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Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 8 de abril de 2026

Mi pleito con los renglones

La caligrafía no es un adorno, es una muestra
de lo que podemos hacer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La excitación por estrenar. La emoción por estrenar un artículo comienza con la compra, es tal la expectativa que esperamos siempre encontrar los mismos con la misma calidad, algo que se promete pero que difícilmente se cumple dado que los costos de producción usualmente va a la alta por lo que, para mantener los precios en el mercado y ser competitivos, los fabricantes deben recurrir a estrategias que no benefician al consumidor; así es como vemos surgir marcas y productos con calidad óptima que paulatinamente van disminuyendo tamaños, formas, colores y cantidades, con el fin de que no pensemos que son caros, lo malo es que con esas disminuciones, de todos modos gastamos más. Sin embargo, estrenar algo sigue teniendo el atractivo de lo nuevo y que, por algún tiempo, va a servirnos.

2. Ya sabía algo. Cuando ingresé a la primaria, el estrenar se trasladó a otras cosas que no eran mis objetos personales porque más o menos entendí que mi «escuela nueva» no se refería al edificio, sino a mí dentro de un grupo de desconocidos con los que entablaría otras relaciones distintas a las que ya tenía, eso y tener en mi mochila útiles de niño grande (como las plumas) me resultaba sumamente atractivo, además de que pondría a prueba lo que había aprendido antes, junto con lo nuevo que iban a enseñarme. De ninguna manera fue una decepción aunque sí me sorprendió un poco que lo supuesto nuevo yo ya lo tenía por sabido ya que me lo había enseñado mi tía Chayito, aunque el cambio consistió en las historias que escuché.

3. A tomar dictado. Escribir tampoco se me dificultó por lo mismo, el empeño que mostró mi tía dio frutos muy pronto, con la salvedad de que solía terminar pronto con la copia del pizarrón o las que nos encargaban del libro de lectura, por suerte los textos no eran muy grandes; lo que sí me aterrorizaba era el dictado, dada la torpeza que aún me dominaba y el querer que la letra me saliera como la de la maestra, el ritmo en que nos dictaba me parecía muy rápido, aun así, lograba tener los textos completos gracias a que había compañeros que eran más lentos que yo y debía repetirles constantemente lo que se había dicho. Lo que no llegaba a soportar era que mi escritura o no alcanzaba o sobraba para llenar los renglones en la libreta, lo que era sumamente frustrante.

4. Bendita explicación. Supongo que también influía el tamaño de mi letra y el pobre cálculo que hacía del espacio entre palabra y palabra, la presión sobre respetar los márgenes era mucha y cada vez que sobrepasaba uno, sentía una punzada, como si hubiera cometido una falta capital; nunca conté con que la educación se daba por módulos y que la explicación sobre la separación silábica aún no la habíamos tenido y ya que pasó, pude sentir cierto alivio al tener otra herramienta para no dejar demasiados huecos al final del renglón, problema que al crecer, se trasladó al conteo de golpes en la máquina de escribir y después a la configuración de las cajas de texto en los ordenadores electrónicos. Total, que la perfección en los escritos no es lo mío. Salud.

Beto

miércoles, 1 de abril de 2026

La educación física

La documentación es básica, pero en deportes
lo esencial es la práctica. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Juego. Nacemos siendo definidos como homo ludens, porque ¿qué otra cosa puede hacer un niño sino jugar? Quizás un bebé esté experimentando con su entorno de la manera más seria y sonríe porque lo que va descubriendo le produce placer y nosotros, con la pobre percepción que tenemos de la realidad, lo reducimos a un simple juego. Cabría pensar en redefinir ambos conceptos -experimentar y jugar- en cuanto a los tiempos en que se presentan, la seriedad con que los tomamos o si se manifiestan simultáneamente como actividades complementarias. Al juego, con el paso de los años, lo asociamos con la distracción, por lo que es difícil que lo vamos como la adaptación de nuestros cuerpos para la resolución de problemas que, en el fondo, es para lo que realmente sirven.

2. Atletismo. Convertirnos en atletas no es un plan que a todos nos atraiga, pensando en que de inicio, no tenemos idea de lo que eso implica; quizá nos llame la atención lo ceremonioso de las competencias, pero no nos damos cuenta de las privaciones que se imponen en el camino quienes optan por una vida de cultura física de alto grado. Lo bueno es que sí hay aquellos que, a pesar de la sorpresa de que se trata de más sacrificio que glamour, se enamoran de la disciplina que eligieron y sirven de ejemplo e inspiración para los que nos movemos por un simple sentido recreativo. Claro que, si consideramos el amateurismo, podríamos ser optimistas y pensar que en el sistema educativo nacional, tenemos buenos prospectos, el caso es convencerlos de seguir.

3. Deporte. El deporte es una especialización a la que vamos a dedicar y adecuar nuestras facultades físicas tomando en cuenta, más que nada, el gusto y nuestras características biométricas. Otras como velocidad, resistencia, fuerza y flexibilidad van a pasar a un segundo plano porque suponemos que podemos adquirirlas con la práctica, cuando debería ser al revés. Dejemos de lado a los futbolistas porque ellos se forman por un gusto mal encaminado de raíz; pasemos a los argumentos más socorridos en otros deportes como «es alto, va a ser basquetbolista», «es fuerte, será luchador o levantador de pesas», pero ¿qué tal si al alto le gusta y tiene más facultades para el béisbol? Según nuestra apreciación, una mujer muy delgada no podría ser buena bloqueadora... ¿y Melanie Parra?.

4. Seguridad. En lo primero que debemos pensar cuando hablamos de seguridad, es en el físico ya que es el sostén de todos los potenciales que podamos tener; educarnos físicamente asegura una parte esencial para poder reaccionar en momentos de riesgo, por ejemplo, el ser arrollado por un vehículo, en un temblor, alguna caída en la calle o ser golpeado por un objeto en movimiento. La simple acción de esquivar, soportar o detener algo requiere de fuerza, elasticidad, agilidad y rapidez que no tenemos si no nos ejercitamos continuamente. No es necesario entrenar para competir en regionales, sólo se necesita llegar a un punto en el que estemos ciertos de poder ponernos en pie por nuestra propia cuenta en caso de accidente. Salud.

Beto

miércoles, 25 de marzo de 2026

La clase favorita

Hay materias que hacen que soñemos
con los ojos abiertos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lo que la hace sobresalir. Ha corrido mucha tinta tratándose de explicar cómo es un ambiente adecuado en el aula y por mucho que esa teoría esté al alcance del docente, la verdad es que muy pocos de ellos, a partir de la secundaria, se expresan de manera positiva de los alumnos en general; se ha logrado ubicar a lo que sucede en casa como uno de los factores determinantes para que el comportamiento de los discentes se transforme entre los doce y los trece años de edad, sin embargo, al parecer no hemos prestado atención a las manifestaciones de preferencia sobre las clases que toman a diario que, por lo general, aparecen en pequeños reportes televisivos al inicio o al final de los periodos lectivos, podríamos suponer que en algo incide el estado de ánimo del profesor.

2. En la secundaria. El ambiente ya era de sí bastante difícil, fueran los cambios hormonales, mi lucha contra mi timidez o el tener que atender a doce formas distintas de explicar los temas; escoger una materia en un ecosistema enrarecido por la presión de ser el mejor y su contraparte áulica en la que si sobresales te va mal, no era del todo atractivo, principalmente cuando los que te hacen la vida imposible te buscan justo para que les pases las materias, una transacción poco atractiva ya que ni te lo agradecían ni dejaban de molestarte. Aun con el abandono forzado, la historia (como narrativa) me fue algo especial en los momentos en los que podíamos ver a los personajes como seres humanos y no como simples datos enciclopédicos para memorizar.

3. En la preparatoria. Esa etapa tuvo que esperar hasta el quinto y sexto semestres para encontrar una que, por la teoría, llamara mi atención y no sólo porque Concha fuera mi compañera; la psicología logró en dos periodos lo que once años no habían logrado en mi ánimo de estudiante, no para convertirme en el mejor de la clase, pero sí al menos para interesarme en las explicaciones sobre los comportamientos individuales y sociales; tratar de entender motivaciones y razonamientos, abrió una perspectiva que no había considerado y que indirectamente influiría en mi futuro desempeño profesional. Por desgracia se trató de un evento aislado, pues no hubo otro que complementara esa materia debido a que el bachillerato de contabilidad sólo lo cursé para pasar la preparatoria.

4. En la universidad. Aquí sí tendría que fraccionarme varias veces, porque aun cuando decidí qué carrera seguir y no tenía idea en lo que me metería, caí en blandito; sería más sencillo enumerar las materias que no me gustaron, las cuales nada tuvieron que ver con los contenidos, sino con la manera en que fueron impartidas, sin embargo, lo importante fue que la suerte me acompañó al poder poner rostro a esos contenidos que parecían no tener que ver con la comunicación como la tenía concebida hasta ese momento; las teorías, los talleres, los temas selectos y las investigaciones, probaron que para dar relevancia a los medios, deberíamos saber primero con qué íbamos a «llenarlos», por ello, a todos mis maestros, gracias. Salud.

Beto

miércoles, 18 de marzo de 2026

El lápiz rojo

No siempre el color rojo
significa alerta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Su capucha dorada. La primera vez que la vi empuñando uno de ésos, pensé que la habían timado porque no le habían puesto borrador y no era de un color acorde a la costumbre como lo era el amarillo camión aunque, a decir verdad, ya había visto uno, pero en azul creo que para dibujar o algo así me había dicho mi tía Lourdes. Su imagen era delicada, no como los lápices bicolores que usaba mi mamá para señalar unas inmensas tablas llenas de números; posiblemente todos los de color rojo eran para eso, pues la maestra comenzó a anotar también números en el cuadernillo que llamaban «lista», que tenía cuadritos como en las tablas de mi mamá, pero mucho más pequeños; otro entretenimiento adulto sin sentido.

2. El significado de su color. De sí, el rojo ha sido adoptado como señal de alerta, llama la atención quizá, por su asociación con la sangre que en las odas patrias, la más valiosa es la de los héroes; una señal de «paloma» o «cruz» (hasta en los cuadernos ese signo es una tortura), semejan heridas a las que debemos curar (corregir) por lo que la validación se vuelve el tesoro más grande a conquistar el doble significado de «bien hecho» y «mal hecho» nos condiciona a reaccionar y buscar la figura que nos haga sentir bien y aliviados. Ese surco en la hoja nos indica el término de un evento y la búsqueda de uno nuevo con el cual lograr una nueva «medalla escarlata» y repetir el ciclo porque, al final de cuentas, cada signo rojo señala el pasado.

3. Demasiado cerca. Una imagen se queda irremediablemente grabada en la mente de cada estudiante y es la primera vez que directamente un lápiz rojo dibujó un número o una letra en la hoja de cuaderno en la que éste escribió su tarea, el número es lo de menos, el significado y la actitud marcaban más que ese grafito escarlata que manchaba la indefensión ante la autoridad omnipresente. Porque se trataba más de la aprobación que de una calificación, del seguir siendo digno de estar en presencia de quien supuestamente lo sabía todo, menos qué era lo que provocaba con su arma o fingía no saberlo. Es posible, así lo espero, que estuvieran los docentes de antes, convencidos de que era la mejor forma de dejar claro un error a corregir, sin embargo, el ánimo difícilmente sería reparado.

4. Presencia perenne. El arraigo con el que la acción de calificar un trabajo con lápiz rojo se demuestra con la cantidad de generaciones de nuestros egresados normalistas que siguen haciéndolo, no sé si con la misma actitud, pero sí para diferenciar cada una de sus decisiones al momento de expresar qué tan convencidos quedaron del trabajo de su aprendiz, porque habría que admitirlo, por mucho que nos hayamos inventado estándares de aprovechamiento y de competencias, una calificación cargará siempre con un gran porcentaje de subjetividad y apreciación por parte de quien está a cargo de la materia a tratar, lo que incluye la cantidad de información manejada, el poner en claro las ideas, el riesgo del razonamiento y la sorpresa que le provoque el trabajo. Salud.

Beto

miércoles, 11 de marzo de 2026

Personajes en todos lados

Ni es tan fácil ser el chistoso del salón.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El Carreño. La mecánica suele ser sencilla, se aplica principalmente a quienes no nos resultan cercanos para no provocar remordimientos; la escuela se vuelve un caldo de cultivo en el que germinan sin problemas, las ideas más descabelladas para describir a maestros, administrativos, conserjes y otros alumnos, sus rasgos personales y una que otra cicatriz serán de gran ayuda. La imitación es inevitable, pareciera que la tenemos grabada en el ADN y es justo en el nivel medio básico en el que se detona para beneplácito de unos y el disgusto de otros; esa imitación de un maestro, directivo o intendente apunta irremediablemente a la caricaturización, lo que pone en la ficción al personaje creado.

2. Los que a fuerza quieren ser. Sus voces suelen ser muy identificables, en todo lugar sabemos distinguirlos también por las palabras que usan, los gestos que hacen o la manera de moverse; casi siempre están rodeados de otras personas que genuinamente se divierten con lo que dicen o simplemente no tienen otra cosa que hacer. Gran parte de su atractivo está, no en lo que sale de su boca, sino en lo que callan y dejan que los demás se imaginen. Del otro lado del espectro de la comedia, se encuentran los que quieren pero no pueden, que provocan extrañeza más que hilaridad, que a sus chistes les acompañan no las carcajadas, sino un cantar de grillos, que son muy nobles pues se crecen al castigo pero que de plano, la comedia no es lo suyo y lo mejor que podemos hacer, si no entienden eso, es huir del lugar.

3. Los que reciben el honor. Hay varios ejemplos en los medios, de comediantes que empezaron siendo los «chistosos» de su escuela y que lograron trascender gracias a su talento; por desgracia para mí, no me es posible presumir algún conocido gracioso que haya logrado pisar un set o un escenario profesional al gran escala aunque sí a varios que, a nivel local, probaron las mieles de la actuación, como mi compañera de secundaria Silvia Ramírez, recreando al personaje de Dulcinea. Podría presumir que conocí a Teo González pues es hermano de Adriana, quien por un semestre, fuera mi compañera en la Ibero y a la cual aprecié mucho. Debe ser un honor el tener la facultad de hacer reír y más, el reír con ellos.

4. Los tardíos. Algunos descubrirán cuando viejos que son graciosos, lo que no les impedirá gozar de un periodo significativo de producción de risas; tienen una ventaja que es un manejo más racional del .tiempo, lo que se traduce en un ritmo más sofisticado y, algunas veces, más elegante. Ahora bien, no a todos les viene bien el despertar a una edad tardía, pues no es lo mismo descubrir facultades, que sólo el gusto; la única prueba infalible para saber si se va a tener éxito manejando el humor es el escenario. Tanto para quien da la cara como para quien produce el argumento, la reacción inmediata del público importa porque serpa el indicativo del éxito o el fracaso que, aunque no fiera definitivo, sí que hará reflexionar sobre la pertinencia de seguir por ese camino. Salud.

Beto

miércoles, 4 de marzo de 2026

Los cuentos escolares

Un pingüino encontró dos montañas
y jugó colgándose de sus nubes. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Para todo uso. El kinder y los primeros años de primaria de mi época de infante, rebozaban de historias ilustrativas sobre las cosas que debíamos aprender, que si la convivencia, que si el comportamiento social, que si las teorías sobre el origen de los grupos humanos, como el de la diosa que cocinó en su comal a tres figuras hechas de maíz y una le quedó quemada, otra cruda y la última bien cocida, dando a entender con ello cómo es que hay humanos con distintas pigmentaciones de piel. Hubo una que nos explicó cómo aparecieron los signos matemáticos, pero por desgracia, no la recuerdo, quizá porque fue la señal de que los números y yo tendríamos una relación distante, no así las palabras y las imágenes. Aún en la preparatoria, las historias atrapaban nuestra atención, por lo que me preguntaba, ¿por qué no eran así todas las clases?

2. Cuento ortográfico. Era un lunes por la mañana cuando sorprendentemente, el salón del primero A de la escuela Carlos A. Carrillo de la ciudad de México se vio atendido de pronto por tres maestras, la titular del curso y dos practicantes; después de la presentación, fuimos testigos de los esfuerzos de dos chamacas por probarse que podían manejar a un grupo de chiquillos de finales de los sesenta. Una de ellas llevó preparada la historia del pingüino que, jugando en dos montañas gemelas con dos nubes, le dio vida a las diéresis; lo que aún me sorprende es que tenía tal capacidad narrativa que pude imaginarme al animalito de uno de los picos de la «U» al otro y colgarse de cada una de las nubes sobre ellos, lo cual lo convierte en el primer cuento que oí.

3. Un descubrimiento. ¡Eureka! Por fin una historia en toda forma después de tantos meses de atiborrarnos de teoría que así es y no va a cambiar; Arquímides se convirtió en uno de los personajes que la ciencia soltó un poco para que pudiéramos imaginar una situación más allá de la solemnidad que parece exigir la enciclopedia y, con ello, poder humanizarlo un poco. Y es que no todos los días tendríamos la oportunidad de escuchar sobre un científico al que el rey le encargara averiguar sobre si su corona era de oro en realidad y que el descubrimiento se diera cuando iba a tomarse un baño y por la alegría, salera corriendo a la calle encuerado. Parece una anécdota inocua por ser quien era y la época en la que vivió, pero si algo así le hubiera pasado a otro en la época victoriana, la que se hubiera armado.

4. Susceptibilidad teórica.

Para nada es condenable, pero la manera de enseñar la teoría (así de plana) no ha permitido que aprendamos lo suficiente, estamos con los cerebros llenos de datos con lógica matemática, susceptibles de ser olvidados al más mínimo contacto con algo más interesante, que nos obligamos a ser repetitivos y forzar a la memoria, pero el riesgo del olvido queda latente. En el examen final de química de segundo o tercer grado, estaba la pregunta estaba la pregunta sobré cómo había descubierto Arquímides que la corona del rey era de oro, curiosamente fue la única respuesta que no había estudiado y la que sólo me bastó escucharla una vez para estar seguro que había contestado bien, ¿la razón? Mi cerebro está condicionado a escuchar historias no a guardar datos; si mal no recuerdo, todos la sacamos bien. Salud.

Beto

miércoles, 25 de febrero de 2026

Las buenas maneras

Aún funciona el tratar como percibimos.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El Carreño. Otro producto del arbitrio, éste sí útil, aunque por su imposición clasista choca con la naturalidad con la que dice la otra cara del clasismo que se mueven los sectores desfavorecidos; alguien, en pleno uso de sus prejuicios y convicciones, pensó que sería bueno uniformar el comportamiento social; por supuesto, no consideró a la totalidad de la población, sólo aquella que podía tener los elementos necesarios y suficientes para poder expresarse de tal modo, como serían la vestimenta, el calzado, los accesorios, los medios de transporte y la capacidad de adquisición de toda clase de insumos, así nació el manual de Carreño, tomado en serio por mucho tiempo y que diferenciaba a golpe de vista a las clases sociales. Después, fue motivo de mofa por parte de aquellos a los que dejaba fuera, en un intento de revancha.

2. La etiqueta actual. Ha sido tan cambiante que no dudo que haya estado a punto de desaparecer debido a nuestro comportamiento tan disipado en lo teórico y contradictorio en lo práctico; recuerdo una ocasión en la que quería ser caballeroso y abrir la portezuela de mi acompañante una vez que llegamos a nuestro destino, a lo cual recibí como respuesta un «¡ay, no! Yo puedo abrirla» Después trató de justificarse afirmando que era demasiada la espera el verme rodear el cofre del carro y eso que el mío era un compacto. No fue el único evento, sucedió con otra persona con otro pretexto y en una ocasión, con la puerta de una tienda y en todas, las razones aducían a argumentos anti machistas, los cuales se han trasladado a otros ámbitos, unos más retorcidos que otros.

3. Como experimento. En el entendido de que hay una manera estandarizada de comportamiento en nuestras sociedades, quizá sea interesante el averiguar si la conocemos y la llevamos a cabo todos los día o si tenemos temporalidad distinta; podríamos poner la base en expresiones sencillas como los saludos y los deseos de pasar un buen rato, expresiones como «buenos días» y sus equivalentes, provecho o el permitir el paso a otra persona en una puerta o en escaleras, para después establecer un nivel superior, como auxiliar a alguien en la calle o el transporte público, dar indicaciones sobre una dirección o un establecimiento. Si hay niveles superiores, supongo que los establecerá cada uno, ya que la amabilidad se expresa según la situación en la que estemos, más allá es acoso.

4. El imperio reaccionario. Podría merecerme todo el respeto la modernidad (o post modernidad) actual, pero en realidad es poco, el aparente casi nulo respeto por las formas que se ha venido dando por la supuesta reivindicación de las formas populares de expresión se debe al ostensible abaratamiento de los comportamientos sociales por el supuesto de que cada quien debe hacerse responsable de sus acciones, lo malo es que por el rampante individualismo, suponemos que son los demás quienes deben soportar nuestros desplantes, lo que crea un alejamiento sistemático entre los miembros de cada sociedad. En los últimos años, ser o parecer amable, trae consigo la sospecha de que algo adicional se pretende, lógico cuando se ha normalizado la recepción de telefonemas sospechosos. Salud.

