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miércoles, 18 de junio de 2025

La verdadera historia

Debemos ser fiables para
los futuros lectores. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Controversia para empezar. Todo suele comenzar en un salón de clase, ya sea como el depositario de los avances de las ciencias o como el santuario donde se venerará a los actores de dichos avances, la confianza se vuelve fe y lo dicho por otros se aprende como pasajes bíblicos; no es sino hasta que alguien con la reputación suficiente contraviene lo plasmado en los libros, que volteamos hacia nuevas formas de ver y hacer, lo que en las ciencias experimentales es muy apreciado, hasta se espera que algo así suceda continuamente, sin embargo, en las ciencias sociales no sucede así. Lo escrito por medio de ellas, contrario a lo que sucede en las sociedades tangibles, tarda mucho en cambiar debido a que sus investigaciones deben poner un alto, pues si así no fuera, nunca se tendrían resultados.

2. Historiador universal. La práctica podrá tener directrices, pero lo averiguado estará supeditado a las consideraciones por los conocimientos y prejuicios de cada historiador, así como la circunstancias imperantes en lo político-social y económico, es decir, el historiador es susceptible de trabajar por encargo. Cada pueblo ha hecho lo mismo, buscarán las versiones (algunas veces con el pretexto del misticismo) que los haga verse buenos y vencedores, lo anterior parece contradictorio cuando la mayoría de los grupos en el poder, presumen de preocuparse por aquellos a los que dirigen cuando en realidad lo único que hacen es aprovecharse de ellos. La situación general no ha cambiado en siglos, sin importar el sistema de producción, el esquema de poseedores-desposepidos sólo cambia de cara.

3. ¿Se puede interpretar? Una afirmación que de verdad creo que tiene coherencia y validez, es que la historia se compone de interpretaciones, las que responderán a quien tenga el poder en el momento de ser redactada; está, por el otro lado, nuestra arraigada tendencia a dividir las «actuaciones» en buenos y malos, donde los primeros somos nosotros como individuos o como grupo y los segundos, lo mismo. Un estudio histórico de verdad objetivo debe empezar por entender a quién lo escribió, con lo cual nos queda clara la perspectiva de lo que está narrando, como en parte hizo León-Portilla con su «Visión de los vencidos», por desgracia, el oficio de historiador requiere de recursos que pareciera que sólo el estado está dispuesto a financiar, así que un sesgo gubernamental es inevitable por lo pronto.

4. Podría considerarse la fragmentación. Cada región, cada poblado tiene en sus manos su propia historia que podríamos ligar entre ellas para tener el contexto general de lo sucedido en el país, sin embargo, la tendencia centralista sigue marcándonos por lo que nos quedamos con la idea de que sólo lo acontecido en la capital de la república o en las grandes ciudades es lo que realmente cuenta, por lo tanto, lo que sabemos de nosotros está fragmentado en miles de pedazos que, posiblemente, estén resignándose a desaparecer. Como muy pocas cosas son absolutas, no todo es negativo, hay en la red esfuerzos dedicados a compilar esos fragmentos, algunos corregidos y otros no, que pueden ayudarnos a comprender el producto que somos, un claro ejemplo es la página de facebook «Irapuato de mis recuerdos» que, además, se presta al diálogo. Salud.

Beto

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