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| Lo que se encarga es de quien lo encarga. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Ahora nos parece normal. Cuando niños, no solíamos poner objeción al enseñársenos cualquier cosa relacionada con la moral y la ética, puesto que nuestra idea de bien y mal era muy simple (y todavía lo es) y, por supuesto, nuestra inserción natural se hacía en el lado bueno. Eso hasta que se nos apareció nuestro personal «Darth Vader» y nos llamó al lado oscuro; las luchas internas pudieron empezar por el deseo de un objeto que no podíamos tener y las soluciones que se nos ocurrieron pocas veces eran legales, dado que si así se nos aparecieron en nuestra mente, nos tomaría demasiado tiempo y es lo que menos tenemos cuando lo que nos urge, es satisfacer esa necesidad que de pronto apareció. Ya crecidos, sabemos cómo controlar nuestros impulsos, al menos es lo deseable, si no queremos tener problemas con los demás.
2. Todo a la primera. Las explicaciones sobre el comportamiento y las reacciones aceptables en las distintas ocasiones en las que debemos fungir como mandaderos de cualquier mayor al que se le ocurra solicitar nuestros servicios, son de una sola vez porque la paciencia para repetirlas es sumamente escasa; «ponte abusado», «ojo de chícharo», «no andes nada más pajareando» son sólo algunos ejemplos de las sentencias que debemos aprender inmediatamente como si de las más importantes máximas de sabiduría se tratara y de ello dependieran nuestras vidas. No creo que se tratara de medir nuestro coeficiente intelectual, sino de saber que seríamos confiables pues no nos meteríamos en problemas o, si hubiera sido el caso, sabríamos salir de ellos de la mejor manera posible.
3. No es tuyo. En principio la afirmación es cierta, nada de lo que hay en la calle, excepto lo que evidentemente es propiedad privada, es de alguien en particular, eso es porque se trata de la propiedad de la nación. Me refiero a banquetas, luminarias, cables y postes de electricidad, etc.; que todos seamos los dueños de todo (como nación), no significa que podamos hacer uso de esos servicios para beneficio personal; en teoría es lo que deseamos, sin embargo, parece que en este país entendemos lo contrario. Si hay algo tirado en la calle, es de quien lo encuentre, como soy dueño de la misma calle igual que todos, puedo poner un puesto ambulante, no importa que obstruya las pasos peatonal y vehicular y puedo estacionarme en cualquier banqueta puesto que la calle es libre.
4. Descuido a lo de todos. Pareciera que cuando escuchamos que algo es de todos o que somos parte (por decreto) de algo, eso nos da permiso de abusar o de deslindarnos de cualquier responsabilidad que traiga consigo; el razonamiento tiene su complejidad, si algo es compartido y no lo uso para mi beneficio personal, entonces que otro se haga cargo de su cuidado, generalmente ese otro debería ser el gobierno. Y lo podemos ver en el caso de los espacios ornamentales; un árbol plantado en una banqueta debe esperar a que se le asigne un jardinero para su cuidado si es que su colocación la realizó el municipio, si fuera una iniciativa personal, lo que debe esperarse es el permiso para plantarlo, pero eso sería asumir su cuidado sin ser el dueño, pues la propiedad pasaría a la ciudad. Salud.
Beto

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