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| Ni es tan fácil ser el chistoso del salón. Foto: BAER |
1. El Carreño. La mecánica suele ser sencilla, se aplica principalmente a quienes no nos resultan cercanos para no provocar remordimientos; la escuela se vuelve un caldo de cultivo en el que germinan sin problemas, las ideas más descabelladas para describir a maestros, administrativos, conserjes y otros alumnos, sus rasgos personales y una que otra cicatriz serán de gran ayuda. La imitación es inevitable, pareciera que la tenemos grabada en el ADN y es justo en el nivel medio básico en el que se detona para beneplácito de unos y el disgusto de otros; esa imitación de un maestro, directivo o intendente apunta irremediablemente a la caricaturización, lo que pone en la ficción al personaje creado.
2. Los que a fuerza quieren ser. Sus voces suelen ser muy identificables, en todo lugar sabemos distinguirlos también por las palabras que usan, los gestos que hacen o la manera de moverse; casi siempre están rodeados de otras personas que genuinamente se divierten con lo que dicen o simplemente no tienen otra cosa que hacer. Gran parte de su atractivo está, no en lo que sale de su boca, sino en lo que callan y dejan que los demás se imaginen. Del otro lado del espectro de la comedia, se encuentran los que quieren pero no pueden, que provocan extrañeza más que hilaridad, que a sus chistes les acompañan no las carcajadas, sino un cantar de grillos, que son muy nobles pues se crecen al castigo pero que de plano, la comedia no es lo suyo y lo mejor que podemos hacer, si no entienden eso, es huir del lugar.
3. Los que reciben el honor. Hay varios ejemplos en los medios, de comediantes que empezaron siendo los «chistosos» de su escuela y que lograron trascender gracias a su talento; por desgracia para mí, no me es posible presumir algún conocido gracioso que haya logrado pisar un set o un escenario profesional al gran escala aunque sí a varios que, a nivel local, probaron las mieles de la actuación, como mi compañera de secundaria Silvia Ramírez, recreando al personaje de Dulcinea. Podría presumir que conocí a Teo González pues es hermano de Adriana, quien por un semestre, fuera mi compañera en la Ibero y a la cual aprecié mucho. Debe ser un honor el tener la facultad de hacer reír y más, el reír con ellos.
4. Los tardíos. Algunos descubrirán cuando viejos que son graciosos, lo que no les impedirá gozar de un periodo significativo de producción de risas; tienen una ventaja que es un manejo más racional del .tiempo, lo que se traduce en un ritmo más sofisticado y, algunas veces, más elegante. Ahora bien, no a todos les viene bien el despertar a una edad tardía, pues no es lo mismo descubrir facultades, que sólo el gusto; la única prueba infalible para saber si se va a tener éxito manejando el humor es el escenario. Tanto para quien da la cara como para quien produce el argumento, la reacción inmediata del público importa porque serpa el indicativo del éxito o el fracaso que, aunque no fiera definitivo, sí que hará reflexionar sobre la pertinencia de seguir por ese camino. Salud.
Beto

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