Beto

miércoles, 18 de febrero de 2026

La división por sexos

La división implica también unión.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Lo viví en la escuela. En 1969 se tenía la convicción de que así como se dividían los baños por sexos, también los demás espacios, por lo cual, en la primaria donde empecé mi instrucción básica, al gran edificio que albergaba los seis grados, lo dividía una barda por el medio quedando la mitad para las niñas y la otra para los niños; para 1971, con el cambio de escuela y de ciudad, ya no había dos edificios gemelos, pero sí mantenían salones para cada sexo. En 1973, el cambio fue notorio, era quinto año y en el mismo salón convivíamos niñas y niños, pero la división seguía mitad y mitad, lo que duró hasta la preparatoria, ya entrados en 1982. En la universidad, la apertura fue total, no había divisiones espaciales y cada uno decidía dónde sentarse, en lo referente a los salones, porque con los baños, aún no estamos preparados.

2. Supuesta división del trabajo. También yo creí la historia de que en la «era de las cavernas» se originó la división del trabajo por sexos, versión que tiene unos siglos (varios) desfasada; es más lógico pensar que las mujeres prehistóricas también participaban codo a codo en la caza y la recolección y no fue sino hasta la adopción del sedentarismo en que tal división apareció, cuando los físicos de ambos se diferenciaron tal y como los conocemos ahora. La clave está en que lo que acabo de mencionar, el físico era casi semejante en fuerza y resistencia en ambos sexos, la evolución y las costumbres adoptadas por las sociedades vinieron a separar las actividades, las que requerían fuerza y salir al campo para los hombres y las de administración del hogar y la educación de los hijos, para las mujeres.

3. Actividades especiales. Al enterarme que en la secundaria debíamos llevar un taller, mi machismo acumulado por referencias de poco menos de quinientos años, afloró y rotundamente me negué siquiera a imaginarme en el de corte y confección, por lo que vi al de electricidad como el destino infalible al que debía asistir, aunque nunca me gustó en realidad; tampoco creo que la maestra de corte me hubiera permitido entrar al salón, imagino que lo consideraba, igual que todos los adultos de la escuela, el último reducto en el que las niñas podían estar en paz. Lamentablemente, lo poco que aprendí en ese taller, de poco me ha servido y con la herencia de la máquina de coser de mi tía, más me hubiera servido estar en el otro, pero ¿quién demonios iba a imaginárselo?

4. Juntos, pero no revueltos. No creo haber sido pionero de la inclusión, pero de que por un día causé revuelo, lo causé; las jornadas de preparatoria parecían una extensión de las de la secundaria, clases aburridas en su mayoría y maestros empecinados en mantenernos quietos como maniquíes, la distribución de los salones era la misma, hombres por un lado y mujeres del otro, aspecto que era lo más «natural del mundo» con la salvedad de que el lado masculino se caracterizaba por ser una sucursal del manicomio. Una mañana en que el tercer semestre se había propuesto llevar al máximo su relajo, yo decidí que era mejor sentarme en el lado de las mujeres; no hubo problema hasta la clase de química; me negué a la petición de cambiarme sin saber que el maestro sería el director de la escuela a la que me cambiaría en cuarto semestre. Qué cosas. Salud.

Beto

miércoles, 11 de febrero de 2026

El valor del pasado

El pasado conforma el primer
programa educativo. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. En lo cotidiano. A diario vivimos de afirmaciones y reafirmaciones de lo que tenemos y de lo que somos, para ello utilizamos herramientas físicas y virtuales que nos visten según lo que vayamos a realizar cada día; una de esas herramientas es nuestra memoria, todo el cúmulo de recuerdos que forman en varias ocasiones, la trama de respuestas a los problemas recurrentes y a los no tanto. No todo lo pasado es recordable ni olvidable, ambas partes cumplen con el cometido de mantener en buen funcionamiento nuestro cerebro; los eventos pasados tienen un valor que aumenta conforme pasa el tiempo y también se vuelven más impactantes si se les sabe administrar, ya que tienen la característica de convertirse en presentes cada vez que los contamos y entre mayores somos, más necesidad de recuerdos tenemos por compartir.

2. En el aprendizaje. Más allá de la historia como ciencia, pero teniendo a ésta como la base para calificar lo que vamos a creer y lo que no, a los humanos nos gustan las narraciones, algo que ya había mencionado en otra ocasión, la supuesta razón también pero faltaría tratar su efecto en el aprendizaje. Saber que algo ya lo han hecho otros, nos da cierta seguridad sobre la razón y los resultados obtenidos, la curiosidad por realizarlos con la certeza de que, en caso de alguna diferencia, no tendríamos que revisar a ciegas como los precursores de esos experimentos, estudios o enfrentamientos con los fenómenos propios de nuestras prácticas; las formas pueden cambiar pero los orígenes son una base sólida cuyas referencias son esas pistas a las cuales regresar en caso de duda.

3. En lo laboral. La historia laboral dibuja un perfil que nos acompañará toda la vida, sin embargo, sólo se hace visible en eventos muy especiales que tienen que ver con el inicio o el final de una etapa en nuestras actividades profesionales, en algunas presentaciones personales, ayuda a ubicar a un interlocutor o un público, el ámbito en el que nos desenvolvemos. Los que ya cumplimos con la obligación de ser productivos y ahora lo somos por gusto, estamos conscientes de que el aprender cosas nuevas ya nada tiene que ver con la acumulación de certificados puesto que ya no somos sujetos de empleo ni de un crédito a gran escala, aunque como ahora lo que se hereda son las deudas, serían capaces de otorgarme uno para tener a alguien de mi familia cautivo en un compromiso que nunca pidió.

4. En la cultura. Aquello hecho por nuestros antepasados va a ser objeto de una veneración marcada por el gusto de alguien poderoso que indicará qué vale la pena y qué no, según sus intereses por supuesto. Seremos lo que una tradición impuesta o la imagen de ella, nos dicte, casi sin cuestionarse porque, para ser sinceros, nos facilita la tarea de encontrarnos a nosotros mismos. Una prueba de ello la tenemos en la idea de que éste es el país azteca, nombre que hemos portado con orgullo suponiendo que con ello, representamos a todos los pueblos prehispánicos que conforman nuestras muy variadas raíces, pero que no significaron más que doscientos años de toda la historia de Mesoamérica y como eso, hemos adoptado una serie de datos que sólo han servido para simplificar nuestro legado. Salud.

Beto

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cosas de mexicanos

Confiar no es por fuerza
dejarlo todo a la suerte. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La chiripa. Ya en otra ocasión mencioné este vocablo al cual hemos arraigado mucho de lo que emprendemos y logramos, pero no es un simple equivalente de la suerte, porque la casualidad en México tiene algunos rasgos divinos, es decir, es producto de la chiripa; la casualidad simple es cosa humana, la chiripa es extraterrena porque hay que negociarla con alguna divinidad y la chiripa, en ese sentido, tiene que ver con el humor con el que hayan amanecido ambas partes. Los elementos que componen a la chiripa son las monedas con las que se hará la transacción, la cual en toda ocasión, deberá los involucrados manifestar conformidad sin reclamo alguno, debido a que desde las primeras negociaciones, es decir, oraciones, lo solicitado quedará tan claro como las consecuencias que ello pudiera traer. Ajá.

