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| Aprender otras cosas se siente como manejar maquinaria pesada. Foto: BAER vía Gemini |
1. Auto convencimiento. Cuando las cosas ya no tienen remedio, lo mejor es unirse a la corriente, actualmente ir en su contra es un suicidio social; me refiero al uso de los aparatos de intercomunicación (existe el término aunque sea redundante) y ya sé que lo he comentado en distintos momentos, pero trataré de girar mi enfoque a la cotidianidad de nosotros, los adultos mayores. Espero que sea obvio que no vamos a utilizar los dispositivos móviles nada más para jugar, sino que vamos a encontrarles utilidad a todas las capacidades técnicas de los aparatos como tales y a las aplicaciones que los acompañan; no se trata de adaptarnos a la modernidad ni mucho menos, al mundo juvenil de hoy, sino de establecer nuestros criterios de uso según nuestra lógica.
2. Permitir la ayuda. Lo primero será ubicarnos en nuestras necesidades y la disposición que tengamos para aprender, soportando la tentación de afirmar que lo sabemos todo debido a nuestra edad, que bueno, es un fenómeno que cada vez se repite menos; lo mejor es que, en lo referente a la tecnología, la soberbia se ha trasladado a otro lado. Si lo vemos de manera óptima, ya entendimos que no existen las preguntas tontas, sino tontos que no preguntan, lo que nos ha librado de muchos dolores de cabeza; nunca está de más sabernos ignorantes, pues eso nos permite (sin pudores inútiles) el tener varias versiones sobre un mismo tema y la posibilidad de escoger lo que más se adapte a nuestras necesidades inmediatas.
3. Uso cotidiano. Es cuestión de paciencia para entender que no hay vuelta atrás al uso de las máquinas «inteligentes», casi todas traen un ordenador electrónico integrado, algunos muy útiles como los que vienen con los automóviles y otros, francamente decepcionantes, como los que les pusieron a las grabadoras y despertadores eléctricos de hace una década y media; supongo que fue una constante porque tanto a unas como a los otros les falló muy pronto el comando del volumen. Fuera de eso, encontramos que hasta los aparatos más simples como los ventiladores de todo tipo, vienen acompañados de su control remoto, por ende, de un pequeño ordenador. Y ni hablar de dispositivos de entretenimiento como televisores y «Alexas»; el caso es adaptarse.
4. Temas generales de conversación. Los avances tecnológicos, aunque no estén en nuestras listas de prioridades o de nuestras herramientas en uso, pueden conformar buenos temas con los cuales pasar el rato con amigos y familiares; que si van a suplir a los humanos en los trabajos, tareas manuales y el arte; que si las inteligencias artificiales tienen o no sensibilidad para crear o criticar una pintura, una puesta en escena o una canción; que si nos limitan el aprendizaje y los lenguajes, en fin, todo encerrado en un marco de buenos o malos, pero sin un intento de atisbar la posibilidad de una adaptación positiva a nuestra vida cotidiana. La resistencia al cambio siempre existirá, máxime cuando éste se basa en la incertidumbre por falta de un código ético para su uso. Salud.
Beto

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