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| No se daban cuenta de que yo estaba cambiando conciencias. Foto: BAER |
Esta afirmación podría aplicarse a cualquier disciplina pues cada una, además de resolver problemas específicos, ofrecen perspectivas para entender todos los aspectos de la cotidianidad, por lo cual, para un ingeniero todo se explica desde la física, para un geógrafo, desde la relación de la tierra con los seres vivos, para un abogado, desde la política y así cada disciplina tendrá a su alcance, algunas ciencias que le ayudarán a conformar su conocimiento global; obviamente aprender desde cada una implica preparación específica que no necesariamente viene en los libros ni en los discursos magisteriales. Realmente es también un trabajo mental de convencimiento de que es precisamente lo que queremos aprender y en lo que pondremos nuestro mejor esfuerzo para interpretar toda la información lo mejor posible.
Retomando mi indignación por esa pregunta tan inoportuna, confesaré que en algunas ocasiones sí llegó a pesarme el considerar que había sido una mala inversión el haber estudiado en una universidad tan cara y no ejercer en algún medio informativo, pero el consuelo llegaba pronto al recordar que me había insertado en medios formativos en los que la comparación se volcaba en mi favor, por ejemplo, cuando escuchaba a un actor quejarse de que tenía que preparar tres actuaciones a la semana me reía pues yo, como todos los docentes, debía preparar al menos cinco o seis diarias; o cuando me enteraba de que un periodista sufría por sacar una nota porque sus fuentes no proporcionaban la información suficiente, recordaba que yo debía averiguar en al menos tres fuentes por cada materia que impartía.
¿Y qué tal los administradores que debían hacerse cargo de la papelería de sus empresas? Nada qué envidiarles porque el seguimiento de los programas, la presentación de evidencias y la creación de herramientas didácticas, nos dábamos un quién vive. No quiero inferir que el trabajo docente sea más importante o más pesado que los demás (quizá sí), lo que quiero decir es que el que me preguntaran «¿sólo das clases?» denotaba una falta de conocimiento sobre lo que sucede al interior y al rededor del aula, eso sin contar con los periodos de actualización y capacitación a los que debimos someternos con regularidad con el fin de complacer los «caprichitos» de la Secretaría de Educación. Ningún trabajo es menos importante que la docencia, pero estaría bien dejar de mirarla por encima del hombro. Salud.
Beto

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