistir la negativa a realizar una tarea o a participar en un evento sin que esto tenga consecuencias, pero ser bueno en crearlos no nos hace más inteligentes que los demás, ni siquiera podemos decir que gozamos de la simpatía de aquellos que tienen que soportar nuestras invenciones y adivinar con ellas, cuándo era verdad y cuándo era mentira lo que escucharon sus oídos. La actitud normalizada en presencia de un pretexto es el no cuestionamiento, el no enfrentamiento, el dejar pasar para no desgastarnos en escuchar, como sustento del pretexto, una serie de mentiras a veces inconexas que posiblemente se olvidarán para ese momento, pero que aparecerán en otros. Salud.

Beto

miércoles, 22 de julio de 2026

¿Quién pidió vacaciones?

Las vacaciones son el alivio de unos
y la tortura de otros. Foto: BAER vía Meta AI.

Irapuato, Gto.-

1. Ya ni la raspan. A estas alturas del partido, las madres de familia del país estarían por terminarse la imaginación por tanto inventarse actividades para los chamacos, así como los maestros el romperse la cabeza para acomodar sus contenidos en un calendario recortado por las razones más absurdas que pudiéramos imaginarnos: el clima y el mundial de fútbol. Las comparaciones son odiosas sólo para quien no sale favorecido de ellas; en los dos mundiales anteriores organizados en nuestro país (70 y 86), las condiciones eran semejantes (las del 86 más urgentes) y en ningún momento, siquiera se insinuó una baja en la carga académica y tuvimos que fletarnos el calor y estudiar con todo y el vendaval de partidos de entonces.

2. Contenidos gimnásticos. ¿Será que los contenidos actuales son tan simples que se pueden enseñar en diecisiete que en veintiocho semanas? Ahora entiendo (sin aceptar del todo) que la dificultad de esos contenidos ha disminuido para dar paso a una enseñanza más práctica y dinámica (dicen), lo que no necesariamente ha facilitado el aprendizaje, lo que podemos comprobar con la ley de no reprobación implementada por el gobierno federal, en franca aceptación de que ni ellos confían en que el sistema educativo sea eficiente. Puede ser que esos contenidos sean flexibles como gimnastas en las barras asimétricas, pero ¿se imaginan que se hubiera aceptado la propuesta de reducir el calendario lectivo? La de huecos que se convertirían en baches.

3. Divino ocio. El conato de vacaciones extendidas puso, por un momento en un serio predicamento tanto a padres y maestros como a servidores de cursos de verano ya que a todos sacaba de sus presupuestos, pero de haber pasado ¿en qué actividades hubieran inscrito a sus vástagos? Si son pequeños, seguramente en algo que les habría gustado a sus papás y nunca pudieron hacer o, que siempre practicaron y desearían perpetuar en su descendencia. Para los mayorcitos está la aceptación de su opinión, después de todo, ellos ya probaron las opciones que sus progenitores impusieron con anterioridad y en los cuales no tuvieron éxito, pero con la esperanza de que por fin encuentren algo que les guste, la pasen bien y los entretenga por más de un verano.

4. En mi egoísmo. Debo aclarar que esto no es un acto de constricción ni mucho menos una confesión, aunque sí acepto que pasó por mi mente un cierto gusto por la posibilidad de no tener que soportar griterías, ensayos ni tertulias de mediodía obstruyendo la calle, casi saboreaba la tranquilidad que tendríamos mis vecinos y yo por las vacaciones extendidas gracias al mundial y al calor; no más molestias por que a alguno de los papás les estuviera enseñando a sus hijos cómo obstruir una cochera sin consecuencia alguna, mucho menos remordimientos. Pero no, la razón asistió a las autoridades educativas y no hubo cambios en el calendario escolar por lo que las molestias siguieron, aunque imagino que hacia el interior de las aulas no dejaron que se perdiera la bonita tradición de tener televisores en clases. Salud.

Beto

miércoles, 15 de julio de 2026

Aprovechar los avances

Aprender otras cosas se siente como manejar
maquinaria pesada. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Auto convencimiento. Cuando las cosas ya no tienen remedio, lo mejor es unirse a la corriente, actualmente ir en su contra es un suicidio social; me refiero al uso de los aparatos de intercomunicación (existe el término aunque sea redundante) y ya sé que lo he comentado en distintos momentos, pero trataré de girar mi enfoque a la cotidianidad de nosotros, los adultos mayores. Espero que sea obvio que no vamos a utilizar los dispositivos móviles nada más para jugar, sino que vamos a encontrarles utilidad a todas las capacidades técnicas de los aparatos como tales y a las aplicaciones que los acompañan; no se trata de adaptarnos a la modernidad ni mucho menos, al mundo juvenil de hoy, sino de establecer nuestros criterios de uso según nuestra lógica.

2. Permitir la ayuda. Lo primero será ubicarnos en nuestras necesidades y la disposición que tengamos para aprender, soportando la tentación de afirmar que lo sabemos todo debido a nuestra edad, que bueno, es un fenómeno que cada vez se repite menos; lo mejor es que, en lo referente a la tecnología, la soberbia se ha trasladado a otro lado. Si lo vemos de manera óptima, ya entendimos que no existen las preguntas tontas, sino tontos que no preguntan, lo que nos ha librado de muchos dolores de cabeza; nunca está de más sabernos ignorantes, pues eso nos permite (sin pudores inútiles) el tener varias versiones sobre un mismo tema y la posibilidad de escoger lo que más se adapte a nuestras necesidades inmediatas.

3. Uso cotidiano. Es cuestión de paciencia para entender que no hay vuelta atrás al uso de las máquinas «inteligentes», casi todas traen un ordenador electrónico integrado, algunos muy útiles como los que vienen con los automóviles y otros, francamente decepcionantes, como los que les pusieron a las grabadoras y despertadores eléctricos de hace una década y media; supongo que fue una constante porque tanto a unas como a los otros les falló muy pronto el comando del volumen. Fuera de eso, encontramos que hasta los aparatos más simples como los ventiladores de todo tipo, vienen acompañados de su control remoto, por ende, de un pequeño ordenador. Y ni hablar de dispositivos de entretenimiento como televisores y «Alexas»; el caso es adaptarse.

4. Temas generales de conversación. Los avances tecnológicos, aunque no estén en nuestras listas de prioridades o de nuestras herramientas en uso, pueden conformar buenos temas con los cuales pasar el rato con amigos y familiares; que si van a suplir a los humanos en los trabajos, tareas manuales y el arte; que si las inteligencias artificiales tienen o no sensibilidad para crear o criticar una pintura, una puesta en escena o una canción; que si nos limitan el aprendizaje y los lenguajes, en fin, todo encerrado en un marco de buenos o malos, pero sin un intento de atisbar la posibilidad de una adaptación positiva a nuestra vida cotidiana. La resistencia al cambio siempre existirá, máxime cuando éste se basa en la incertidumbre por falta de un código ético para su uso. Salud.

Beto

miércoles, 8 de julio de 2026

Se premia la mediocridad

Las compensaciones suelen ser
contraproducentes. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Mea quoque culpa est. No puedo decir que tengo autoridad moral porque también hice cosas para evitarme a los reprobados, no por buena gente, sino por evitarme el doble trabajo y ni así lo lograba; no vayan a pensar que era trampa pura (a veces sí), se trataba de un ajuste estadístico para cerrar números hacia arriba, justo como le hacen en las tiendas para redondear las cuentas. El caso es que aunque no era una práctica que realizara siempre (curiosamente se daba en los grados inferiores), fue la misma que dio la puntilla para que me retirara de las aulas. Con ello pude percatarme que lo poco o mucho que tuviera de vocación, tenía algo de peso y era cierto que no me gustaba verle la cara a nadie, mucho menos a mí mismo.

2. Doble trabajo. En mis tiempos de estudiante era igualmente sospechoso que un docente tuviera toda su matrícula reprobada o toda, sólo con dieces, así que los criterios de calificación debieron diversificarse, más allá de un examen escrito. Las tareas también tuvieron sus cambios, principalmente en la concepción que se tenía de ellas en casa, pues pasaron de ser un instrumento de aprendizaje a ser uno de mantenimiento de la paz en el hogar; llegué a escuchar a una madre de familia que le dejara tarea a su hijo para que ella pudiera trabajar sin interrupciones, imagino que no sabía lo que estaba pidiéndome ni tampoco que ella estuviera dispuesta a revisar el trabajo de su vástago. Total, los maestros no tienen vida propia.

3. Exámenes anti fallos. Nunca me gustaron, ni como estudiante ni como maestro, siempre preferí un diálogo en el cual hacer ver o descubrir que sí se había hecho la lectura y se tenía una opinión al respecto; a los exámenes de pregunta y respuesta en papel, los vi como una extensión de la memoria en la que nunca se exponía el propio punto de vista y las pocas veces en las que a algún maestro se le ocurría preguntarla, la costumbre nos llevó por el mismo lado de repetir la información memorizada. Por lo anterior, varios de ellos (pude descubrirlo en clase) ponían preguntas que garantizaban el pase, para no tener que reportar a más de la mitad del salón como reprobados, algo plausible, pero que en ocasiones no funcionaba.

4. Dificultad para hablar. Dentro del círculo vicioso de la educación integrado por la incorrección gramatical (heredada desde casa) y el uso de vocablos hiper integradores de significados disímbolos, podemos identificar (y apostar por que así esté sucediendo) una muy marcada dificultad para hablar, ya no digamos en público, sino al entablar una conversación personal por parte de quienes cursan desde los últimos grados de primaria hasta los primeros de preparatoria, lo cual nos lleva irremediablemente a conectar ese problema a la poca comprensión lectora, no nada más de textos, sino de situaciones cotidianas en las que intervenga la expresión oral. Quizá sea por eso que se inventaron todas esas reglas de «protección» a la juventud, pues de todos modos, no entienden. Salud.

Beto

miércoles, 1 de julio de 2026

La ignorancia como valor

Nunca debe perderse la capacidad
de asombro. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Cambiar la perspectiva. Para un civil normal, ser ignorante es casi como tener un defecto, algo que debe esconderse de la vista de otros porque, de alguna manera, todos suponemos que debemos saber todo de todo para ser respetados. Cualquier dejo de desconocimiento en algún tema, nos hace ver como minusválidos mentales; debemos creer que esa desventaja nos marcará por un lapso importante de nuestra vida, hasta que demostremos que lo hemos superado, ya sea resolviendo problemas o recitando pasajes de algún tipo de información a diestra y siniestra. Pero ignorar nos permite tener una perspectiva de nosotros mismos, de nuestras capacidades y potenciales y lo mejor de todo, el no saber nos obliga a averiguar, con lo que nos daríamos cuenta de que estamos avanzando.

2. Es tu amiga. ¿Qué herramientas usamos para combatirla? O mejor preguntémonos, ¿es primordial combatirla? ¿Por qué no, mejor verla como una aliada? Sería más productivo el verla como el motor que nos impulse a averiguar en lugar de una traba para nuestro desarrollo. La única prueba que tengo para fundamentar esta aseveración, es el darme cuenta de que el rostro de un sabio se ilumina como el de un niño cuando descubre algo que no había escuchado o leído y eso le resulta de utilidad, es como una productiva adicción. Partamos de la base de que no es nuestra obligación saberlo todo, ni siquiera aquello relacionado con nuestra práctica profesional, lo que sí debemos procurar es manejar bien la información que nos es útil para trabajar.

3. Todos ignoramos algo. Por fortuna, lo que sabemos tiene una menor aplicación que lo que conocemos y esto, es mucho menor que lo registrado en todo tipo de documentos, es decir, la ignorancia nos representa un campo amplísimo para explorar. En buen romance, significa que la ignorancia es el motivo principal para averiguar qué es lo que sucede en nuestro entorno. Más que un defecto a componer, ignorar puede convertirse en un sinfín de accesos a nueva información, a generarnos sorpresas a cada paso que damos, con la salvedad de que el mundo, por sí mismo, genera un número finito de datos ya que la evolución es lenta para el número de años que vivimos, sin embargo, los que genera nuestro cerebro respecto de él, no tiene fin.

4. Motor de la sabiduría. La ignorancia, insisto, no es una carga ni mucho menos, motivo de vergüenza aunque así nos la hayan vendido en los setenta; es una oportunidad diaria para alimentar la curiosidad, poner a trabajar a nuestro cerebro y reactivar nuestra casi olvidada capacidad de asombro. Porque todo lo que sucede en este mundo es motivo de investigación, no sólo lo espectacular ni lo potencialmente remunerativo; la naturaleza puede estar atrapada en costras de concreto y chapopote, pero aprovecha cualquier resquicio para asomarse y hacernos saber que debemos jugar con sus reglas, ya que cuando pierde la paciencia, nos obliga a recordar que sólo somos una bola de ignorantes. Salud.

Beto

miércoles, 24 de junio de 2026

El valor del silencio

El silencio debería ser regular de todo inicio
en relaciones humanas. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. En clase. Parece imposible actualmente pensar en ello, puesto que las regulaciones del comportamiento tanto de docentes como de discentes aplicados en estos tiempos, se basan en las libertades de los segundos y las obligaciones de los primeros; más allá de la coerción, algunos maestros ya habrán encontrado la manera de convencer a sus alumnos de mantenerse callados, al menos por periodos significativos, puesto que ese comportamiento facilita la comprensión sobre la utilidad de la tarea que estén realizando. El silencio sí es un tesoro que algunos devalúan imponiéndolo a la fuerza dejando un pequeño resquicio para la insubordinación eventual, lo que nos mete en una dinámica circular o espiral sin fin.

2. En confidencia. Si llegamos a ser depositarios de un secreto ajeno, ya sea directa o indirectamente, el silencio se convierte en la principal forma de acuerdo; no es de hombres de bien andar revelando a otros lo que se nos ha confiado, independientemente del peso de tal confidencia, puesto que para aquel representa lo más importante de su vida en ese momento. Más allá de la reputación ajena, la que ponemos en juego a la hora de revelar un secreto, es la propia y no hay castigo social más demoledor, que el ser tachado de poco fiable. Estarán pensando en alguna persona que no puede guardar secretos y que le importa poco ser tachada de chismosa, pero vista de buena manera, será la referencia para no convertirnos en ella.

3. En lo laboral. Vámonos por el mismo camino de la concentración, ya que fue ésta la que me dio una de las pistas para saber que nunca sería buen abogado, médico o contador, ese tipo de información no lograba tener mi atención por más de cinco minutos (en un buen día), mucho menos para difundirla eficientemente para no crear caos. La secrecía en esas profesiones es tan importante como la práctica misma pues la información que manejan tiene tal condición que un error o una falla en su difusión, destruiría a una persona o a todo un grupo. Noticias como una bancarrota, una enfermedad terminal o el que una orden de aprehensión no tenga remedio suelen ser devastadoras cuando no se tiene el tacto para anunciarlas.

4. En las relaciones interpersonales. Cuando afirmamos que en años anteriores nuestras mamás no necesitaban de un grito o un regaño para mantenernos a raya y bastaba una mirada para hacerse entender, no lo decíamos por que hubiera la complicidad absoluta de dos seres inteligentes, era más bien, la imposición de una actitud en donde quedaba claro que no dejarían impunes las afrentas a su autoridad, así que no quedaba de otra que callar y enfrentar lo que viniera después. Aprendimos a callar y a obedecer para no ser castigados, a desobedecer si soportábamos las consecuencias, pero más que nada, a guardar silencio cuando comprendimos que un conflicto doméstico no es suficiente razón para entablar discusiones con poco sentido real. Salud.

Beto

miércoles, 17 de junio de 2026

El reino de la excusa

No siempre se puede culpar
a otro. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Por la cultura de la culpa. Recae en nuestro hombros la tradición milenaria de responsabilizarnos de lo que hicieron otros en tiempos pasados, por lo que es normal aceptar que Cristo murió por nuestros pecados (y si ése fue su pago ¿por qué seguimos naciendo como pecadores?), fuimos conquistados por los españoles (pero sólo nos es significativo lo que heredamos de ellos), perdimos la mitad de «nuestro territorio» (el mismo que los gobiernos del siglo XIX tenían casi abandonado), pero nos encanta regodearnos en un sentimiento de pertenencia basado en la tonta concepción de vernos desposeídos. Lo peor del caso, es que ninguna penitencia nos alcanza, la sensación de que no merecemos el suelo que pisamos, nos acompaña hasta la tumba.

2. Enseñar responsabilidad. Esto parece normal y evidente desde cualquier punto de vista, puesto que ser responsable es uno de los pilares para que haya una convivencia cordial en comunidad, lo que quizá no queda claro es que debamos aprenderlo como la necesidad que representa; hacer o no responde a varios factores como la oportunidad, la pertinencia, la valoración y el compromiso, por citar los más importantes, pero ¿a cuántos de nosotros se nos convenció de ser responsables? En realidad fue una imposición, como la de la obediencia, en la que no cabía cuestionamiento alguno y cuyo aprendizaje se dio en la experiencia, primero tratando de no meternos en problemas y segundo, al sopesar las consecuencias. Una maestra muy dura doña Experiencia.

3. Acusar, nunca. La imagen del chivato pesa demasiado en todos los grupos a los que tenemos acceso, no es aceptable ni digno de consideración aquel que viva para acusar a los demás, sean o no ciertas sus acusaciones; quizás esta interpretación de las relaciones humanas venga desde los tiempos en que la cohesión absoluta era requisito indispensable para la sobrevivencia del clan pues, al ser una estructura muy simple comparada con las subsiguientes estructuras sociales, había problemas más urgentes que atender antes que hacer caso a posibles intrigas, además de que en un número reducido de personas, es difícil no enterarse de lo que hace cada uno de los miembros del grupo y posiblemente, esto haya sido el germen del honor en la palabra.

4. Yo nunca fui. Crecimos con un sentido de culpa que nos obliga toda la vida a andar esquivando señalamientos y juicios que, a veces, ni siquiera van dirigidos a nosotros; librarnos de ella parece una práctica en dos fases, la primera, no participar en eventos que se escapen de nuestras manos y la segunda, si lo hiciéramos y somos descubiertos, negarlo todo. Como es casi imposible que nos abstengamos, la negación se ha convertido en la válvula de escape por excelencia, llegando a institucionalizarse en las altas esferas de la política y aceptada tácitamente por el común de la gente, porque «todo el mundo lo hace» y «nunca nadie se hace responsable» que todos entendemos a pesar de la doble negación. Salud.

Beto

miércoles, 10 de junio de 2026

¿Y cuando ya eres?

A veces, la realidad no tiene
un buen despertar. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Cumplimiento del sueño. Recibimos varios comprobantes de estudio hasta el final de la carrera o de los post grados si tuvimos la solvencia para alargar nuestra preparación académica, un trozo de cuero fino indica que logramos convertirnos en médicos, ingenieros, licenciados y toda clase de especialidades inventadas para las necesidades de una industria cada vez más automatizada y escasa para albergar a la enorme cantidad de egresados de las universidades del país; los sueños parecen desvanecerse y la conciencia de que la estancia escolar es sólo una fase de entretenimiento para retrasar el acceso a la vida laboral de todos los aspirantes a profesionistas con un magnifico empleo, algo que muy pocos tienen al alcance y generalmente no es por capacidad nada más.

