![]() |
| Lo natural es contratar a quien nos resulta conocido. Foto: BAER |
1. Dinero no llama dinero. No creo que Fernanda Familiar se haya imaginado la revelación que me provocaría el pasado 19 de junio en su viaje a la ciudad de Puebla, cuando entrevistó al maestro Jorge Pérez Avendaño, director de difusión (creo) del Tecnológico de Monterrey campus de esa localidad, por varios motivos, uno de ellos fue el mencionar que dicha institución ocupa el puesto quincuagésimo segundo en el ranking mundial de universidades, posiblemente privadas (o públicas también, no alcancé a escuchar el dato completo); fue muy significativo el coincidir con ese programa pues una de las cortinas que generalmente nos impide entender el mundo laboral casi cae por completo. Pareciera que la escuela que se dedica a preparar a empresarios, hijos de empresarios también, mentía por estar afirmando que tenían la mejor aceptación de la población por preparar a los mejores empleados.
2. Se impone el amiguismo. No lo atacaré porque es natural que depositemos nuestra confianza en quienes consideremos más cercanos ya que hay que trabajar menos en ellos que en desconocidos; las implicaciones son varias pero concentrémonos en lo que nos mueve para trabajar, que es el pago por hacerlo. Un sueldo no es algo que se desdeñe nada más porque sí, a menos que no queramos trabajar, las exigencias actuales sobre el prepararnos para triunfar abarcan, además de la sobrevivencia, el status, el prestigio y la actualización tecnológica doméstica, el tener un conocido que pueda ofrecernos un puesto en su empresa; todos quisiéramos que la paga por lo que hacemos fuera lo más remunerativa posible para que no sólo cubriera las necesidades básicas, sino que cubriera con creces lo suntuario, pero eso en este país, de las conexiones que hayamos hecho en la vida.
3. La ley de su parte. Lo anterior en sí mismo, no es ni bueno ni malo, pero lo define un ingrediente que no hemos podido erradicar en cada relación laboral que se establece de manera sospechosa, que es la corrupción; la hay cuando se convoca a profesionales a un concurso por un puesto y dicho concurso es sólo una estratagema para «taparle el ojo al macho» ya que el puesto está dado a una persona en específico, también cuando, curiosamente, los recortes de personal se dan sobre personas contratadas por alguien que tuvo alguna desavenencia con un alto ejecutivo de la empresa; qué tal en el caso de acomodar las leyes para que los trabajadores no tengan opción de hacer antigüedad y por ello se les contrate por periodos cortos y, además, se les hace firmar por anticipado su renuncia «voluntaria», pero con un discurso motivador para que «se pongan la camiseta».
4. ¿A quién conoce? En las pocas (o muchas) ocasiones en las que asistí a una entrevista laboral, me resultó curioso que me preguntaran si conocía a alguien en la empresa, invariablemente mi respuesta fue no. No podía ser de otra manera porque, como he dicho en varias ocasiones, no me esforcé en crear vínculos de amistad con quienes tuvieran dinero, loable desde el punto de vista del proletariado (y también clasista) pero craso error si lo que quería tener era un buen negocio, el caso es que llegué a pensar que el confiar en mi trabajo nada más se había convertido en un punto en contra porque los empleadores no tendrían un punto de referencia para saber cómo tratarme o quizá haya sido lo contrario; lo que me deja es que no importa la escuela a la que se asista, lo que vale es hacer relaciones. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario