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| El resguardo del territorio pretendía asegurar el sustento. Foto: BAER |
1. En la casa. Una parte del aprendizaje está dirigida a afirmar la personalidad dentro del hogar puesto que, por mucho que se conviva, nunca los individuos serán iguales; los lazos y las afinidades son sólo referencias de identificación para el exterior, pero lo que somos efectivamente nos colocará en un lugar específico, según los espacios a los que acudamos. La costumbre indica que lo que hay en casa es de todos los miembros de la familia, nada más hay que pasar un periodo de prueba para cuidarlo como la propiedad comunal que es; obviamente, hay artículos personales que no se comparten y junto con ellos, los que cada uno compra para sí, como una radio, un video juego o un libro. los balones están descartados porque definitivamente son divertidos compartidos.
2. En la escuela. Las divisiones por salones responden a la agrupación ideal de veinte individuos para un aprendizaje y una enseñanza responsables, aunque sabemos que eso no es posible por cuestiones económicas que responden a muy diversos intereses, el caso es que, el pertenecer a un salón reafirma la sensación de «defensa del territorio» adquirida en casa. La filiación al rebaño del primero B, el segundo C o el tercero A se da en automático sin más razonamiento que el «aquí me tocó», pensamiento que mantenemos hasta el nivel superior y entonces defenderemos a la universidad hacia el exterior, a la carrera, al grado y al salón hacia el interior, pues siempre existiremos nosotros y en la periferia estarán ellos en un claro intento de catervacentrismo.
3. En el trabajo. El celo profesional, algo que no sé si he entendido bien a lo largo de mi vida, pero pareciera ser la muestra del no compartir con los demás lo que se sabe para evitar la competencia; en algunos lugares se crean camarillas para solventar problemas de operatividad, legales o de convivencia, lo que fortalece vínculos y permite un mejor desempeño en las labores, sin embargo, a veces los niveles de información que deben tenerse para ser productivos, se utilizan como una especie de prueba de merecimiento, información que no todo mundo está dispuesto a compartir por considerar que, si a él le costó mucho trabajo obtenerla, todos deben pasar por el mismo proceso de aprendizaje, cosa que observé de primera mano en el mundo de los obreros.
4. En la patria. No hay nada más ambiguo que la pertenencia a un país, por mucho que se produzcan discursos sobre la patria y los beneficios que trae consigo, sabemos que todo es un constructo que se impone por decreto; no pertenecemos a la tierra, menos ésta nos pertenece, sólo somos viajeros en el espacio sobre un planeta remolcado por una diminuta estrella, sin poder ir más allá que nuestro satélite natural, en estancias muy cortas. La Vía Láctea nos parece inmensa, siendo una más entre millones en un universo que se expande (dicen), haciéndonos más difícil el poder conocerlo con herramientas aún rudimentarias; dentro del vecindario, le hemos dado demasiada importancia a las fronteras, olvidando que son sólo fórmulas administrativas entre seres iguales. Salud.
Beto

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