2. Cambiando o adaptando el sueño. Salimos del sistema escolar con un papel en la mano y varios sueños por cumplir (generalmente los que tenemos todos por costumbre), llegando a la primera puerta, periódico en mano, todos los esquemas mentales se caen y hasta se rompen pues la realidad no coincide con lo que nos imaginamos que debía ser nuestro primer empleo, ni el segundo. Hay que estar bien conectados para que podamos acceder a un empleo decente (lo que entendamos por eso), aun lo anterior, teníamos la idea de que debíamos prepararnos cada vez más para escalar o, al menos, mantener el nivel en el que nos encontrábamos y permanecía en nuestra mente, la idea de que debíamos ser empleados, por aquello de la seguridad social.

3. La cruda realidad. Empieza cuando nos damos cuenta de que nadie está esperándonos para contratarnos, tampoco hay a quien le importe que estemos desempleados, porque habrá periodos (espero que pocos) en los que nos encontremos sin trabajo y con la desesperación de vernos productivos; pero también hay quien nos contrata, por un módico sueldo (a veces ninguno) porque debemos pasar un periodo de prueba, hay quienes dicen que algunas empresas mantienen costos bajos aprovechándose de becarios que hacen ciertas tareas por las cuales no quieren pagar, a mí no me tocó constatarlo aunque sí trabajé de gratis en dos o tres ocasiones. Ascender tampoco es sencillo, debido a que el porcentaje de esfuerzo con trabajo duro, nunca supera al de las relaciones.

4. Nueva adaptación. Dejar atrás la universidad no tiene el mismo sabor que con los grados anteriores, en aquellos, prevalecía la conciencia de que sólo cambiaríamos de sistema, programas y edificios, de la universidad se sale a enfrentar a la vida; las enseñanzas caen de una en una y suelen no repetirse en muchos años si no es que nunca. Agarramos al vuelo lo que nos sirve dado que nadie va a detenerse a explicarnos todo, no hay tiempo para eso, así que aprendemos (por fin) a poner atención en lo que pasa en los alrededores y gracias a que los instrumentos para ello ahora son más portables y sofisticados, esa tarea es más sencilla, al grado de usarla como una habilidad para buscar un empleo mejor. Salud.

Beto

miércoles, 3 de junio de 2026

¿Qué te gustaría ser?

Los sueños pueden cumplirse, según
las circunstancias. Foto: BAER vía Gemini

Irapuato, Gto.-

1. Pregunta para fantasear. Siempre me pregunté cómo es que hacían los adultos para preguntarnos cosas exactamente cuando no estábamos preparados para contestarles, además de presionarnos con responder con mucho realismo en una etapa en la que la fantasía dominaba la mayor parte de nuestras conexiones sinápticas; ¿cuál era el motivo? Quizás era una especie de control sobre lo que hacíamos (lo dudo) o el no tener en realidad un tema de conversación y suponían que nos explayaríamos al hablar de nosotros mismos, cuando eso precisamente nos causaba conflicto. Porque, por lo general, cuando un niño supone hablar de sí mismo, en realidad habla de lo que tiene y de quienes le rodean, ya que eso es lo que percibe palpablemente.

2. Pregunta incómoda. Apenas estamos acoplándonos a horarios y maestros nuevos, cuando empezamos a ser acribillados desde diferentes frentes con el cuestionamiento sobre lo que vamos a hacer de nuestra vida; y tan sólo díganme, ¿quién o cuántos entre los doce y catorce años tiene ya resuelto el plan que seguirá en los siguientes años? Por supuesto que no, el pensamiento adolescente está enfocado (discúlpenme los psicólogos) en una especie de segunda etapa oral (que nos vuelve a dar entre los cuarenta y cincuenta) en la que lo único que cuenta es la auto satisfacción lúdica y la posterior explicación (si bien nos va) del porqué estamos pasando así esa etapa. Si logramos entendernos, gozaremos de un periodo importante de tranquilidad.

3. Pregunta comprometedora. El sentido de la pregunta ¿qué te gustaría ser?. cuando llegamos a la preparatoria, se vuelve en una sentencia que algunos con la condescendencia a flor de piel, nos disculpan diciendo «todavía falta mucho» que puede ayudar a calmar la tensión o francamente acentuarla porque no tenemos conciencia del tiempo; estamos en el umbral de la universidad y aquellos más inteligentes ya tienen un plan definido sobre lo que habrán de estudiar, los demás, estamos esperando una señal que nos indique qué camino tomar. Los exámenes de admisión se asoman a unas cuantas semanas y ni con eso las neuronas se activan, mientras otros toman sus precauciones sacando fichas en diferentes planteles y hasta en diferentes carreras.

4. ¿Y sí lo eres? Parte del ser está en convencernos de que proyectamos la imagen adecuada para que todos confíen en nuestro trabajo, pues éste solo, nada más indica que podemos realizarlo, pero no que seamos confiables; para que esto suceda, debemos aprender los lenguajes y los códigos. Una vez aprendidos, la ética debe hacer su aparición pues debemos establecer, acordes con la convención social, lo que sí y lo que no estamos dispuestos a realizar con lo que sabemos. En primera instancia, sabemos qué está bien y qué está mal en cada evento que enfrentamos, pero lo verdaderamente importante es si resistimos la tentación de aprovecharnos, en beneficio propio, de las condiciones en las que se encuentra el otro y si estamos dispuestos a pagar por ello. Salud.

Beto

miércoles, 27 de mayo de 2026

Traduttore, traditore

Las traducciones suelen ser una serie de
interpretaciones personales. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Primero la papa. Cuando vamos a aprender un idioma, pensamos más que nada en la utilidad que podamos sacarle posteriormente puesto que, desde que asumimos nuestro papel como país tercermundista en los setenta, en vías de desarrollo en los noventa y de economía emergente empezando esta centuria (dependiente en cualquier caso), nos han vendido la idea de que es imprescindible aprender inglés, reforzando la idea de que estudiamos para ser esclavos, perdón, empleados del sistema globalizador, es decir, del imperialismo ya sea local o extranjero. Llegamos a escuchar en clases de sexto grado que el futuro del país era que nos hiciéramos técnicos que, sin menospreciar esas carreras, no era lo mío.

2. Ser mejor o aparentarlo. El poder decir las cosas de diferentes formas nos trae la ventaja de ampliar nuestro panorama mental y si eso sucede en el mismo idioma, al utilizar otro, esas fronteras se expanden aún más. Entender y comunicarnos en un idioma no materno nos permite ver que hay otras maneras de percibir la realidad, de crear historias y de explicarnos el entorno. Ahora bien, las poses que solemos adoptar cuando suponemos saber algo que los demás no, terminan por volverse en nuestra contra porque sólo evidencian una carencia, la cual puede tratarse de la ignorancia, en el caso de las lenguas, del uso del español. Actualmente podemos ubicar esas carencias al momento de utilizar los tiempos verbales y los plurales.

3. Un gran poder. Imaginemos la escena donde Marina está entre Motecuzoma y Cortés traduciendo lo que uno quiere decirle al otro, podemos pensar en seres totalmente éticos que procuran guardar las formas o que ella pudiera tomar ventaja para traducir como mejor le convenía; obviamente nadie de los presentes (excepto Cortés) pudo lleva un registro de lo que ambos hombres se dijeron, bueno, ni Bernal Díaz del Castillo debió tener acceso a esas conversaciones a menos que, como afirman algunos, ése era el seudónimo de Hernán y se haya tomado el tiempo de escribir todo desde su punto de vista. Una situación semejante, pero a gran escala, debe vivir la ONU todos los días junto con su equipo de traductores, los que ¿interpretarán fielmente los discursos?

4. Un ejemplo muy cuestionado. De entre todos los documentos guardados por siglos, los de corte sagrado son los que más riesgo de cambiar por interpretación presentan, puesto que no se les exigió de origen, algún tipo de rigor ya no digamos científico, al menos literario; el ejemplo que tenemos más a la mano es la Biblia, un texto o mejor dicho, varios textos que han sido sometidos a interpretaciones y adaptaciones según la época de su transcripción. Por mucho que confiemos en la buena voluntad de los redactores originales o los posteriores, sabemos que los textos no dicen exactamente lo mismo que cuando fueron redactados por primera vez, menos cuando nos enteramos que se trata de obras copiadas a otras culturas. Salud.

Beto

miércoles, 20 de mayo de 2026

El shock en la infancia

Cada año, la escuela es un mundo
desconocido. Foto: BAER vía Gemini
Irapuato, Gto.-
1. Todos lo padecemos. En el marco del día del psicólogo, el recuerdo de una dinámica recurrente que a veces tenía tintes de aterradora la cual padecimos muchos, se normalizó de tal manera que se justificó con frases simples como «son cosas de niños» y con las cuales se evadía la responsabilidad de corregir ciertas conductas y que hasta el día de hoy sigue siendo tema cinematográfico. La infancia, ya de sí impresionable, no requiere un sobre estímulo para que la sorpresa la ponga en un estado de shock, que se oye muy importante, pero en realidad se presenta más seguido de lo que podemos aceptar. Una frase, una oración mal aplicada en una (siempre) mente infantil tan volátil, provocará que el niño se cree historias que, de alguna manera, obstaculizará su desarrollo.
2. Llegando a las manos. Si las palabras hieren, el responder con uno o más golpes puede dejar marcas visibles; si son temporales se volverán un mal recuerdo olvidable, si son permanentes, la afirmación de una subvaloración de nuestra persona; por supuesto, la paciencia tiene sus límites y nadie los presenta de la misma manera, habrá quien soporte un empujón o un manazo y otro que ni siquiera tolere una mirada, además, quienes reaccionen sólo quejándose y otros a golpe pelón. Algunos hilillos de sangre después y sus respectivos castigos, la violencia se olvida por un lapso prudente, pero en cuanto se reactiva la memoria, hay que poner a punto los puños o lo que haya a la mano, completando varios ciclos hasta que aparece algo que lamentar.
3. Antes, cero apoyo. La amenaza de un reporte a casa por parte de la maestra o directora, era casi como una sentencia de muerte, pues no sabíamos qué clase de sanción se les ocurriría a nuestros progenitores en esas cabecillas suyas en las que ciertos comportamientos no cabían; el prestigio de la casa paterna estaba en juego y ningún individuo pagador de impuestos iba a permitir que su prole se le saliera del redil; y todo estaba mal desde el momento que escuchábamos «¿ahora qué fue lo que hiciste?» ¡Ardía Roma! El castigo equivalía proporcionalmente, al número de adultos que hubiera en la casa, por las ideas que propusieran para el tormento y había que ver lo imaginativos que se ponían en sus pequeñas cónclaves.
4. Ahora, demasiado apoyo. Que más bien parece el solapar actitudes y omisiones que sólo han redundado en una prolongada adolescencia y/o una madurez tardía que afecta hasta las infraestructuras económicas, la protección paterna se ha extendido casi a la para del aumento en los grados escolares, la mayoría de edad ya no es un parámetro de liberación, sino la capacidad de generar recursos, por lo que el nivel social será determinante para entender cierta dinámica económica, es decir, para el sector productivo el nivel escolar es importante, por lo que se avocará a mantener a sus nuevas generaciones hasta el final de sus estudios, mientras que para el sector desfavorecido, será imperioso trabajar a edades tempranas. Salud.
Beto

miércoles, 13 de mayo de 2026

Escuelas deportivas

El deporte tiene puerta abierta
en la escuela. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Su objeto. El inmediato, como todo lo que hacemos por negocio, es ganar dinero, pero en deportes emergentes dentro de las programaciones en los medios de difusión masiva, lo primero es precisamente difundirlos; el saber de ellos crea el gusto y en una escuela como las concebimos en este tiempo, la materia prima está en los libros, es decir, es el conocimiento. De todos los contenidos, el saber sobre un deporte, despierta la curiosidad sobre sus protagonistas, las marcas obtenidas por ellos y las carreras que van surgiendo con el paso del tiempo. La sistematización de esa información y su práctica deberían garantizar, en cierta medida, el tener buenos jugadores, mejores que la práctica lírica pueda formar y por sobre todas las cosas, una mayor valoración de las disciplinas en cuestión.

2. Varios objetivos. Entendiendo que son los caminos que nos llevan a lograr metas y en la actividad física sería una de ellas el consolidar una carrera deportiva en la etapa universitaria en nuestro sistema educativo, la base durante el kinder, la primaria y la secundaria (aquí la transición) debe ser el atletismo, con una dosis de recreación. Esto no significa que para nada se toquen los deportes, claro que sí, pero la parte competitiva debe tratarse de manera distinta que con los adultos, es decir, comenzar a manejar la idea de que ganar o perder es sólo una circunstancia del juego y no una obligación; por otro lado, que los premios son momentáneos y lo realmente satisfactorio es el mantenerse activo pues, al final de cuentas, los trofeos sólo sirven para guardar polvo.

3. Los niveles. La escolarización del deporte pretende sistematizar el conocimiento de tal manera que nos parezca natural que se reproduzca en la forma de jugadores o más entrenadores; estos últimos, si no es un servicio que otorgue la escuela, tendrán que buscar una certificación para poder ejercer en otras instituciones. Es posible que los niveles de una escuela deportiva respondan a los mismos que tienen las escuelas tradicionales, ya que los formularios del desarrollo mental y afectivo están establecidos, más allá de los sabidos principiante, medio y avanzado que no dan mucha pista sobre el desarrollo de los estudiantes ni en lo individual, ni en lo colectivo.

4. ¿Hay una meta? La única que había clara en nuestro país hasta hace dos o tres años, era el convertirse en jugador de fútbol o para os habitantes de las costas o del norte , el béisbol; ahora con la aparición de las ligas de básquetbol y voleibol, el panorama se amplía y las universidades locales y extranjeras se pueden tomar como semilleros para los equipos actuales y del futuro. El deporte nacional del pasado carecía de proyección y sólo sabíamos de esfuerzos individuales en otras disciplinas profesionales por lo logrado en su momento por Fernando Platas en natación o Ana Gabriela Guevara en la pista; quizá, al ver los avances de las nuevas ligas, otras vean que hay acciones que sí reditúan. Salud.

Beto

miércoles, 6 de mayo de 2026

Todo tiene solución

El cerebro se deteriora si no
se le imponen retos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. En esta vida. La sentencia apela a la imaginación, desde un punto de vista optimista, de todos los seres vivos articulados de este mundo, a veces con métodos que nos parecen extremos como el hecho de que las aves lancen al vacío a sus polluelos cuando saben que ya deben volar o las leonas, dejando solos a sus cachorros cuando deben aprender a cazar; la solución es cosa de satisfacción de quien la busca, dado que para dos personas o grupos distintos, un mismo problema debe enfrentarse según sus circunstancias y las herramientas con las que cuente, aunque los resultados sean totalmente distintos. Pensemos en dos realidades ajenas entre sí y un mismo problema: las nuevas generaciones deben aprender sobre la flora y la fauna, pero un grupo vive en la selva y el otro, en la sabana.

2. Excepto la muerte. Y hay quienes aseguran que la muerte es la solución para todo; no soy ningún promotor del suicidio ni mucho menos y aunque no temo a las ideas de la muerte, no pienso en dejar esta vida por un buen rato, claro, compartiéndola con quienes me importan. Ése debe ser el sentido de mantenernos vivos, el tener con quiénes compartir lo que hacemos, más allá de la trascendencia personal o quizá sea ésta el resultado de la buena convivencia; morir no es una tragedia, aunque las historias que nos contamos sobre ella, sí. Es el fin natural del proceso de vivir, así como termina un día o la creación de un utensilio, en algún momento debemos terminar, por lo que es importante estar seguros de haber sido productivos durante nuestra estancia en este mundo.

3. La muerte como solución. No es que la busquemos, pero a veces nos sentimos tentados por el thanatos y tratamos de imaginarnos cómo sería el mundo sin nosotros; las especulaciones van desde qué dirían de nuestra persona nuestros allegados, cuanto tiempo pasaría antes de ser olvidados y a quiénes dejaríamos lo que más apreciamos. Dejar el mundo atrás parece liberarnos de cualquier problema, ya no hay que pagar cuentas ni cumplir con horarios pero, si somos creyentes en alguna deidad, ¿cuál sería el camino a recorrer? En realidad, no tenemos una certeza sobre el destino ni qué se hace allá y con la cultura del miedo con la cual crecimos, ni siquiera sabemos si merecemos un paraíso, aunque lo verdaderamente aterrador es pensar que de esa promesa nada hay.

4. Vida emproblemada. Fuera de lo que pudiera pensarse, los seres humanos no vinimos a este mundo a sufrir, sino a resolver problemas, lo que nos mantiene lúcidos y activos sin importar la edad, en palabras de los mayores, sentirnos útiles. Sin embargo, la obligación no se encuentra en resolverlos todos, ni siquiera para todos los que se supone, estamos capacitados para resolver, lo más inteligente es aceptar aquellos retos que están a nuestro alcance en un plazo razonable y dejar claro qué periodos tenemos disponibles para no descuidar los otros aspectos de nuestra vida; si empezamos a sentir que el tiempo no nos alcanza, es hora de revisar cómo es que estamos calendarizando y clasificando nuestras actividades. Salud.

Beto

miércoles, 29 de abril de 2026

La calendarización

Fechas y horas nos marcan la línea
a seguir diariamente. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Tiempo ideal de trabajo. La legislación sobre las cuarenta y ocho horas a la semana de trabajo se acordó para evitar, entre otras cosas, la explotación de cualquiera que alquile su fuerza laboral pero, ¿cómo se llegó a la idea de que ese número de horas y su administración era el ideal para mantener el nivel óptimo de producción y de salud de los trabajadores? Y en esta cuestión no sólo hago referencia a obreros, también a los puestos medios y empresarios, pues como tenemos entendido, los desgastes no son del mismo tipo, pero son semejantes en intensidad. Si la universidad de Oxford encontró en un estudio que la productividad de un individuo disminuía después de seis horas de trabajo, ¿por qué no adoptar ese régimen en el contexto laboral nacional?

2. El descanso. Es posible que tampoco sepamos administrar el descanso o siquiera entender qué es en realidad; por lo general escuchamos a la gente económicamente activa decir que postergan o, de plano, no toman sus vacaciones porque el tiempo no les da para terminar con lo que tienen que hacer en sus trabajos, posiblemente no se han enterado de los estragos que esa costumbre trae a la salud o, sabiéndolo, de cualquier manera lo hacen porque sus necesidades aún no están cubiertas, así que deciden seguir trabajando. Por otro lado, habrá quienes (pocos) verán a su actividad como un oasis en el cual descansar del mundanal ruido, por lo  que pensar en periodos en los que dejen de trabajar, les representa más una carga adicional de estrés y no un descanso.

3. Las fechas extraordinarias. ¡Benditas fiestas patronales! ¡Santísimas fiestas de la virgen! ¡Honor y gloria a los héroes que nos dieron puentes! Los planes laborales -al menos los de los empleados- parecen fundamentarse con base en las fiestas, sean civiles o religiosas; cada año repetimos las mismas cosas esperanzados en que algunas se mantengan por siempre y otras nos ayuden a cambiar el orden de las realidades que nos rodean. No tenemos ingerencia en la manera en que pasa el tiempo, ni decidimos cuándo es martes o cuándo domingo, nada más decidimos qué hacer cuando la convención nos indica los cambios de fecha; si acaso, nada más podemos imponernos rutinas con las cuales sentirnos seguros de que hacemos bien las cosas y que nos saldrán iguales todos los días.

