![]() |
| Se está trabajando en los niveles de concentración. Foto: BAER |
1. Poco interés aparente. Cada vez que nos hemos topado con alguien que está interesado en otra cosa (real o ficticia) que no sea lo que decimos en el aula, lo consideramos como si hubiera cometido uno de los más grandes delitos en contra de la humanidad; lo más seguro es que lo asociemos con una falta de respeto deliberada, pero no vemos una posibilidad alterna, que en realidad a ese «distraído» le interesen muchas cosas a la vez y eso se deba a una de dos opciones: que es verdad que no ha aprendido a concentrarse o a dominar su atención o porque requiere de complementar la información que está recibiendo en un aspecto de la realidad; algunos teóricos aseguran que la atención real que podemos poner en un discurso es de cinco a diez minutos intercalados en pequeños periodos de distracción.
2. Aparentar concentración. Aprender a fingir concentración es una manera de sobrevivencia de nosotros los dispersos, no nada más por distraernos con cualquier cosa, también está el riesgo de que nos pregunten algo en el momento exacto en que están más buenos nuestros pensamientos alternos; no es que pensemos que lo que nos dicen los maestros en clase, un orador en una conferencia o un investigador en un coloquio no sea importante, sino que al ser los intereses que nos llaman la atención tan variados, cualquier referencia a ellos va a hacer que nuestra mente vuele hacia esos derroteros y las coincidencias entre las menciones en su discurso y lo que estemos pensando, nos traerá de vuelta a la clase o a la conferencia en turno. Para no ser pillado en uno de esos «vuelos», los músculos faciales deben estar entrenados.
3. La concentración disminuida. En varias ocasiones, en los diferentes cursos de capacitación y actualización a los que debí asistir en mi tiempo como docente, escuché a los instructores mencionar que en general, la atención en una tarea dura entre diez y veinte minutos, por lo cual me preguntaba en mi cada vez lejana adolescencia teórica, ¿por qué entonces las clases duran una hora? O en la primaria ¿por qué tratamos de atender a una persona por más de cuatro horas? ¿No sería más productivo que las clases fueran de veinte minutos con cinco de descanso entre ellas? Incluso, la recomendación entre los profesionales actuales del periodismo es que, al hacer las notas se entiendan éstas en los primeros dos o tres párrafos, a menos que atendamos a lectores expertos que logren consumir reportajes enteros.
4. Los grandes distractores. Por supuesto, ni las clases serán más cortas ni las notas se escribirán con chistes (perdón Catón, pero lo tuyo es una columna); hay la posibilidad de recurrir a las micro clases, que no son otra cosa que dar la explicación de la teoría y la indicación de la práctica en un periodo de entre cinco y veinte minutos, para que el tiempo restante se dedique a desarrollar habilidades específicas, ya sean mentales o motrices, de cualquier manera para efectos de su administración, deberá cubrirse una hora por clase porque este tipo de sesiones está pensado para la mejora de la enseñanza y no necesariamente para el desarrollo del aprendizaje, por lo que la lucha en contra de los distractores mantiene cierta desventaja por la lenta adaptación de la tecnología a la educación. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario