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| La oferta educativa apunta a facilitar las tareas del alumno, no las del maestro. Foto: BAER |
1. La eterna dicotomía. Todo es cuestión del prestigio que se hayan formado las instituciones en la ciudad donde estén, lo curioso es que la línea que se sigue para ello es la del dinero y el ánimo con el que se vea éste; al tener la oportunidad de estar en ambos sistemas (el de gobierno y el particular) tanto como estudiante como docente, pude observar diferencias sutiles que tratan de establecer cierta supremacía de una sobre el otro. Hay acuerdos tácitos que difícilmente cuestionaremos, menos si no contamos en lo cotidiano con parámetros para medir su eficiencia, como el considerar a la UNAM como la máxima casa de estudios del país, así sin más competencia que su afirmación por parte del gobierno federal, lo cual es lógico si pensamos que no puede afirmar otra cosa ya que es quien la subsidia.
2. Desde uno u otro lado. En el tiempo en que fui hijo de la UG, estaba plenamente convencido de que la educación que provee la federación, estados y municipios era la mejor del país, porque quien tiene que pagar para que le enseñen, es porque no tuvo la capacidad para pasar el examen de admisión; posteriormente pasé a las filas de la educación de paga y mi visión tuvo que cambiar pues no sólo no había gente que «no había podido», sino que presentaba menos ataduras para expresarse en términos teóricos ni en los que conciernen a los sentimientos. No digo que sea mejor por naturaleza, pero al menos la competencia no es tan encarnizada como la creemos en las aulas estatales, ni tampoco es el puro privilegio como nos la hacen ver los directivos; cada egresado de los dos sistemas sale con las ventajas y los traumas que haya cultivado en su institución.
3. Cuestión de costos. Más del sesenta por ciento de la población en edad académica, debe optar por la educación que brinda el estado, no porque ésta sea mejor, sino porque no le queda de otra; la economía emergente que padecemos como nación, no nos permite la libertad de escoger el sistema educativo que queremos para nuestros hijos, lo mismo que les pasó a nuestros padres y también a los suyos, porque el fenómeno de la crisis no es de lo más nuevo que digamos. También está el pequeño detalle de los costos, estrategia para separar a las clases sociales, costumbre ancestral que viene de una visión esclavista de aquellos señalados por algún dedo divino. Por desgracia, debido a la costumbre de ver a la educación como acumulación de conocimientos, no se lleva con la tradición compadrística laboral.
4. Los programas educativos. La primera imagen que se nos viene a la cabeza, es la de que los contenidos que se manejan en los programas actuales son poco profundos y probablemente así sea; cuando hojeamos las páginas de los libros de texto actuales, posiblemente nos damos de topes porque la mayor parte del contenido nos parece complicado, inconexo y extraño, nada parecido a lo que se nos enseñaba en la primaria y en la secundaria, pero si ponemos atención, quizá veamos que todo parece haber sufrido un simple cambio de denominación, con lo cual, terminamos explicándonos las lecciones allí escritas, como nos las explicaron en nuestra niñez, eso sí, también es posible que notemos que dichos contenidos fueron recorridos en los grados, es decir, lo que se veía antes en quinto, ahora se ve en sexto. Salud.
Beto

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