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miércoles, 5 de febrero de 2025

El Constituyente

El control de los periódicos ha sido
una estrategia de dominación. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El título parece muy importante por la universalidad ilustrada que implica, tanto en el mundo si pensamos en la Revolución francesa como si evocamos el universo propio del 1917 mexicano, pero si bajamos dos escalones hacia una localidad específica como lo es el estado de Oaxaca y la intencionalidad fuera de la Carta Magna que es el periodismo, nos encontraremos con una publicación que presumiblemente divulgaba ideas liberales sostenidas desde tiempos de Juárez, que dieron el marco perfecto para los discursos sobre la democracia y sus beneficios para una población que seguramente no comprendía del todo la razón de tanto balazo. Alguna vez uno de los centros políticos más importantes de la nación, era natural que también tuviera un medio de información que expusiera las noticias a nivel nacional.

La Oaxaca de principios del siglo XX, aún no desprovista del orgullo que debió sentir porque dos de sus hijos se hubieran convertido en presidentes, debía mantener cierta imagen que la colocaba al frente del grupo de avanzada que conducía al país hacia el progreso promulgado y dirigido por Porfirio Díaz, proceso trunco por una revolución que no terminó de integrar a las clases que, según dicho movimiento armado, eran la causa por la que se detonó; un periódico de ese tiempo tuvo que responder al esquema propuesto por ideólogos impregnados ya no por la ilustración, sino aquel pensamiento que se oponía a la tiranía de un modelo monárquico y se pronunciaba en favor  de un gobierno popular, sin sospechar que sus condiciones empeorarían por las luchas por el poder.

Así como sucedió en Rusia, pasó en México, un grupo con un discurso supuestamente revolucionario pero con acciones contrarias, con visiones en favor de las clases menesterosas que terminaron aliándose con los poderosos, con grupos que se decían socialistas pero que terminaron siendo una triste versión del populismo, una diferencia obvia: la Unión Soviética se consideraba una potencia mundial mientras que México pertenecía al tercer mundo. Ahora ostentamos el eufemístico «economía emergente» que, como diría el doctor Simi, «lo mismo, pero más barato». Entonces, ¿qué rol debía jugar un medio con supuestas ideas liberales inserto en un ambiente marcadamente paternalista y controlador que se manifiesta en favor de todo eso que censura y destruye, teniendo como armas a la propaganda (contradictoria), los medios masivos de información (directos o velados) y la represión?

Debe haber sido muy interesante leer un medio que debió servir de ejemplo de la descentralización que sugiere un sistema federal, sin más control que el respeto a la profesión periodística y a la libertad de expresión; por desgracia, ése y todos los demás intentos de crear polos de poder separados entre sí, sucumbieron al yugo centralista que, curiosamente, usa el discurso federal para tratar de justificar sus acciones. El oficio de periodista pudo haber tenido un peso crítico mayor de haberse desarrollado como medio nacional en distintos puntos de la República dado que la cercanía en la capital facilita acuerdos entre medios que no siempre son en beneficio del público y sí en el ocultamiento de información primordial para la vigilancia de las acciones gubernamentales en todos sus niveles. Salud.

Beto

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