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| Cambiamos, pero siempre hay algo que nos identifica. Foto: BAER |
1. Fundamentos ambiguos. Cuando un dato pasa de la sabiduría personal al conocimiento general, supone que existe en torno a él una convención a la cual varios notables le encontraron lógica y verificabilidad; cuando la vida cotidiana no es objeto de registro, el tratar de compendiar sus momentos cumbres en cualquier región o población, resulta difícil y frustrante. Por lógica, en un poblado pequeño, proponernos vivir de la crónica local es complicado porque no se le vería utilidad, dado que en esos lugares «nunca pasa nada»; en ciudades grandes, las trabas serán otras, por ejemplo, el tiempo de los recorridos para recuperar o levantar documentos que ilustrarán sus famosos episodios históricos, pero en el proceso de convertirse en un poblado grande, se habrán discriminado algunos que no parecieran en su momento, muy relevantes.
2. Los derechos humanos. Todos sabemos de qué trata y que están mal aplicados, entendemos las razones de ello, pero no el porqué debemos soportarlo; la posesión de armas de alto calibre por parte de la delincuencia organizada debe ser una buena razón, claro, el ambiente de violencia y extorsión también, no obstante la resignación, podríamos pensar en el fondo que eso no es justo. En primera, porque el espíritu de tener derechos humanos se ha tergiversado de tal manera que parece que están hechos para los delincuentes, pero no para cualquier delincuente, si a uno de nosotros se nos ocurriera violar la ley, nos caerían encima con todo su peso, no así a los integrantes de los cárteles; ustedes dirán «será porque les tienen miedo las autoridades» y yo contestaría sí, pero también porque nos gobierna un narco estado.
3. La tradición. Todos los pueblos tenemos comportamientos y actitudes específicas para cada evento importante que nos inventamos, ya sea para entretenernos, conmemorar un hecho, difundir una costumbre o realizar actividades cotidianas; las tradiciones van marcando un tipo de relaciones humanas que supuestamente reafirmarán la identidad de los pobladores del lugar y brindarán las formas de diferenciarnos entre nosotros, pero en estas fechas la diferenciación que prevalece es la de quienes siguen realizándolas y quienes sólo las recuerdan ya que no todos estamos dispuestos ni en el entendido de los significados de los elementos que las componen. La palabra tradicional (a veces usada de forma peyorativa) nos remite a algo que está fuera de la modernidad, lo que nos deja flotando en un limbo conceptual.
4. Todo cambia. Somos los mismos, pero otros a lo largo de nuestras vidas; cambiamos de piel al rededor de cada mes, así que en un año estrenamos doce en promedio, pero mantenemos los rasgos esenciales como hoyuelos, lunares o cicatrices que nos identifican ante los demás; nuestros comportamientos cambian pero no nuestro carácter que quizá se transforme un poco con el temperamento, pero sólo se tratará de ajustes; cambiarán nuestros gustos, pero no la manera en que disfrutamos las cosas. Todo cambia, ¿o cambia la manera en que lo percibimos? Las horas duran lo mismo, pero en unas nos invade el tedio y en otras, la felicidad campea. El cambio, como constante, no siempre implica transformación, a veces se manifiesta como una lucha para que nuestro entorno se mantenga igual. Salud.

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