4. Los demás. Cuando se trata de una institución, es ésta la que impone sus ritmos y sus tiempos, pero un calendario personal debe contemplar sus propias relaciones y sentidos; desde el mismo horario de clases hasta las órdenes del día en una empresa, la marca de objetivos y metas moldearán el ritmo y los tiempos de trabajos y descansos a la vez que servirán para organizar las actividades complementarias. Calendarizar sirve para dar sentido al tiempo que pasamos frente a un escritorio, dirigiendo un equipo deportivo u organizando a una cuadrilla en obras públicas, puesto que nos permite cerrar ciclos, ver metas concluidas y disfrutar de los resultados, porque al final del día, lo que el cerebro nos pide es tener control de nuestro entorno y de la propia vida. Salud.

Beto

miércoles, 22 de abril de 2026

Ser territoriales

El resguardo del territorio pretendía
asegurar el sustento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. En la casa. Una parte del aprendizaje está dirigida a afirmar la personalidad dentro del hogar puesto que, por mucho que se conviva, nunca los individuos serán iguales; los lazos y las afinidades son sólo referencias de identificación para el exterior, pero lo que somos efectivamente nos colocará en un lugar específico, según los espacios a los que acudamos. La costumbre indica que lo que hay en casa es de todos los miembros de la familia, nada más hay que pasar un periodo de prueba para cuidarlo como la propiedad comunal que es; obviamente, hay artículos personales que no se comparten y junto con ellos, los que cada uno compra para sí, como una radio, un video juego o un libro. los balones están descartados porque definitivamente son divertidos compartidos.

2. En la escuela. Las divisiones por salones responden a la agrupación ideal de veinte individuos para un aprendizaje y una enseñanza responsables, aunque sabemos que eso no es posible por cuestiones económicas que responden a muy diversos intereses, el caso es que, el pertenecer a un salón reafirma la sensación de «defensa del territorio» adquirida en casa. La filiación al rebaño del primero B, el segundo C o el tercero A se da en automático sin más razonamiento que el «aquí me tocó», pensamiento que mantenemos hasta el nivel superior y entonces defenderemos a la universidad hacia el exterior, a la carrera, al grado y al salón hacia el interior, pues siempre existiremos nosotros y en la periferia estarán ellos en un claro intento de catervacentrismo.

3. En el trabajo. El celo profesional, algo que no sé si he entendido bien a lo largo de mi vida, pero pareciera ser la muestra del no compartir con los demás lo que se sabe para evitar la competencia; en algunos lugares se crean camarillas para solventar problemas de operatividad, legales o de convivencia, lo que fortalece vínculos y permite un mejor desempeño en las labores, sin embargo, a veces los niveles de información que deben tenerse para ser productivos, se utilizan como una especie de prueba de merecimiento, información que no todo mundo está dispuesto a compartir por considerar que, si a él le costó mucho trabajo obtenerla, todos deben pasar por el mismo proceso de aprendizaje, cosa que observé de primera mano en el mundo de los obreros.

4. En la patria. No hay nada más ambiguo que la pertenencia a un país, por mucho que se produzcan discursos sobre la patria y los beneficios que trae consigo, sabemos que todo es un constructo que se impone por decreto; no pertenecemos a la tierra, menos ésta nos pertenece, sólo somos viajeros en el espacio sobre un planeta remolcado por una diminuta estrella, sin poder ir más allá que nuestro satélite natural, en estancias muy cortas. La Vía Láctea nos parece inmensa, siendo una más entre millones en un universo que se expande (dicen), haciéndonos más difícil el poder conocerlo con herramientas aún rudimentarias; dentro del vecindario, le hemos dado demasiada importancia a las fronteras, olvidando que son sólo fórmulas administrativas entre seres iguales. Salud.

Beto

miércoles, 15 de abril de 2026

Corregir, reprender, castigar

Se abandonó el castigo físico por imposición,
no por convencimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El esquema de la apreciación. Cada empresa que llevamos a cabo está sujeta a una aprobación o a una sanción y en cada una, por difícil que sea creerlo, el tono en que se aplican es determinante para que surtan el efecto deseado; nada debe sonar a broma o a complicidad si es que se desea que lo afirmado se tome en serio, no caben los titubeos ni las pausas aunque éstas se traten de buscar la palabra más adecuada, alargar el discurso sólo trae por consecuencia la dispersión del interlocutor y ni siquiera los elogios se salvan de esta condena. Sancionar es, a veces, más sencillo que aprobar, posiblemente porque estamos más inclinados a detectar fallas en lugar de apreciar los aciertos, pero no nos detenemos en señalar pues, cuando conocemos las respuestas, solemos usarlas como armas.

2. Corrijo para que lo hagas como yo. Que en un primer momento es cuestión de seguridad, ya que quienes enseñamos, no podemos darnos el lujo de dudar sobre lo que van a hacer los aprendices con lo que están captando, pero hasta ahí; corregir tiene una segunda parte benévola que es el prepararnos para comportarnos adecuadamente y no pasar vergüenzas. Los estándares no se romperán hasta que cada uno se vuelva autónomo y que haya pruebas de que la responsabilidad prevalece, por supuesto, para mejorar. El modo de hacer las correcciones influirá en la aceptación, pues a las imposiciones se les atiende mientras están presentes, después corren el riesgo de olvidarse, mientras que lo establecido por convencimiento, se volverá hábito y será como una tarjeta de presentación.

3. Reprendo porque no entendiste. La paciencia tiene un límite y Lot es un mito; no sé si hay una escala para saber en qué nivel perdemos los estribos, aunque quizá la mayoría tengamos como frontera tres intentos en promedio para cometer errores. Solemos repetir, tarde o temprano, los esquemas que usaron nuestros padres en nosotros cuando evadimos las advertencias que nos habían dicho; usamos más o menos las mismas palabras casi en el mismo orden, completando un círculo y abriendo un ciclo nuevo en el que las negociaciones tampoco tendrán cabida, sólo será el mismo juego de poderes con la salvedad de que ahora, los regañados parecen ser los adultos. Las reprimendas, en este contexto, deben encontrar un punto flaco al que el reprendido ponga una real atención.

4. Castigo porque no tienes remedio. Hay otras maneras racionales que hemos implementado para cambiar el rumbo de una «alma perdida» y aunque lo hemos razonado desde el liderazgo, los liderados parecen a veces, haberlo entendido como una oportunidad para no poner atención y cometer fallos impunemente; la actitud tomada al obstaculizar el trabajo de los demás es evidentemente un llamado a poner atención en el trasgresor (en el mejor de los casos) por lo que, poner un castigo -que en el fondo es una acción para separarlo del grupo- hace que el castigado refuerce su estado mental de no aceptado, que lo llevará a pensar en maneras más intolerables de llamar la atención. Después de una sanción o un castigo, debería haber un diálogo reparador. Salud.