2. El a’i se va. Es denostativo y tramposo aunque ya casi no se oiga decir, pero sigue presente reflejando un rasgo que pareciera tenemos incrustado en la piel o en los huesos; «a’í se va», «como sea» deberían estar en el exilio pero sólo han mutado a otras expresiones que no se mantienen fijas, sino que cambian constantemente de rostro y nada más vuelven de vez en cuando para recordarnos que siguen aquí, sin mostrar signos de querer irse. Por mucho que hayamos pasado campañas motivándonos a hacer las cosas como se debe con aquello de que «lo hecho en México está bien hecho», seguimos observando conductas en las que denotamos que nos importan poco los resultados y que los demás deben soportarlo porque así manejamos las cosas por estos lares y a voz en cuello gritamos ¡comoméxiconohaydos!

3. ¡Ahorita! El tiempo es relativo, decía Einstein, pero imagino que nunca se enteró de lo laxo que puede ser éste en México; de motivo de vergüenza, la impuntualidad pasó a ser motivo de orgullo y presunción, al grado de inventarnos estrategias para que «la gente» sea puntual. No sé de dónde salió la idea de que en una reunión cualquiera, ésta empezará siempre una o dos horas después de la señalada, tampoco entiendo cómo es que la mayoría aceptó esa tontería como verdad. Las disculpas para ese razonamiento son de lo más disparatado: «todos empiezan a llegar...» y cada quien pone su hora; «no vale la pena llegar tan temprano (a barrer)...»; «el ambiente siempre empieza más tarde» y luego resulta que no encontramos lugares adecuados por llegar a deshoras.

4. Orgullo nacional. Está basado en la victoria, pero no en las obtenidas sino en la obligación de lograrlas en donde sea y sin dar cuartel, ahora que, si se logra desde una posición desventajosa (que parece ser la única que vale), toma dimensiones de apoteosis. La historia no nos favorece por lo que intentamos compensarla con hazañas deportivas, pero escogimos mal la disciplina ya que nos creímos el cuento de que somos buenos por naturaleza sin averiguar con qué herramientas podríamos mejorar nuestro rendimiento, de acuerdo a nuestra morfología e idiosincrasia, por el contrario, confiamos únicamente en nuestras facultades y luego andamos importando ideas y entrenadores que nada tienen que ver con nuestra cultura, es decir, tampoco les damos tiempo para observar y funcionar. Salud.

Beto

miércoles, 28 de enero de 2026

El peso del perfeccionismo

La perfección se encuentra en aquello
que nos hace felices Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Quién es perfeccionista? Cuentan algunas historias de vida, que la voluntad bastó para que un individuo se diera a la tarea de conquistar un territorio, un reino o al mundo entero, al menos el mundo conocido entonces; esa labor, como la de los científicos, los músicos, los actores que lograron mantenerse en y de su actividad, sólo pueden realizarla los perfeccionistas, seres que ven en la simetría, la armonía y el equilibrio (por mencionar algunas características) la única aceptable de expresarse; son capaces de encontrarlas en cualquier lugar y con cualquier persona, pero no todas juntas como sería su deseo. Algo o alguien sería armonioso, pero no simétrico; o simétrico pero no equilibrado. Ser perfeccionista no resulta sencillo si además se descubre que uno mismo no cubre las expectativas.

2. Un valor humano. Lo diré sin el ánimo de menospreciarlo puesto que establecerlos, tuvo que costarle a la humanidad sangre, sudor y lágrimas, posiblemente alguno que otro fluido que no considero pertinente mencionar en este momento pero que, seguramente, se tomó su tiempo; aparte de las creencias, todo aquello que nos cuesta trabajo no puede ser un don y pensar, ¡ah, qué trabajo cuesta! Pongámoslo así, los valores tuvieron que ser pensados, pensar es un trabajo y como las divinidades nunca han trabajado, no pudieron otorgarlo como don, además, si eso fuera, no tendría chiste pensar. La perfección, entonces como valor, requiere de tiempo y trabajo puesto que por sí misma debe llamar la atención, no para imponerse, sino para entrar en ese extraño contubernio con quien la percibe.

3. Exactitud relativa. Muchas de nuestras contradicciones provienen de la tendencia a tratar de alejarnos de cualquier compromiso que involucre a más de una persona; el arribo a medias del concepto de relatividad, nos dotó de un pretexto hechizo que parece liberarnos de empeñar nuestra palabra en ser exactos en nuestras afirmaciones, como el ser impuntuales como resultado de la responsabilidad de otros o como mantenernos eternos adolescentes por mera diversión. Aunque sí exigimos que los servicios como el transporte cumplan con su horario, que las instrucciones de las dependencias gubernamentales sean claras y precisas o que, como adultos que son, quienes ofrezcan servicios cumplan totalmente con lo que publicitan, porque como clientes, todos tenemos la razón.

4. La perfección en lo inacabado. Los seres humanos somos perfectibles, pero esta apreciación proviene de una concepción de que sólo lo exactamente proporcionado es perfecto y esto es una meta; el error está en la objetivación de la naturaleza en general y la humana en particular, tratando de medirlas con instrumentos inventados (teóricos) como la geometría, las matemáticas o el diseño. Creemos que para que algo sea bueno y perfecto, sus partes deben ser equidistantes respecto de su centro, que debe estar parejo y en número deben ser iguales. Eso está bien para los objetos que pueden limitarse a ello, pero para los seres vivos es como ponerles grilletes e impedir con ello que su belleza se desarrolle o, peor aún, echarla a perder queriendo transformarla en las estructuras que nuestra pobre imaginación produce. Salud.

Beto

miércoles, 21 de enero de 2026

Diversión ante todo

La esencia de la diversión no está
en botarlo todo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Aclaración inicial. Con estas líneas no pretendo sugerir que lo relatado sea digno de seguir o copiarse, sólo se trata de ilustrar momentos de mi vida académica, algunos no muy presumibles que digamos y otros, al menos divertidos; en un nivel constitucional, los mexicanos no tenemos opción, o cursamos los niveles básicos de escolaridad o los cursamos, con lo que pudiera pensarse que este país tiene un nivel alto, pero no es así; posiblemente no lo tengamos porque la obligatoriedad con la que pretendemos manejarnos para todo, le quita lo atractivo a todo lo que emprendemos; sabemos que tenemos que hacerlas, pero nos encanta fastidiarnos recordándonos nuestras obligaciones, para colmo, los guías no ayudan mucho para quitarle lo aburrido a ciertas lecciones en las que comúnmente no va mal.

