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miércoles, 18 de marzo de 2026

El lápiz rojo

No siempre el color rojo
significa alerta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Su capucha dorada. La primera vez que la vi empuñando uno de ésos, pensé que la habían timado porque no le habían puesto borrador y no era de un color acorde a la costumbre como lo era el amarillo camión aunque, a decir verdad, ya había visto uno, pero en azul creo que para dibujar o algo así me había dicho mi tía Lourdes. Su imagen era delicada, no como los lápices bicolores que usaba mi mamá para señalar unas inmensas tablas llenas de números; posiblemente todos los de color rojo eran para eso, pues la maestra comenzó a anotar también números en el cuadernillo que llamaban «lista», que tenía cuadritos como en las tablas de mi mamá, pero mucho más pequeños; otro entretenimiento adulto sin sentido.

2. El significado de su color. De sí, el rojo ha sido adoptado como señal de alerta, llama la atención quizá, por su asociación con la sangre que en las odas patrias, la más valiosa es la de los héroes; una señal de «paloma» o «cruz» (hasta en los cuadernos ese signo es una tortura), semejan heridas a las que debemos curar (corregir) por lo que la validación se vuelve el tesoro más grande a conquistar el doble significado de «bien hecho» y «mal hecho» nos condiciona a reaccionar y buscar la figura que nos haga sentir bien y aliviados. Ese surco en la hoja nos indica el término de un evento y la búsqueda de uno nuevo con el cual lograr una nueva «medalla escarlata» y repetir el ciclo porque, al final de cuentas, cada signo rojo señala el pasado.

3. Demasiado cerca. Una imagen se queda irremediablemente grabada en la mente de cada estudiante y es la primera vez que directamente un lápiz rojo dibujó un número o una letra en la hoja de cuaderno en la que éste escribió su tarea, el número es lo de menos, el significado y la actitud marcaban más que ese grafito escarlata que manchaba la indefensión ante la autoridad omnipresente. Porque se trataba más de la aprobación que de una calificación, del seguir siendo digno de estar en presencia de quien supuestamente lo sabía todo, menos qué era lo que provocaba con su arma o fingía no saberlo. Es posible, así lo espero, que estuvieran los docentes de antes, convencidos de que era la mejor forma de dejar claro un error a corregir, sin embargo, el ánimo difícilmente sería reparado.

4. Presencia perenne. El arraigo con el que la acción de calificar un trabajo con lápiz rojo se demuestra con la cantidad de generaciones de nuestros egresados normalistas que siguen haciéndolo, no sé si con la misma actitud, pero sí para diferenciar cada una de sus decisiones al momento de expresar qué tan convencidos quedaron del trabajo de su aprendiz, porque habría que admitirlo, por mucho que nos hayamos inventado estándares de aprovechamiento y de competencias, una calificación cargará siempre con un gran porcentaje de subjetividad y apreciación por parte de quien está a cargo de la materia a tratar, lo que incluye la cantidad de información manejada, el poner en claro las ideas, el riesgo del razonamiento y la sorpresa que le provoque el trabajo. Salud.

Beto

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