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| El saber es resultado de experimentar. Foto: BAER |
1. Comprobación de textos. Creencia y sapiencia pueden ser complementarias porque ambas convergen en un punto medular de nuestro desarrollo cognoscitivo que es la confianza; un estado así nos permite estar abiertos a posibilidades y poner atención en detalles que puedan modificar lo que creemos y lo que sabemos hasta el momento, en el entendido de que ambos son temporales y cambiantes durante toda nuestra existencia. Confiamos en nosotros tanto como en eruditos que nos han facilitado en conocimiento de aquellos fenómenos que ilustran lo que sucede en el mundo desde la óptica de las ciencias; confiamos en sus resultados pues, al dejarlos plasmados en textos, nos facultan el comprobarlos mediante la réplica de sus experiencias y con ello, podemos creer en su método y saber que sirve y es cierto.
2. Atestiguamiento en el campo. Ser testigos de un hecho viene a dar cierta validez a nuestras palabras, vivir los eventos nos provee de una perspectiva respetable a quienes estuvieron ausentes, por lo que se busca estar presentes por cualquier medio; en materia de investigación, es requisito indispensable el contrastar las teorías en el campo, condición sin la cual no tendríamos la seguridad de que lo encontrado puede ser replicable. El «campo» es distinto para cada ciencia, pasando por la misma tierra, hasta lugares abstractos como en la física cuántica; respecto de las ciencias sociales, los campos se multiplican según las cualidades de los grupos a estudiar, siendo ellos mismos variantes temporales, así que su vigilancia puede durar años en algunos casos, pero se aconseja que el tiempo no sea demasiado, para no perder la intención.
3. La consistencia. Aunque no es garantía de aprendizaje, sí permite estar más cerca de él que el abandonar todo a la primera oportunidad; tener algo que sea consistente con otra cosa, permite establecer patrones identificables al punto de que, con el tiempo, esas coincidencias sean las pistas para resolver los problemas, esto es, la consistencia es el resultado de la constancia, una vez que identificamos las semejanzas o continuaciones en objetos o situaciones, con el tiempo nos serán tan familiares que no se nos dificultará demasiado encontrar respuestas. Es como cuando estamos aprendiendo a tocar la guitarra e identificamos los componentes de un círculo, es decir, los cuatro acordes que integran a cada uno y nos encontramos con una canción que en un pasaje termina en re séptima, sabremos que el acorde siguiente será sol.
4. Poder replicarlo. Los resultados de una investigación no tendrían relevancia si no pudiera repetirse el método con el que fueron obtenidos, recordemos los experimentos sugeridos en el salón de clase y la sensación resultante al comprobar que sí los habíamos hecho bien, teniendo como fin el saber. A veces no es necesario un laboratorio para replicar experimentos, en la vida cotidiana solemos realizarlos, por ejemplo, al comprobar si es cierto que un limpiador de pisos quita las manchas como su publicidad presume o si un sobre de arroz rinde lo mismo que dice su etiqueta o si un medicamento es tan efectivo como afirma el anuncio televisivo. Experimentamos todos los días con útiles escolares, con muebles, con materiales eléctricos, siendo esas simples acciones la comprobación de que nuestro cerebro funciona. Salud.
Beto

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