![]() |
| El adoctrinamiento hace que veamos sólo una parte de la realidad. Foto: BAER |
1. Confianza total. Un ser vivo que no ha tenido contacto con el peligro, no tiene razón para temer a alguien malvado, puesto que nadie le ha hecho daño ni con fines didácticos; si a esa confianza se le alimenta tergiversando los valores, obtendremos seres con comportamientos distópicos que verán como bueno aquello que es malo. Si echamos una mirada a una de nuestras bases, tenemos como pilar un mandamiento que dice no «robarás» y otro no «matarás», contradictorio si recordamos todas aquellas guerras en las que se robó y mató en nombre de la religión; o ¿qué tal eso que «ante la ley, todos somos iguales» y «justicia para todos»? Y la historia universal es una larga lista de despojos por imposición con matanzas de por medio, sin embargo, seguimos confiando en los discursos.
2. Seguimiento a pesar del error. En toda guerra siempre hay el que agrede y el que se defiende e, involuntariamente, los que pagan los platos rotos, generalmente la sociedad civil; aceptamos que haya guerra, hasta creemos que por cuestiones económicas, ésta es necesaria debido a que cada cierto tiempo la producción y sus valores se «estancan» y sólo un enfrentamiento bélico puede desatorarla. Los patriotismos hacen su aparición y con ellos, el odio a desconocidos que nada tienen que ver con la propia realidad, pero que seguramente fueron blanco de una propaganda semejante y sienten lo mismo en reciprocidad. El enfrentamiento se da entre seres ignorantes los unos de los otros para defender causas que son el parapeto de grupos en el poder que no tienen idea de cómo mantener una economía sana.
3. Beneficios adicionales. Obviamente, no los hay de facto, debido a que una doctrina busca simplemente la obediencia y lo que ordena, por lo general, es tener la paciencia para alcanzar el premio prometido-, habrá quien piense en la esperanza como un beneficio adicional, pero como prima segunda de la motivación que es, alguien externo puede detonarla, pero el mantenerla es responsabilidad personal. Podríamos pensar que si tenemos esperanza es gracias al sistema de ideas inculcado desde una plataforma religiosa, sin embargo, aunque tienen algo que ver, ésta se nos inculca desde casa, empezando por aprender expresiones como «ojalá» (quiera Alá) y otras que nos encaminan a aceptar realidades fuera de este mundo a las cuales accederemos una vez que hayamos muerto, por lo cual según ellos, sufrir aquí no importa.
4. Convencimiento pleno. Quien haya inventado la palabra fe, quizá no se imaginó el alcance que tendría su monosílabo para mantener a grandes grupos de personas enfocados en un mismo punto, su definición implica un uso mínimo de razón, criticidad nula y una confianza plena en que todo saldrá bien; no creo que tener fe sea malo, lo censurable es que la pongamos en objetos, situaciones o eventos que salen de nuestra comprensión, por tratarse de algo que sus justificaciones sirven más para velarlos que para aclararlos. Por desgracias, al ser utilizada más que nada en ambientes religiosos, al usarla en otros, ya viene «contaminada» con las implicaciones anotadas líneas arriba, lo que le restaría validez, por ejemplo, a una práctica científica o a cualquier otra que requiera de un razonamiento profundo, las doctrinas plantean así sus disyuntivas. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario