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miércoles, 5 de marzo de 2025

Apuntando a la modernidad

No necesariamente son lo mismo pero comodidad
y modernidad ayudan mucho. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El deber ser de una escuela ha sido tratado desde la óptica de mentes brillantes como las de Montesori, Dewey o Freire, peor la que en un momento me pareció revolucionaria fue la propuesta de Bertrand Russell, dedicada también a la infancia, pero con algunos conceptos radicales para su época, dedicada también a la infancia pero con algunos conceptos radicales para su época; los británicos siempre han mostrado interés por el control en las instituciones públicas, por lo que alguien de esas tierras haya expuesto que en las aulas de su tiempo hacía falta mayor libertad para la experimentación del alumnado, iba en contra de toda lógica para una sociedad acostumbrada a una visión militarizada del desarrollo humano, pero gracias a esas posturas a contracorriente, los estudios sobre educación tuvieron que avocarse a buscar no sólo el mejoramiento de las técnicas de enseñanza, sino alternativas a las mismas.

Así también, debieron aparecer ciencias complementarias como la didáctica, un nuevo objeto de estudio que sería el discente y una rama de la arquitectura dirigida a mejorar los espacios para el aprendizaje, porque no todo es escribir planes desde un escritorio. Y dado que la burocracia ha mostrado saber poco sobre lo que le conviene al país en materia de educación, es lo que cada docente en su aula lo que en realidad ha llevado a esta nación a la modernidad, pues no podemos afirmar que los contenidos en los libros de texto sustenten toda la información como para que cualquiera y mucho menos los niños, pudieran cursar por sí mismos los grados necesarios para reconocer lo que les servirá o no de lo leído en esas páginas, obras que cada vez más parecen manuales de procedimientos que literatura para encender la imaginación.

En palabras del propio Russell, un individuo (niño) no debe ser tratado como un secuestrado al que hay que adoctrinar para que sea un repetidor de esquemas, por supuesto, me tomé algunas libertades literarias para reunir todo lo que él dice en una sencilla oración, dicho lo cual, me avocaré más que nada, a su visión de la vida universitaria, con lo cual se desprende de los otros teóricos de la educación. Los preceptos son muy similares, adaptados a las características de la gente adulta, esto es, aboga por un razonamiento más elaborado y lógico que apunte al cuestionamiento más que a la memoria, aunque la tiene en buena estima como un recurso más que como un fin; es cierto que el tener buena memoria ahorra pasos en algunos eventos pero a la larga, conforme avanzamos en edad, la parte del olvido resulta más interesante.

Lo anterior significaba que por sí mismo, el mecanismo del olvido tenía una única utilidad, que era el no saturar a nuestro cerebro con información banal pero adicional a ella, sería que todo lo que observáramos nos iba a parecer interesante y novedoso, lo que a las mentes adultas les beneficiaría al momento de investigar, pues a decir de Russell, ésa era la intención básica primordial de las universidades sin importar el nivel ya fuera licenciatura, maestría o doctorado, división ésta última ligada también a la concepción actual de lo que debe ser la escolarización. La crítica russelliana se basará en la pertinencia de la «colección» de papeles que sólo transforma la mente de los individuos en piezas de un engranaje que no puede parar pues del movimiento depende su permanencia, esquema que termina matando a la iniciativa. Salud.

Beto

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