2. La única respuesta. La diversión, como su nombre parece indicar, tiene muchos caminos de acceso y en la adolescencia parecieran multiplicarse exponencialmente, sin embargo, el enfrentamiento a la autoridad suele tomarnos el mayor tiempo del día, al no estar seguros del lugar que ocupamos ni si es nuestra presencia importante (cuestionamientos válidos, pero sin base aparente) lo que apremia es encontrarla, tratando de imponer nuestra voluntad como suponemos que se nos impone la ajena, motivando conflictos que nos toma tiempo resolver; lo importante es encontrar cómplices que, aunque sea por un breve instante, estallen en algarabía por alguna «hazaña». Hacer una travesura o realizar una verdadera afrenta no es disculpable en ninguna circunstancia, pero cómo ayuda a la imagen.

3. Como obligación. Mejor dicho, siempre la hemos tratado como un derecho que se gana cumpliendo una serie de tareas a las que nos suscribimos una vez que alcanzamos cierta edad, adquirimos algunas capacidades o ganamos algunos montos, amén de pagos de servicios. Pero bien visto, hay cierta obligación de divertirnos o mínimo, distraernos, pues no podemos funcionar bien si no nos diéramos ciertas pausas para despejar nuestra mente y descansar los músculos, eso supongo que quería decirnos a mis hermanos y a mí nuestro padre cada vez que nos despedía a cada uno al emprender nuestra aventura universitaria e imagino también, que nos sugería el divertirnos estudiando. No creo que hayamos priorizado uno sobre el otro, pienso que todos encontramos el gusto al estudio.

4. Ser diverso. No necesariamente debemos saber hacer de todo, pero sí podemos intentar el ampliar el horizonte de nuestros gustos, dado que la variedad despierta la curiosidad y, por tanto, la imaginación; no es un asunto mágico, si nos familiarizamos con los componentes, el funcionamiento y las maneras de, por ejemplo, aparatos, herramientas, métodos o grupos humanos, nos será muy sencillo encontrar nexos entre ellos que nos lleven a innovar en sistemas de información o producción de satisfactores que faciliten la estancia en este mundo. Por otro lado, si consideramos tener aficiones diversas y disímbolas, es posible que no tengamos tiempo para el tedio, lo que es benéfico para nuestra salud desde cualquier punto de vista; lo mejor del ocio a nuestro alcance. Salud.

Beto

miércoles, 14 de enero de 2026

Con, sin o a costa

El trabajo suele tener momentos divertidos,
las clases más. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Nunca trabajé. Uno de los principales legados que nos ha dejado mi padre es el de saber encontrarle la diversión a lo que tenemos que hacer para vivir. lo cual implica que, si no éramos capaces de lograrlo, entonces no era por ahí; la importancia de levantarnos con ganas de cumplir con las labores que tenemos encomendadas, toma proporciones titánicas si no nos divertimos con lo que hacemos, puesto que perderemos el tiempo tratando de encontrar pretextos para justificar ausencias, falta de rendimiento o malos tratos a los demás y encontrar motivos para seguir laborando será sumamente difícil. Citando a mi progenitor, yo nunca trabajé, temprano pude darme cuenta de cuáles eran mis obligaciones y qué estaba fuera de mi alcance, lo cual hizo que mi estancia en las aulas, mantuviera el mismo interés que cuando comencé en 1981.

2. Con ustedes. He pensado desde hace varias décadas que la diversión debe compartirse, cuando hayamos encontrado algo que pudiera ser interesante, con mayor razón; en cada aula a la que acudí, entré con el supuesto de que los que estuvieran adentro, irían con la misma perspectiva de interesarse en los contenidos que trataríamos en los siguientes meses, por suerte fue así en ocasiones muy significativas, curiosamente en la mayor parte de ellas con psicólogos, quizá porque encontraron que la sociología o la comunicación (materias que les impartí), tenían argumentos que serían susceptibles de bromas, sin que con ello se desvirtuaran los textos que tratamos. Compartir e intercambiar esas bromas, hizo que varias teorías se despojaran de la estorbosa solemnidad.

3. Sin ustedes. Nunca he necesitado vejigas para nadar, aunque me costó trabajo aprender y es una imagen que puedo aplicar a todo; por fortuna o por desgracia, mucho de lo poco que sé, lo aprendía a la primera. Suerte o banco de información (seguramente lo segundo), esas coincidencias me llevaron a dar clases, lo cual encontré divertido por descubrir que de esa manera yo aprendía más y lo satisfactorio que resultaba el observar cómo se encendían los rostros de mis pupilos (de todas las edades) al momento de entender algo. Me divertí, por supuesto, pero les hice partícipes aunque no siempre aceptaron la invitación, lo cual no mermó la diversión porque tenía en mis manos la fórmula para hacer interesantes (para mí) mis clases, un rasgo egoísta que me ayudó a sobrevivir.

4. A costa de ustedes. No era una situación que se repitiera seguido, pero sí me tomé algunas libertades sin agarrarla en contra de alguien es específico, tampoco muy pesado, pero sí llegué a poner en problemas a algunos por no saber qué contestar a uno o dos de mis cuestionamientos. Creo que mi broma más recurrente recaía en aquellos que llegaban tarde al decirme «¿puedo pasar?», yo les contestaba «¿a ver?» Al principio todos titubeaban y ya que entraban les decía a todos mira, «sí pudo». Las bromas más elaboradas surgían según lo que estuviéramos tratando o haciendo, así que debía hacer gala de improvisación, pero sin abusar de ella, para que no se convirtieran mis clases en un circo. El caso es que en todos esos años, a todos mis salones, se los advertí. Salud.

Beto

miércoles, 7 de enero de 2026

Sin vocación

Quien no ha dado clases, no sabe
lo que es bueno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Paraíso dudoso. Cada reinicio de ciclo es lo mismo, tanto maestros como alumnos regresan a un lugar que suponen ya conocido y dominado, pero en el que muy en el fondo esperan ser sorprendidos; las esperanzas podrían estar fundadas en que ahora sí vayan a aprender cosas útiles, sorprendentes o, al menos, curiosas o que alguno de los pupilos consiga despertar y resulte ser el genio que la escuela estaba esperando. No se puede hablar de desencanto si no sucede porque el ámbito escolar tiene la característica de provocar situaciones que entretienen a todas las partes, posiblemente no todas divertidas, pero sí que, a pesar de su obligatoriedad, tendrán algo de atractivo. Termino aquí con mi parte hipócrita y confieso que, cuando tuve que soportar a alumnos impertinentes o a la presión administrativa, a ambos quería ahorcar.

2. Dinero sencillo. Durante la década de los ochenta, dar clases parecía la sentencia de que tu carrera había acabado antes de iniciar, porque hasta los gringos afirman «quien no puede, enseña»; los docentes lo veíamos al revés, quien no enseña, nunca aprende. Ambas posturas son exageradas, pero sí había un trasfondo en la primera afirmación que era el supuesto de que, como trabajo, la docencia no representaba mayor problema, por lo cual era un dinero fácil de ganar, así fui testigo de varios intentos por parte de compañeros que nunca imaginaron el nivel de preparación que se requiere para pararse frente a grupo. Aquellos que lograron sobreponerse, realizaron carreras muy dignas, a los que no, se les notó que estaban de paso, por fortuna propia y de los demás.

