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| El ser nada tiene que ver con el tener. Foto: BAER |
1. La escuela como único camino. A pesar de ser sólo individuos en esencia, también somos parte de instituciones que reproducen nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras sensaciones con el fin de mantener estabilidad en nuestra existencia, con base en dos factores: uno, la acumulación de datos en diversos formatos y dos, los recursos necesarios para aterrizar tal información. En términos coloquiales, nos agruparemos para fortalecer la imagen individual formando una institucional, la cual servirá para tener una parte del prestigio por adherencia. Es totalmente cierto que vemos con distintos ojos a egresados de la Universidad de Guanajuato que de la UNAM o de la Metropolitana, pues las ideas sobre la difusión de sus trabajos o de sus financiamientos suelen estar muy arraigadas.
2. La fábrica de refacciones. Un programa de estudios es, en el fondo, la manera de adecuar a los egresados a la maquinaria de producción prevaleciente en el mundo ya que la tecnología parece tener más valor que una vida humana, quizá sí o quizá no ésa sea la razón por la cual el nivel de estudios mínimo necesario para obtener un empleo, pasó de primaria a preparatoria en menos de setenta años, lógico si se piensa que cada trabajador, capacitado en las mejores escuelas tecnológicas, es el responsable de que la máquina que tiene a su cargo no debe descomponerse por ningún motivo. Quizá esté estipulado en sus contratos que se harían responsables de las reparaciones en caso de malos funcionamientos y si así no lo aceptaran, no faltaría quien, formado en la fila de espera, ocupara su lugar.
3. Los escalafones no ayudan. Hay que competir y ser competente, eso es un hecho, redundante o no hay quienes compiten sin saber respetar reglas y los hay que son totalmente respetuosos de las formas, pero no tienen oportunidad de competir, sin embargo, ahí están los organigramas para picarnos el orgullo y la carrera «escalafonaria» da comienzo desde el primer minuto de labores; los puestos académicos y administrativos no abundan en las escuelas que requieren de las personas adecuadas que no teman comprometerse de tiempo completo, lo cual en serio, amarra un ancla a quienes los ocupan. La llegada a ellos, según las leyes de la competitividad, depende del arduo esfuerzo y el sacrificio de cada aspirante; al final, la meta se obtiene como en todos lados, teniendo el contacto.
4. Alguien, ya somos. Por el simple hecho de haber nacido ya somos alguien en este mundo; empezamos llorando y así, llorando acabamos según José Alfredo, pero entre llanto y llanto debemos construir la otra parte de lo que somos o pretendemos ser, sin embargo, esa parte es accesoria, sólo debería servir para sacar lo mejor que tenemos y ponerlo al servicio de los demás y sus causas justas; la valoración de ello será un esfuerzo diario para el cual, requeriremos de complicidades dedicadas a desarrollar el aprendizaje propio, mutuo, de lo que somos capaces cuando contamos con la confianza suficiente para sabernos útiles en este mundo raro (ya suéltame Jiménez); a veces basta con mirarnos al espejo, reconocernos si sucumbir a modas que alaban la juventud estática y crecer, que es lo único realmente egoístamente humano. Salud.
Beto

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