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miércoles, 15 de abril de 2026

Corregir, reprender, castigar

Se abandonó el castigo físico por imposición,
no por convencimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El esquema de la apreciación. Cada empresa que llevamos a cabo está sujeta a una aprobación o a una sanción y en cada una, por difícil que sea creerlo, el tono en que se aplican es determinante para que surtan el efecto deseado; nada debe sonar a broma o a complicidad si es que se desea que lo afirmado se tome en serio, no caben los titubeos ni las pausas aunque éstas se traten de buscar la palabra más adecuada, alargar el discurso sólo trae por consecuencia la dispersión del interlocutor y ni siquiera los elogios se salvan de esta condena. Sancionar es, a veces, más sencillo que aprobar, posiblemente porque estamos más inclinados a detectar fallas en lugar de apreciar los aciertos, pero no nos detenemos en señalar pues, cuando conocemos las respuestas, solemos usarlas como armas.

2. Corrijo para que lo hagas como yo. Que en un primer momento es cuestión de seguridad, ya que quienes enseñamos, no podemos darnos el lujo de dudar sobre lo que van a hacer los aprendices con lo que están captando, pero hasta ahí; corregir tiene una segunda parte benévola que es el prepararnos para comportarnos adecuadamente y no pasar vergüenzas. Los estándares no se romperán hasta que cada uno se vuelva autónomo y que haya pruebas de que la responsabilidad prevalece, por supuesto, para mejorar. El modo de hacer las correcciones influirá en la aceptación, pues a las imposiciones se les atiende mientras están presentes, después corren el riesgo de olvidarse, mientras que lo establecido por convencimiento, se volverá hábito y será como una tarjeta de presentación.

3. Reprendo porque no entendiste. La paciencia tiene un límite y Lot es un mito; no sé si hay una escala para saber en qué nivel perdemos los estribos, aunque quizá la mayoría tengamos como frontera tres intentos en promedio para cometer errores. Solemos repetir, tarde o temprano, los esquemas que usaron nuestros padres en nosotros cuando evadimos las advertencias que nos habían dicho; usamos más o menos las mismas palabras casi en el mismo orden, completando un círculo y abriendo un ciclo nuevo en el que las negociaciones tampoco tendrán cabida, sólo será el mismo juego de poderes con la salvedad de que ahora, los regañados parecen ser los adultos. Las reprimendas, en este contexto, deben encontrar un punto flaco al que el reprendido ponga una real atención.

4. Castigo porque no tienes remedio. Hay otras maneras racionales que hemos implementado para cambiar el rumbo de una «alma perdida» y aunque lo hemos razonado desde el liderazgo, los liderados parecen a veces, haberlo entendido como una oportunidad para no poner atención y cometer fallos impunemente; la actitud tomada al obstaculizar el trabajo de los demás es evidentemente un llamado a poner atención en el trasgresor (en el mejor de los casos) por lo que, poner un castigo -que en el fondo es una acción para separarlo del grupo- hace que el castigado refuerce su estado mental de no aceptado, que lo llevará a pensar en maneras más intolerables de llamar la atención. Después de una sanción o un castigo, debería haber un diálogo reparador. Salud.

Beto

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