Beto

miércoles, 8 de abril de 2026

Mi pleito con los renglones

La caligrafía no es un adorno, es una muestra
de lo que podemos hacer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La excitación por estrenar. La emoción por estrenar un artículo comienza con la compra, es tal la expectativa que esperamos siempre encontrar los mismos con la misma calidad, algo que se promete pero que difícilmente se cumple dado que los costos de producción usualmente va a la alta por lo que, para mantener los precios en el mercado y ser competitivos, los fabricantes deben recurrir a estrategias que no benefician al consumidor; así es como vemos surgir marcas y productos con calidad óptima que paulatinamente van disminuyendo tamaños, formas, colores y cantidades, con el fin de que no pensemos que son caros, lo malo es que con esas disminuciones, de todos modos gastamos más. Sin embargo, estrenar algo sigue teniendo el atractivo de lo nuevo y que, por algún tiempo, va a servirnos.

2. Ya sabía algo. Cuando ingresé a la primaria, el estrenar se trasladó a otras cosas que no eran mis objetos personales porque más o menos entendí que mi «escuela nueva» no se refería al edificio, sino a mí dentro de un grupo de desconocidos con los que entablaría otras relaciones distintas a las que ya tenía, eso y tener en mi mochila útiles de niño grande (como las plumas) me resultaba sumamente atractivo, además de que pondría a prueba lo que había aprendido antes, junto con lo nuevo que iban a enseñarme. De ninguna manera fue una decepción aunque sí me sorprendió un poco que lo supuesto nuevo yo ya lo tenía por sabido ya que me lo había enseñado mi tía Chayito, aunque el cambio consistió en las historias que escuché.

3. A tomar dictado. Escribir tampoco se me dificultó por lo mismo, el empeño que mostró mi tía dio frutos muy pronto, con la salvedad de que solía terminar pronto con la copia del pizarrón o las que nos encargaban del libro de lectura, por suerte los textos no eran muy grandes; lo que sí me aterrorizaba era el dictado, dada la torpeza que aún me dominaba y el querer que la letra me saliera como la de la maestra, el ritmo en que nos dictaba me parecía muy rápido, aun así, lograba tener los textos completos gracias a que había compañeros que eran más lentos que yo y debía repetirles constantemente lo que se había dicho. Lo que no llegaba a soportar era que mi escritura o no alcanzaba o sobraba para llenar los renglones en la libreta, lo que era sumamente frustrante.

4. Bendita explicación. Supongo que también influía el tamaño de mi letra y el pobre cálculo que hacía del espacio entre palabra y palabra, la presión sobre respetar los márgenes era mucha y cada vez que sobrepasaba uno, sentía una punzada, como si hubiera cometido una falta capital; nunca conté con que la educación se daba por módulos y que la explicación sobre la separación silábica aún no la habíamos tenido y ya que pasó, pude sentir cierto alivio al tener otra herramienta para no dejar demasiados huecos al final del renglón, problema que al crecer, se trasladó al conteo de golpes en la máquina de escribir y después a la configuración de las cajas de texto en los ordenadores electrónicos. Total, que la perfección en los escritos no es lo mío. Salud.

Beto

miércoles, 1 de abril de 2026

La educación física

La documentación es básica, pero en deportes
lo esencial es la práctica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Juego. Nacemos siendo definidos como homo ludens, porque ¿qué otra cosa puede hacer un niño sino jugar? Quizás un bebé esté experimentando con su entorno de la manera más seria y sonríe porque lo que va descubriendo le produce placer y nosotros, con la pobre percepción que tenemos de la realidad, lo reducimos a un simple juego. Cabría pensar en redefinir ambos conceptos -experimentar y jugar- en cuanto a los tiempos en que se presentan, la seriedad con que los tomamos o si se manifiestan simultáneamente como actividades complementarias. Al juego, con el paso de los años, lo asociamos con la distracción, por lo que es difícil que lo vamos como la adaptación de nuestros cuerpos para la resolución de problemas que, en el fondo, es para lo que realmente sirven.

2. Atletismo. Convertirnos en atletas no es un plan que a todos nos atraiga, pensando en que de inicio, no tenemos idea de lo que eso implica; quizá nos llame la atención lo ceremonioso de las competencias, pero no nos damos cuenta de las privaciones que se imponen en el camino quienes optan por una vida de cultura física de alto grado. Lo bueno es que sí hay aquellos que, a pesar de la sorpresa de que se trata de más sacrificio que glamour, se enamoran de la disciplina que eligieron y sirven de ejemplo e inspiración para los que nos movemos por un simple sentido recreativo. Claro que, si consideramos el amateurismo, podríamos ser optimistas y pensar que en el sistema educativo nacional, tenemos buenos prospectos, el caso es convencerlos de seguir.

3. Deporte. El deporte es una especialización a la que vamos a dedicar y adecuar nuestras facultades físicas tomando en cuenta, más que nada, el gusto y nuestras características biométricas. Otras como velocidad, resistencia, fuerza y flexibilidad van a pasar a un segundo plano porque suponemos que podemos adquirirlas con la práctica, cuando debería ser al revés. Dejemos de lado a los futbolistas porque ellos se forman por un gusto mal encaminado de raíz; pasemos a los argumentos más socorridos en otros deportes como «es alto, va a ser basquetbolista», «es fuerte, será luchador o levantador de pesas», pero ¿qué tal si al alto le gusta y tiene más facultades para el béisbol? Según nuestra apreciación, una mujer muy delgada no podría ser buena bloqueadora... ¿y Melanie Parra?.

4. Seguridad. En lo primero que debemos pensar cuando hablamos de seguridad, es en el físico ya que es el sostén de todos los potenciales que podamos tener; educarnos físicamente asegura una parte esencial para poder reaccionar en momentos de riesgo, por ejemplo, el ser arrollado por un vehículo, en un temblor, alguna caída en la calle o ser golpeado por un objeto en movimiento. La simple acción de esquivar, soportar o detener algo requiere de fuerza, elasticidad, agilidad y rapidez que no tenemos si no nos ejercitamos continuamente. No es necesario entrenar para competir en regionales, sólo se necesita llegar a un punto en el que estemos ciertos de poder ponernos en pie por nuestra propia cuenta en caso de accidente. Salud.

Beto