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| Las vacaciones son el alivio de unos y la tortura de otros. Foto: BAER vía Meta AI. |
1. Ya ni la raspan. A estas alturas del partido, las madres de familia del país estarían por terminarse la imaginación por tanto inventarse actividades para los chamacos, así como los maestros el romperse la cabeza para acomodar sus contenidos en un calendario recortado por las razones más absurdas que pudiéramos imaginarnos: el clima y el mundial de fútbol. Las comparaciones son odiosas sólo para quien no sale favorecido de ellas; en los dos mundiales anteriores organizados en nuestro país (70 y 86), las condiciones eran semejantes (las del 86 más urgentes) y en ningún momento, siquiera se insinuó una baja en la carga académica y tuvimos que fletarnos el calor y estudiar con todo y el vendaval de partidos de entonces.
2. Contenidos gimnásticos. ¿Será que los contenidos actuales son tan simples que se pueden enseñar en diecisiete que en veintiocho semanas? Ahora entiendo (sin aceptar del todo) que la dificultad de esos contenidos ha disminuido para dar paso a una enseñanza más práctica y dinámica (dicen), lo que no necesariamente ha facilitado el aprendizaje, lo que podemos comprobar con la ley de no reprobación implementada por el gobierno federal, en franca aceptación de que ni ellos confían en que el sistema educativo sea eficiente. Puede ser que esos contenidos sean flexibles como gimnastas en las barras asimétricas, pero ¿se imaginan que se hubiera aceptado la propuesta de reducir el calendario lectivo? La de huecos que se convertirían en baches.
3. Divino ocio. El conato de vacaciones extendidas puso, por un momento en un serio predicamento tanto a padres y maestros como a servidores de cursos de verano ya que a todos sacaba de sus presupuestos, pero de haber pasado ¿en qué actividades hubieran inscrito a sus vástagos? Si son pequeños, seguramente en algo que les habría gustado a sus papás y nunca pudieron hacer o, que siempre practicaron y desearían perpetuar en su descendencia. Para los mayorcitos está la aceptación de su opinión, después de todo, ellos ya probaron las opciones que sus progenitores impusieron con anterioridad y en los cuales no tuvieron éxito, pero con la esperanza de que por fin encuentren algo que les guste, la pasen bien y los entretenga por más de un verano.
4. En mi egoísmo. Debo aclarar que esto no es un acto de constricción ni mucho menos una confesión, aunque sí acepto que pasó por mi mente un cierto gusto por la posibilidad de no tener que soportar griterías, ensayos ni tertulias de mediodía obstruyendo la calle, casi saboreaba la tranquilidad que tendríamos mis vecinos y yo por las vacaciones extendidas gracias al mundial y al calor; no más molestias por que a alguno de los papás les estuviera enseñando a sus hijos cómo obstruir una cochera sin consecuencia alguna, mucho menos remordimientos. Pero no, la razón asistió a las autoridades educativas y no hubo cambios en el calendario escolar por lo que las molestias siguieron, aunque imagino que hacia el interior de las aulas no dejaron que se perdiera la bonita tradición de tener televisores en clases. Salud.
Beto

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