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| Al libro como a los muebles, hay que saber dónde ponerlo Foto: BAER |
1. Lectura indirecta. Pensar en que Julio Verne pudiera ser un autor de cajón en las primarias del país, nos coloca frente a consideraciones sobre su pertinencia para edades tempranas y más allá de la implementación de adaptaciones en libros infantiles, está el arma secreta de la lectura en voz alta por parte del maestro. Los beneficios palpables serían a saber, mostrar ejemplo lo cual es bien sabido que es lo más impactante para obtener resultados, activar la inventiva del docente, ya que debería traducir lo escrito en el libro a un lenguaje accesible a sus alumnos. Un tercer motivo sería la creación y fortalecimiento de un vínculo afectivo tanto con el docente como con los libros por parte de los alumnos; lo que más importa es generar el hábito de la lectura como cuando empezamos a caminar.
2. Primeros contactos. No existe una regla que defina cuál o cuáles deban ser las lecturas con las que tengamos nuestro primer contacto, lo cual ha facilitado la creación de múltiples formatos y estilos que también van moldeando una amplia variedad de gustos; si tuviera que señalar una base para identificar a las lecturas infantiles (por algún lado debemos empezar) diría que tradicionalmente las distinguen los grabados intercalados entre los textos, todos muy coloridos, con imágenes fabulosas y animales u objetos antropomórficos; para la literatura juvenil, la cantidad de grabados habrá disminuido y su mayor gancho estará en las cubiertas, con características semejantes a las de la literatura infantil pero integrando sentimientos profundos, que en la literatura adulta estarán integrados totalmente en la trama.
3. Agarrando vuelo. Conseguir el aficionarnos a uno o varios géneros literarios es relativamente fácil, basta a veces que alguien con autoridad nos indique el camino a seguir para la adquisición de las obras, sin embargo, el tema económico siempre se presentará como uno de los primeros obstáculos para hacernos de los volúmenes que deseamos tener en nuestra biblioteca; si logramos superar la etapa de las compres emergentes, si establecemos un plan de ahorro para la adquisición de libros, seguramente veremos que, además de la lectura, las compras serán más racionales, pues no sólo atenderemos a los contenidos, sino que, estableceremos la cantidad de dinero que queremos destinar a ello, lo que beneficiará también en cuanto al espacio que dispondremos para su almacenamiento.
4. Fácil decisión. Las fronteras espaciales están bien delimitadas en cuanto a la generalidad, sin embargo, cada lugar es un microcosmos en el que convergen múltiples entes que podrían repetirse en cada uno de los cuartos de la casa, por ejemplo, es natural que haya libros en la biblioteca o el estudio, pero también podemos encontrarlos en las habitaciones, la sala, en la cocina ¡y hasta en el baño! Y es posible que respondan al ambiente específico del lugar, como un recetario. Para quienes tienen claro el manejo de los espacios, no les representa ninguna dificultad mover cosas y cambiar distribuciones cuantas veces sea necesario, pero para la mayor parte de la gente que conozco así como a mí, nos parece que al dar con el acomodo que nos llama la atención, así quedará para siempre. Salud.
Beto

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