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miércoles, 11 de febrero de 2026

El valor del pasado

El pasado conforma el primer
programa educativo. Foto: BAER
Irapuato, Gto.-

1. En lo cotidiano. A diario vivimos de afirmaciones y reafirmaciones de lo que tenemos y de lo que somos, para ello utilizamos herramientas físicas y virtuales que nos visten según lo que vayamos a realizar cada día; una de esas herramientas es nuestra memoria, todo el cúmulo de recuerdos que forman en varias ocasiones, la trama de respuestas a los problemas recurrentes y a los no tanto. No todo lo pasado es recordable ni olvidable, ambas partes cumplen con el cometido de mantener en buen funcionamiento nuestro cerebro; los eventos pasados tienen un valor que aumenta conforme pasa el tiempo y también se vuelven más impactantes si se les sabe administrar, ya que tienen la característica de convertirse en presentes cada vez que los contamos y entre mayores somos, más necesidad de recuerdos tenemos por compartir.

2. En el aprendizaje. Más allá de la historia como ciencia, pero teniendo a ésta como la base para calificar lo que vamos a creer y lo que no, a los humanos nos gustan las narraciones, algo que ya había mencionado en otra ocasión, la supuesta razón también pero faltaría tratar su efecto en el aprendizaje. Saber que algo ya lo han hecho otros, nos da cierta seguridad sobre la razón y los resultados obtenidos, la curiosidad por realizarlos con la certeza de que, en caso de alguna diferencia, no tendríamos que revisar a ciegas como los precursores de esos experimentos, estudios o enfrentamientos con los fenómenos propios de nuestras prácticas; las formas pueden cambiar pero los orígenes son una base sólida cuyas referencias son esas pistas a las cuales regresar en caso de duda.

3. En lo laboral. La historia laboral dibuja un perfil que nos acompañará toda la vida, sin embargo, sólo se hace visible en eventos muy especiales que tienen que ver con el inicio o el final de una etapa en nuestras actividades profesionales, en algunas presentaciones personales, ayuda a ubicar a un interlocutor o un público, el ámbito en el que nos desenvolvemos. Los que ya cumplimos con la obligación de ser productivos y ahora lo somos por gusto, estamos conscientes de que el aprender cosas nuevas ya nada tiene que ver con la acumulación de certificados puesto que ya no somos sujetos de empleo ni de un crédito a gran escala, aunque como ahora lo que se hereda son las deudas, serían capaces de otorgarme uno para tener a alguien de mi familia cautivo en un compromiso que nunca pidió.

4. En la cultura. Aquello hecho por nuestros antepasados va a ser objeto de una veneración marcada por el gusto de alguien poderoso que indicará qué vale la pena y qué no, según sus intereses por supuesto. Seremos lo que una tradición impuesta o la imagen de ella, nos dicte, casi sin cuestionarse porque, para ser sinceros, nos facilita la tarea de encontrarnos a nosotros mismos. Una prueba de ello la tenemos en la idea de que éste es el país azteca, nombre que hemos portado con orgullo suponiendo que con ello, representamos a todos los pueblos prehispánicos que conforman nuestras muy variadas raíces, pero que no significaron más que doscientos años de toda la historia de Mesoamérica y como eso, hemos adoptado una serie de datos que sólo han servido para simplificar nuestro legado. Salud.

Beto

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