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miércoles, 8 de octubre de 2025

Tuvimos la oportunidad

El cerebro ve lo que quiere ver. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Estrenar la razón. Tenerla no es lo mismo que ejercerla, la tenencia dura sólo un instante mientras que ejercerla saca a flote los detalles de las acciones de la naturaleza o de los humanos. Como sustantivo, la razón queda estacionada en un lugar, pocas veces nos preguntamos por el proceso que nos condujo a ella; es, por así decirlo, un instrumento que nos dará la victoria en una discusión. Como verbo, razonar nos animará a realizar otras acciones como observar, experimentar, comprobar, medir, etc., con lo que estableceremos criterios para calificar una acción y poder entonces aceptarla o rechazarla. Lo mejor de todo, es que cada día tenemos la oportunidad de «estrenarla» puesto que, con cada amanecer, evaluaremos lo que tenemos que llevar a cabo así se trate de eventos nuevos o de aquellos que conformen nuestra rutina.

2. Pensamos como hablamos. Hay microsegundos entre las acciones de pensar y hablar, parecieran simultáneas pero una antecede a la otra, al menos es lo deseable; la velocidad con la que hablamos puede ser indicativo de que lo que decimos está bien razonado pues, en varias ocasiones se nos habrá salido a manera de disculpa la oración «no quise decir eso» por lo que podríamos decir que hablar rápido no necesariamente es signo de inteligencia (la Tarabilla lo tenía ensayado) ni hablar lento lo es de torpeza (las mañaneras podrían ser la excepción). Aunado a ello, la cantidad de palabras y la variedad de expresiones nos darían un indicio de la calidad de la educación y la cantidad de instrucción académica que tengamos, no usarlas podría condenarnos a un estancamiento cognoscitivo difícil de superar con los años.

3. Religión. El pensamiento tuvo que viajar por intrincados caminos y treparse en vericuetos, muchas veces por mero «melatismo», para poder encontrar la razón de la existencia; probablemente, la primera pregunta que nos hemos hecho como especie sea «¿por qué estoy aquí?», un cuestionamiento que los primeros seres humanos deben haber tomado con mucho respeto sino es que con temor, porque una causa debió haber, pero no dependía de ellos, eso era claro, basta con tratar de recordar cuándo decidimos venir a este mundo. Lo malo es que no faltará el que trate de encontrar la respuesta en la reencarnación o el renacimiento con el discurso de la imperfección que hay que solventar hasta la purificación y junto con esa concepción y todas las demás, aparecen los intermediarios que impondrán una especie de régimen.

4. Ciencia. Nuestra principal arma para producir conocimiento, la que pudiera asegurarnos certezas y alejarnos de especulaciones sin fundamento, también ha sido usada para tapar fraudes desde prácticas dudosas, hasta aspectos religiosos carentes de soporte; varios eventos en la historia se han vuelto célebres debido a una única frase que suele ser letal para nuestro entendimiento: «está científicamente comprobado que...», como antesala a algún fraude, como pueden ser los restos fosilizados de un hombre prehistórico (Piltdown, 1912) o las superficies antiadherentes de una sartén moderna que se usan para convencernos de algo que materialmente no existe. La capacidad más explotada que tiene nuestro cerebro es la pareidolia, que nos lleva a ver caras o figuras completas en los ojos de un retrato. Salud.

Beto

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