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miércoles, 28 de enero de 2026

El peso del perfeccionismo

La perfección se encuentra en aquello
que nos hace felices Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Quién es perfeccionista? Cuentan algunas historias de vida, que la voluntad bastó para que un individuo se diera a la tarea de conquistar un territorio, un reino o al mundo entero, al menos el mundo conocido entonces; esa labor, como la de los científicos, los músicos, los actores que lograron mantenerse en y de su actividad, sólo pueden realizarla los perfeccionistas, seres que ven en la simetría, la armonía y el equilibrio (por mencionar algunas características) la única aceptable de expresarse; son capaces de encontrarlas en cualquier lugar y con cualquier persona, pero no todas juntas como sería su deseo. Algo o alguien sería armonioso, pero no simétrico; o simétrico pero no equilibrado. Ser perfeccionista no resulta sencillo si además se descubre que uno mismo no cubre las expectativas.

2. Un valor humano. Lo diré sin el ánimo de menospreciarlo puesto que establecerlos, tuvo que costarle a la humanidad sangre, sudor y lágrimas, posiblemente alguno que otro fluido que no considero pertinente mencionar en este momento pero que, seguramente, se tomó su tiempo; aparte de las creencias, todo aquello que nos cuesta trabajo no puede ser un don y pensar, ¡ah, qué trabajo cuesta! Pongámoslo así, los valores tuvieron que ser pensados, pensar es un trabajo y como las divinidades nunca han trabajado, no pudieron otorgarlo como don, además, si eso fuera, no tendría chiste pensar. La perfección, entonces como valor, requiere de tiempo y trabajo puesto que por sí misma debe llamar la atención, no para imponerse, sino para entrar en ese extraño contubernio con quien la percibe.

3. Exactitud relativa. Muchas de nuestras contradicciones provienen de la tendencia a tratar de alejarnos de cualquier compromiso que involucre a más de una persona; el arribo a medias del concepto de relatividad, nos dotó de un pretexto hechizo que parece liberarnos de empeñar nuestra palabra en ser exactos en nuestras afirmaciones, como el ser impuntuales como resultado de la responsabilidad de otros o como mantenernos eternos adolescentes por mera diversión. Aunque sí exigimos que los servicios como el transporte cumplan con su horario, que las instrucciones de las dependencias gubernamentales sean claras y precisas o que, como adultos que son, quienes ofrezcan servicios cumplan totalmente con lo que publicitan, porque como clientes, todos tenemos la razón.

4. La perfección en lo inacabado. Los seres humanos somos perfectibles, pero esta apreciación proviene de una concepción de que sólo lo exactamente proporcionado es perfecto y esto es una meta; el error está en la objetivación de la naturaleza en general y la humana en particular, tratando de medirlas con instrumentos inventados (teóricos) como la geometría, las matemáticas o el diseño. Creemos que para que algo sea bueno y perfecto, sus partes deben ser equidistantes respecto de su centro, que debe estar parejo y en número deben ser iguales. Eso está bien para los objetos que pueden limitarse a ello, pero para los seres vivos es como ponerles grilletes e impedir con ello que su belleza se desarrolle o, peor aún, echarla a perder queriendo transformarla en las estructuras que nuestra pobre imaginación produce. Salud.

Beto

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