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miércoles, 12 de agosto de 2026

De pretextos a pre-textos

Si lo pensamos demasiado, las historias escapan
de nuestras manos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Sí las tenemos. Deben existir mañanas de ésas en las que las sábanas pesan más de una tonelada, la luz del sol a las siete de la mañana está bloqueada por una penumbra espesa y nuestras ganas de vivir como asalariados, esperan la décimo octava procrastinación del mes, con la expectativa de que se cumplirá que un mensajero celestial viniera a anunciarnos que fuimos elegidos para un trabajo mejor remunerado con menor esfuerzo, que nos sacamos la lotería y ya no tenemos que trabajar o de plano, que vamos a tener una butaca de primera clase para presenciar el fin del mundo, pero no, no tenemos tanta suerte y debemos levantarnos, a pesar de que algunos somos partícipes de la selección sub-64 en pleno uso de jubilación y pensión, pero que debemos mantener cierta imagen.

2. Con las obligaciones. Tanto que si no queremos como si debemos, las supuestas razones por las cuales evadimos ciertos eventos, se piensan mucho porque deben parecer coherentes además de que deben aprenderse de memoria, algo así como cuando estamos pensando en una trama para una novela, vamos dándole vueltas en nuestra cabeza; en ese momento en que nos atacan ciertas ideas al interior de nuestro cerebro, lo peor que podemos hacer es confiar en nuestra memoria, porque lo que recordamos un día, no necesariamente es lo mismo al otro o en una semana, lo anterior es fácilmente comparable a cuando contamos alguna anécdota sucedida años atrás y narramos algunos hechos, pero no nos obligamos a recordar qué prendas vestíamos ese día.

3. Dignas de contar. A veces nos encontramos con historias que merecen la pena contarse y, por cuestión de derechos, debemos encontrar una razón para escribirla, pero si no la tenemos, ¿qué argumentos utilizar para obtener el permiso? E posible que nuestros esfuerzos sean vanos si el poseedor de la historia no ve una razón de peso para que todo el mundo se entere de ella, por lo que no quedan más que dos opciones: seguir insistiendo hasta llegar a utilizar pretextos sobre las consecuencias que traería el no darla a conocer o abandonar el posible proyecto de edición e inventarnos argumentos para explicar el fracaso. Por supuesto que no sería la única oportunidad que tuviéramos, pero por mucho tiempo tendríamos clavada la espinita de esa historia que no pudimos contar.

4. Ponernos de carácter. Si logramos superar aquellas fases en las que buscamos pretextos para empezar a escribir, seguramente lograremos a su vez, plasmar nuestras ideas con palabras que nos resulten lo más coherentes y atractivas que podamos y nos animemos a compartir con los demás; las mismas razones que esgrimimos para no comenzar pueden ser parte de un argumento, por así decirlo, los pretextos pueden ser la antesala de un texto que nos cuente una buena historia. Está también el hecho de que para ser hay que parecer, lo que no implica usar un disfraz, sino tener la actitud (que tampoco es tomar una pose), tiene que ver más con el poder apreciar los escritos de los demás y saber observar el entorno, algo que nos ayude a generar pre-textos. Salud.

Beto

1 comentario:

  1. Por cuestión de derechos me quedo en el intento de tantas y maravillosas anécdotas., durmiendo en la casa de los espíritus. Saludos Beto desde tierras lejanas

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