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| Confiar no es por fuerza dejarlo todo a la suerte. Foto: BAER |
1. La chiripa. Ya en otra ocasión mencioné este vocablo al cual hemos arraigado mucho de lo que emprendemos y logramos, pero no es un simple equivalente de la suerte, porque la casualidad en México tiene algunos rasgos divinos, es decir, es producto de la chiripa; la casualidad simple es cosa humana, la chiripa es extraterrena porque hay que negociarla con alguna divinidad y la chiripa, en ese sentido, tiene que ver con el humor con el que hayan amanecido ambas partes. Los elementos que componen a la chiripa son las monedas con las que se hará la transacción, la cual en toda ocasión, deberá los involucrados manifestar conformidad sin reclamo alguno, debido a que desde las primeras negociaciones, es decir, oraciones, lo solicitado quedará tan claro como las consecuencias que ello pudiera traer. Ajá.
2. El a’i se va. Es denostativo y tramposo aunque ya casi no se oiga decir, pero sigue presente reflejando un rasgo que pareciera tenemos incrustado en la piel o en los huesos; «a’í se va», «como sea» deberían estar en el exilio pero sólo han mutado a otras expresiones que no se mantienen fijas, sino que cambian constantemente de rostro y nada más vuelven de vez en cuando para recordarnos que siguen aquí, sin mostrar signos de querer irse. Por mucho que hayamos pasado campañas motivándonos a hacer las cosas como se debe con aquello de que «lo hecho en México está bien hecho», seguimos observando conductas en las que denotamos que nos importan poco los resultados y que los demás deben soportarlo porque así manejamos las cosas por estos lares y a voz en cuello gritamos ¡comoméxiconohaydos!
3. ¡Ahorita! El tiempo es relativo, decía Einstein, pero imagino que nunca se enteró de lo laxo que puede ser éste en México; de motivo de vergüenza, la impuntualidad pasó a ser motivo de orgullo y presunción, al grado de inventarnos estrategias para que «la gente» sea puntual. No sé de dónde salió la idea de que en una reunión cualquiera, ésta empezará siempre una o dos horas después de la señalada, tampoco entiendo cómo es que la mayoría aceptó esa tontería como verdad. Las disculpas para ese razonamiento son de lo más disparatado: «todos empiezan a llegar...» y cada quien pone su hora; «no vale la pena llegar tan temprano (a barrer)...»; «el ambiente siempre empieza más tarde» y luego resulta que no encontramos lugares adecuados por llegar a deshoras.
4. Orgullo nacional. Está basado en la victoria, pero no en las obtenidas sino en la obligación de lograrlas en donde sea y sin dar cuartel, ahora que, si se logra desde una posición desventajosa (que parece ser la única que vale), toma dimensiones de apoteosis. La historia no nos favorece por lo que intentamos compensarla con hazañas deportivas, pero escogimos mal la disciplina ya que nos creímos el cuento de que somos buenos por naturaleza sin averiguar con qué herramientas podríamos mejorar nuestro rendimiento, de acuerdo a nuestra morfología e idiosincrasia, por el contrario, confiamos únicamente en nuestras facultades y luego andamos importando ideas y entrenadores que nada tienen que ver con nuestra cultura, es decir, tampoco les damos tiempo para observar y funcionar. Salud.
Beto

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