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miércoles, 28 de mayo de 2025

Las cosas como son

La seguridad también está
en lo que decimos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Ése no es su nombre. Las narraciones deportivas son un compendio de licencias a veces literarias, de un grupo de empleados de los medios que ven como su máximo logro el inventarse frases todoterreno para usar en toda ocasión; al trasladar esa tendencia a la vida cotidiana, nos encontramos con entusiastas que hacen de la ignorancia, la base de su simpatía y no me refiero al desconocimiento de términos y conceptos, sino a la descontextualización de los mismos, ya en otro escrito había mencionado nuestra tendencia a «suavizar» las cosas posiblemente para no molestar o para no comprometer nuestra palabra, lo que ha creado como si de una bola de nieve se tratara, un ambiente empapado de ambigüedad donde a las tonterías las llamamos errores y a los delitos... también.

2. Yo te bautizo. Podría declarar como tramposa o timorata la costumbre que tenemos de no llamar a las cosas por su nombre, el temer al compromiso que eso conlleva, nos hace utilizar preposiciones (como), anglicismos (bro) o palabras compuestas inventadas (amigovios), por dos posibles razones: suponemos que nos vemos «modernos» y no sentimos que nos «vendemos» con las palabras correctas. Si comparamos la palabra «hermano» con el vocablo «brother», descubriremos que tienen pesos distintos, mientras en español nos exponemos hablando en serio, en inglés (fragmentado) lo hacemos en broma, para no tomar las cosas tan a pecho ya que la lengua de Shakespeare nos suena hueca, sin sentido y atemporal, total como toda moda, al rato la desecharemos por alguna otra.

3. Apellidos y apodos. Ambos adquiridos sin que haya mediado nuestra voluntad; el apellido nos cae ahora de manera «natural» como símbolo de pertenencia a un clan, a lazos de sangre que se evidencian con los rasgos faciales y las formas de pensamiento que igualan ciertos intereses; el apodo se gana sin competir, suele ser el resultado de un error cometido, de alguna característica física o de algún problema recurrente que, por lo general, ponga en aprietos al portador. La aceptación es el único camino para que no se convierta en una carga vergonzante, lo que a la larga se convierte en un distintivo. Hay algunos (como los futbolistas) que los usan juntos, por ejemplo el «Popeye» Trujillo, el «Piojo» Herrera, la «Peque» Rubio o la «Maga» Ovalle de uso tan natural que nos resulta muy familiar.

4. El nombre los es todo. Los significados cobran interés cuanto más nos enteramos que nuestros nombres los tienen, esto porque es raro que los papás digan el porqué escogieron el nuestro, a menos que se trate en honor de un pariente cercano; en el mejor de los casos, será porque nadie en la familia tiene ese nombre, pero ¿cuántas veces hemos escuchado lo que esto trae como compromiso? Es decir, ¿qué es lo que se espera de cada uno según el significado de nuestros nombres? Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos descubierto que alguien llamado Guillermo es verdaderamente una «voluntad protectora» o que un Ernesto sea «perseverante y serio»?; en mi caso, creo que se las voy a deber porque la «brillantez por la fama y el éxito» aún no se me nota, sin embargo, ¿quién quita y sí se da? Salud.

Beto

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