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| A veces hay que interpretar un papel que no nos queda del todo. Foto: BAER |
1. Escolarización respecto de la edad. Los teóricos de la psicología lo tienen muy claro, a cada grado escolar le corresponde una edad biológica; no puedo decir que entiendo perfectamente nuestro desarrollo cerebral, pero sí quizá que pueda identificar algunos comportamientos que distinguen a cada etapa de nuestra vida; si hubiera que definirlos desde mi perspectiva, diría que la base de todo es el juego; desde el jardín de niños hasta la secundaria, hecho para medir nuestra curiosidad y adaptación; la preparatoria, tiene en su nombre la intención de dejarnos a punto para ir enterándonos de cómo nos irá en el mundo laboral, pero aún de lejitos. El verdadero juego comienza en la universidad, algo así como la segunda división, si se tratara de fútbol profesional, en espera de acceder a la primera división.
2. ¿Quién nos junta? Antes de contestar esa pregunta, deberíamos cuestionarnos, ¿para qué alguien nos invitaría a pertenecer a su grupo o a formar uno nuevo? Aunque en las relaciones laborales también influye la empatía, ésta se verá condicionada por el compartir forzosamente el espacio de trabajo, así que si se desea mantener una relación estable con los compañeros de trabajo fuera del ámbito laboral, hay que encontrar afinidades extramuros, porque hay igualdades que se fabrican con el trato continuo. Así como lo leen, nada más traten de recordar cómo iniciaron sus más preciadas amistades y quizá se den cuenta de que, al principio, posiblemente esas personas les caían mal por alguna razón no especificada en esos momentos y, en otros casos, ustedes a ellas también. Experiencia propia.
3. Ser no apto. No dudo de la buena voluntad de aquellos que nos dicen que «debemos ser los mejores», sin contar con que algunos solemos tomarnos todo como un reto, lo cual aumenta el estrés y una que otra manifestación cutánea. La presión a la que nos somete la frase mencionada no todos la soportan, los que sí, manifiestan un rendimiento admirable que los hace ascender rápidamente pero con un detalle en su contra, suelen desarrollar poca tolerancia al fracaso, en otras palabras, dentro del sistema de alta competitividad, el tiempo para caer víctimas de la presión siempre va a alcanzarnos. El pensar que no somos aptos, se ha vuelto el estigma de una existencia limitada por el tener y el acumular bienes y títulos nobiliarios transformados en diplomas académicos.
4. O ser el papel. Adaptarnos y adecuarnos no es lo mismo, lo primero requiere de la propia voluntad y lo segundo, de la voluntad de alguien con poder que nos diga si lo logramos; independientemente de lo que optemos, pareciera que sólo hay que interpretar un papel, transformarnos en lo que se espera de nosotros, con el toque personal de cada uno por supuesto. Está también la selección de los materiales y las herramientas para cubrir los programas como si fuera nuestro guión; quizá todavía haya maestros que sean identificados con el contenido más que con el cómo manejan la información. En el pasado, Justo Castillo era casi sinónimo de matemáticas, pues al revisar el horario, teníamos clase con él no de la materia, lo que no era del todo halagador pues, por desgracia, no a muchos les gustaba asistir. Salud.
Beto

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