3. ¿Sólo das clases? Seguiré diciéndolo, por mucho que me aseguren que se trataba de una pregunta inocente, me repataeaba que me la hicieran, pues sentía que infravaloraban con ello mi trabajo; por supuesto que no ganaba carretadas de dinero, supongo que nadie dedicado al magisterio en escuelas particulares lo hace, pero la responsabilidad era igual o mayor que la de cualquier profesionista, puesto que en el aula tenemos la salud mental de las nuevas generaciones en nuestras manos. Mi respuesta más acertada se dio en una ocasión en la que me agarraron en mis cinco minutos de intolerancia y de mi boca salió el reclamo: «no sólo doy clases, cambio conciencias», lo cual fue mágico, no por el efecto que tuvieron mis palabras en la otra persona, sino en mí. Por fin tuve la respuesta.

4. Dignidad en entredicho. Quien siga pensando que el magisterio es un apostolado, está desfasado unas cuantas décadas; párese en el frente de un grupo para tratar que un montón de infantes hacinados en sesenta y cuatro metros cuadrados (o menos), aprendan contenidos que les servirán de poco, ya sea porque no les ponen atención o, peor aún, porque no tienen aplicación en su realidad; ya nada tiene de romántico ni de satisfactorio puesto que la escuela, salvo esfuerzos individuales, se ha convertido en una fábrica de repuestos para una industria reactiva que debe protegerse de la insaciable voracidad de un sistema político dirigido por rémoras. No hay dignidad en producir refacciones, en mantener mentes reactivas que se satisfacen con todo, menos con el pensamiento. Salud.

Beto

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Nostalgia de fin de año

Algunos recuerdos son los encargados
de mantenernos vivos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Academia del terror. Nada había más aterrador que la víspera de clase de biología a cargo del doctor Spíndola en al primer año de preparatoria, peores eran los nervios cuando en dicha materia te tocaba «dar la clase»; sin una buena metodología de estudio (mucho menos un método definido) ni una didáctica adecuada, la tortura a la que nos sometíamos era insufrible; digo que nos sometíamos porque el doctor, como buen hijo de su tiempo y producto de su carrera, sólo aprovechaba la presión que nos generábamos al tener que aprendernos de memoria términos y partes corporales con las cuales difícilmente trabajaríamos, como resultó en los años subsiguientes, pues sólo unos cuantos de nuestro salón accedieron al bachillerato y la carrera de medicina, para salvaguarda de los pacientes.

2. Qué monstruos son. Desde el otro lado, la secundaria me pareció siempre una pérdida de tiempo, no por el nivel en sí mismo, sino porque sentí en cada oportunidad en que dí clases, que nada tenía que ofrecerles; por supuesto, pasé una etapa (en cada escuela) en que caí en la tentación de culpar a los muchachos de que las cosas no funcionaran en mi clase y algo había de eso, pero no era totalmente su culpa pues, al darme cuanta de mi animadversión por tratar de enseñar en ese nivel, varias cosas cobraron sentido, por ejemplo, que me parecieran muy ruidosos cuando el estándar de los planteles era ése, que olieran raro después de su clase de educación física (no tengo idea por qué eran intermedias) ni qué necesidad tenían de llamar mi atención con voces o movimientos estrambóticos.

3. Complemento deportivo. Lo más probable es que tuviera esos malestares porque eran justo de lo que quería alejarme en mi juventud, por mucho que yo lo recomendara y hasta pusiera rutinas a mis jugadores, el calentamiento no era lo mío porque equivocadamente consideraba que con mi condición física y el estar activo la mitad del día, era suficiente; ahora como adulto mayor, mi cuerpo se encarga de recordarme esas omisiones del pasado, aunque también he de decir que la inercia me ha servido hasta estos días para no tener achaques más allá de aquello que no solucione el reposo. El haber practicado mayormente deportes que no requieren contacto físico, me libró de lesiones serias que me hicieran caminar encorvado o con las piernas chuecas, por lo que creo que en una balanza, con el deporte salí ganando.

4. Graduación satisfactoria. En ninguna etapa hubo una fiesta de graduación, salvo en la primaria, posiblemente porque el maestro Salvador Mundo Salinas se dio a la tarea de organizarla, en los demás, la división de tareas hizo mutis, por lo que recuerdo con cariño los actos académicos; si tuviera que inventarme una razón de peso para no hacerlas, diría que las fiestas cada vez fueron más personales y lo entiendo en la maestría en la que el sistema fue a distancia y la mayoría éramos de fuera del Distrito Federal (para mí siempre lo será), pero de todos los anteriores, no lo supe. Comprendí que esas entregas de papeles serían la última ocasión en que vería a la mayoría y en varios se ha cumplido debido a su deceso; a los que casualmente me encuentro en la calle, los veo con mucho gusto y que así sea. Salud.

Beto

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Aprender a convivir

Saber convivir implica no molestarse
por todo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. El aula es una jungla. Ni en el arca de Noé tantas especies se encerraron en un espacio tan reducido como cuando encerramos a muchos niños con rasgos culturales tan variados en un salón de clases; obviamente me refiero a las costumbres específicas aprendidas en casa, las que hacen de cada niño un ser único, incluso dentro de su propio hogar. Es posible que en el cine usen la expresión «cadena alimenticia» en son de broma, sin embargo, en lo cotidiano algo hay de eso cuando observamos los grupos que se forman para imponer un orden o para defenderse de ello; los mecanismos de ataque o defensa se mostrarán según hayan calculado lo permisivos que se muestren las autoridades o el grado de fastidio que logren en ellas, si éstas muestran debilidad y falta de imaginación, la clase puede convertirse en una marabunta.

2. Llevarse pesado. En el país tenemos un juego no reglamentado que tiene por cometido el medir el aguante de los participantes, que pueden ser voluntarios o no; el nombre se ha agringado porque, pues así nos hemos conducido desde el siglo XIX cuando empezamos a copiarles la constitución, como si de verdad todo lo del gabacho fuera bueno. En mis tiempos de primaria sólo se le decía «llevarse pesado» e implicaba desde la agresión verbal hasta llegar a las manos, justo como ahora, sólo quería establecer el punto del cambio de nombre por mera copia; el caso es que, en esencia, parece que seguimos educando a los infantes de la misma manera y por eso siguen existiendo los abusivos y los abusados en una lucha constante de sobrevivencia justificada con la excusa de la naturaleza humana.

3. Una sola óptica. En un mundo conceptual se lucha por que el mejor entendimiento de las cosa se imponga sobre los demás, comenzando con la discrepancia que suscita la palabra «mejor» y si eso se conjunta con otro concepto como «buen comportamiento», ¿cuál sería la mejor versión de un comportamiento aceptable y estandarizado? Hasta hace algunas décadas era el estar callado y casi inmóvil por cinco horas continuas, exceptuando la media hora de recreo, algo que quizá funcionó hasta los sesenta, pero algo en la alimentación hizo que la quietud ya no fuera tan bien vista por los infantes en los setenta... a algo hay que echarle la culpa y la comida parece una buena opción, por lo que es la educación no había cambiado, no en todas las casas, no todo el tiempo.

4. El movimiento como disciplina. En varios países como en Japón, tienen la idea de que hay que activar el cuerpo antes de empezar las actividades diarias tanto en empresas como en escuelas, puesto que dicen, ayuda a la concentración y a la formación de la motricidad fina, algo de cierto debe tener cuando sus empresas y sus escuelas tienen un gran prestigio en aprovechamiento y en disciplina. lo curioso es que no hay un ambiente militarizado ni de alta administración gerencial que les indique lo que tienen que hacer, sólo hay respeto a las jerarquías, a los mayores y al tiempo. Esto es, no tienen buen comportamiento porque teman ser castigados (que sí los hay), tienen el convencimiento de que su trabajo es importante y que si no lo realizan, entorpecerán el de los demás, por lo cual, deben moverse. Salud.

Beto

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Primeros contactos

Entrar en un nuevo salón
es como salir de safari. Foto: BAER

1. El nuevo. Entrar a un grupo donde a nadie se conoce, implica un reto que tiene que ver con nuestra capacidad de empatía para quienes recibimos al nuevo o de adaptación para el recién llegado; la transición de la curiosidad a la mimetización puede llevar días, depende de qué tan dispuesto esté el objeto de las miradas a abrirse a las posibles relaciones personales. Los nuevos deben calcular el ritmo en el que se dejarán ser absorbidos por el grupo, independientemente de que lo hayan aceptado o no, aunque la presión social podría ser muy convincente; el nuevo buscará alianzas con quienes descubra que sean afines a él y que eventualmente se conviertan en amistades. No hay un lapso estándar para ejercer la autoridad del grupo hacia el exterior, es decir, ser un representante como todos los demás, pero eso también depende de él.

2. Observación y tanteo. Lo peor que puede hacer un «nuevo» es ensimismarse y tratar de pasar inadvertido, algo casi imposible porque el hecho de estar por primera vez en un lugar, ya nos hace notorios; lo mejor que pudiéramos hacer sería convivir, algunos lo harán de inmediato (los menos) y otros esperarán a que se les pregunte algo, mientras tanto, observarán los comportamientos, escucharán las palabras, atenderán los movimientos para intuir en dónde encajarán; y si en la química existe el método de tanteos, también por química tantearán a cada integrante del grupo dado que no con todos se tienen las mismas reacciones. La calidad de las relaciones que se obtengan, será el resultado de la calidad de las observaciones que se hagan, no sólo al principio, sino durante todo el proceso lectivo.

3. Acoplamiento conveniente. Algunas veces no es posible encontrar individuos con los cuales compartir los propios intereses, por lo que hay que renunciar a ellos para poder pertenecer a un círculo y no sentirnos segregados; en los primeros grados escolares, nadie valora al que se maneja solo puesto que da pie a pensar que algo malo ha de pasar con él, es más fácil hacerlo así ya que no nos educamos para confiar ni para ver lo bueno en las personas, sino para protegernos de ellas porque «uno nunca sabe». Una práctica que afinamos en la edad adulta, cuando pesamos tener la mayor parte de las respuestas a las preguntas esenciales y no tenemos necesidad de dar razón de lo que hacemos ni de lo que pensamos, así que de acoplados, algunos pasamos a receptivos, que se acoplen los demás.

4. El proceso de ser uno más. Más que la aceptación de los demás, es el trabajo mental de quien quiere pertenecer-, ser parte o ser uno más presentan una pequeña diferencia conceptual que hiere el ego, pero bien vistas, ambas tienen sus ventajas; ser parte de un grupo o un plan, supone el mantener la individualidad, donde la presencia sea notada y la opinión cuente, una palmada al ego que a nadie cae mal; ser uno más, en cambio, parece operar en el anonimato, en las sombras donde no se es visible, pero que da un margen un poco mayor de libertad, si acaso no se abusa de él. Si lo nuestro es la notoriedad, debemos ser parte de algo, si es lo contrario, ser uno más permitirá la distancia suficiente, incluso para ayudar a instruir a los futuros «nuevos» que estén por llegar al grupo. Salud.

Beto

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Academia productora de humanos

Confiamos en enseñar a las nuevas generaciones
como a las IA. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Repuestos industriales. Tanto el físico como la imagen mental de lo que debemos ser como humanos ha venido transformándose a lo largo de las centurias y esas transformaciones se han dado de manera vertiginosa en las décadas del siglo pasado y las del presente, nuestras visiones del mundo han cambiado y vuelto a cambiar en cómo debemos conducirnos en lo económico, en lo político y en lo social, excepto en el detalle de creer que debe haber un sujeto que nos guíe en esos tres ámbitos y, si es el mismo, mejor. Hacer que cada egresado de cada grado escolar piense que es dueño de su destino, no es tarea fácil pues han crecido con candados mentales que rigen su cuerpo, su mente y hasta su espíritu (entendido como un constructo compartido), por lo cual es sencillo que se sumen a la espera de un caudillo.

2. Alejados de la respuesta. Cuando las dudas existenciales nos toman por asalto, la recurrencia a los libros se hace imprescindible, a menos que nos quedemos en la etapa de buscar bronca en todos lados; invariablemente caeremos en la cuestión de ¿qué significa ser humano? El consciente colectivo exige atender e área común que es el raciocinio, algo que al parecer, no fue muy valorado hasta ya entrado el siglo XIX como para distinguir a toda la especie, la práctica del esclavismo nos puede dar una pista de ello. Para la primera mitad del XX, se inventaron los filtros para mantener, bajo otra óptica, la desigualdad. Ni siquiera la compasión pudo suavizar un poco lo áspero del supuesto de que más que encontrar puntos de encuentro, la razón sirve para acentuar las diferencias.

3. La utopía humanista. Así como se dijo alguna vez del marxismo, tampoco para el humanismo hay las condiciones para implementarlo; las dos anteriores teorías sociales basan gran parte de su efectividad en el convencimiento de los sus habitantes mediante un esquema educativo igualitario, es decir, tener desde casa la convicción de que todos tenemos la confianza plena de ser honestos e incorruptibles, algo que no hemos podido realizar en toda la existencia de la humanidad. Nuestra naturaleza no ha podido superar su etapa material, por muchas que hayan sido las doctrinas que tanto pregonan la espiritualidad, lo cual se debe a que ninguno de los estratos que han existido, se ha sentido seguro de la dignidad ni la honradez de los otros, por el discurso de odio que se ha adaptado en cada periodo.

4. Los mundos perfectos. Suelen estar anclados a deseos irresueltos donde prive la individualidad (personal, claro) o la colectividad igualitaria (fregada, por supuesto); no hay un mundo perfecto donde a todos nos vaya bien, porque la desconfianza nos haría pensar que estaríamos manipulados a nivel zombie, porque no puede haber una sociedad pensante en la que se llegue a acuerdos en lugar de agredirnos por imponer una visión, porque el premio no es físico sino que se encuentra en otra dimensión en donde todos gozaremos por igual, pero hay que pasar otras pruebas además de este plano; total, que debemos bailar todo el tiempo como perrito cirquero, porque si logramos ser buenos en algo, compartir con los demás, tener la conciencia limpia... la vara subirá un peldaño más y el paraíso se alejará otro tanto. Salud.

Beto