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| Así como las obras y los resultados son nuestros, las consecuencias también. Foto: BAER |
1. Ellos qué iba a saber Desde la «Visión de los vencidos» de Miguel León Portilla, no conozco otra obra que nos brinde una visión alterna de la que oficialmente se nos proporciona en la escuela; traducida al inglés como «The broken spears», la obra nos muestra una posible versión de lo ocurrido a partir de 1521 con el pueblo mexica, lo que no representa misterio alguno dado que hay una relación sobre la manera en que l número de pobladores de México-Tenochtitlan se vio diezmado por la epidemia de viruela traída por los españoles, es decir, no hubo un genocidio, sólo un accidente biológico en el que un grupo había desarrollado resistencia a la enfermedad y otro no, en todo caso, su culpa (la de los europeos) fue asumir en todos los sentidos, que sus circunstancias eran las de todo el mundo.
2. Seguimos buscando culpables. Es cierto que cada uno escoge las batallas que quiere pelear en lo individual, sin embargo en lo colectivo, dejamos que otros decidan por nosotros; la historia la escriben los vencedores, pero no en nuestro caso, desde la manera en como nos reconocemos y nos denominamos, es notorio que tenemos la costumbre e identificarnos con los vencidos porque eso fueron los aztecas o correctamente los mexicas. ¿Por qué no llamarnos otomíes, mixtecos, purépechas o tlaxcaltecas? Estos últimos, los verdaderos vencedores del sitio de Tenochtitlan y hasta conquistadores de las Filipinas; pero no, preferimos invocar a la fatalidad y hacernos las víctimas históricas sin más destino que sufrir por la voluntad de los pueblos extranjeros, principalmente españoles, franceses y gringos, aunque en realidad ni nos pelan.
3. Seamos responsables. Como el laboratorio que es, el aula nos prepara para ser hombres y mujeres de bien, esto es, responsables de nuestros actos, sin embargo, algo falla en el proceso pues la mayor parte de los egresados de todos los niveles, sale con la creencia de que la parte negativa de la sabiduría popular (el que no transa no avanza) es lo que priva para sobrevivir, generalmente a costa del otro, pero como «todo el mundo lo hace», nadie tiene la culpa. Entonces, requerimos que desde esas cuatro paredes se geste una nueva forma de ver el pasado, algo que ya autores independientes como Francisco Martín Moreno, Juan Miguel Zunzunegui y Pedro Fernández han venido haciendo desde hace tiempo y si sus obras no son «aptas» para los programas de estudio, sería conveniente que desde la SEP se les diera un vistazo.
4. Y a lo que sigue. La obtención de una meta en el caso de la instrucción académica no se limita a colgar un papel en la pared, la indagación de todo lo concerniente a la práctica profesional es indispensable para saber qué caminos tomar para mantenernos vigentes; las grandes ideas surgen del proceso mental que se lleva a cabo con la información acumulada, los panoramas se amplían en la medida en que los datos son más variados y los temas más profundos, lo que parece evidente, el problema está en establecer esa profundidad porque, ¿quién es este país se ha tomado la molestia, desde la Secretaría de Educación, de justificar la complejidad de los contenidos de los libros de texto? Lo que hemos visto es que dichos contenidos van simplificándose cada periodo y con ello, el abaratamiento de algunos lenguajes. Salud.
Beto

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