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miércoles, 29 de enero de 2025

La educación en la salud

Los excesos siempre cobran factura. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los abuelos solían decir que un cerebro no se nutre con la panza vacía; nada más cierto pues quien no tiene sus necesidades básicas cubiertas, no puede pensar en otra cosa que no sea satisfacerlas. Un principio primordial de la salud es la alimentación complementada con el ejercicio y la higiene, todo dentro del marco de lo mental y ya ha corrido demasiada tinta respecto de esa información, pero en mucho lugares se ha quedado en la pura tinta. Es un fenómeno que aparece en muchos lugares y que, al parecer, va tomando forma en combinación con la necesidad de lo inmediato; trataré de explicarme, el fenómeno al que hago referencia es al de la sobreinformación, es decir, a la saturación de datos a la que nos exponemos a diario, ahora mediante los dispositivos electrónicos móviles de todo tipo.

El resultado de un contacto tan directo con la información y en la cantidad en la que contamos, ha producido una época de desinformación que ha minado nuestra capacidad de discernimiento y, por tanto, nuestra salud mental que podemos comprobar diariamente en el aumento del estrés, la hipertensión y los problemas de peso que arrastramos sin poder decir que no sabemos al respecto. En la alimentación, aún no hemos comprendido que no es necesario «llenar el estómago» ya que el hacerlo, le impide un funcionamiento adecuado al no tener espacio para que sus paredes puedan, por así decirlo, moverse con libertad para terminar de «moler» los alimentos y si le causamos ese problema tres veces al día por todas las semanas, nunca podrá tomar un buen ritmo de digestión.

En cuanto a la higiene, tenemos normas inamovibles aunque no las sigamos con la rigurosidad que la contaminación ambiental amerita, a pesar de las campañas permanentes sobre el lavado de manos, el baño diario, la alimentación sana y uno que otro detalle al que suponemos no es tan importante darle atención pero que, a la larga, terminan por enfermarnos. Sí, esos catarros que parecen salir de la nada pero que son el resultado de no habernos abrigado en algunas noches frías, porque macho que se respete, aguanta estoicamente los cambios de temperatura; esas diarreas eventuales por andar soportando corajes y preocupaciones por todo lo que no podemos controlar, porque la mujer mexicana es así de aguantadora; las enfermedades más graves son una lotería, aun así, hay manera de evitarlas.

Con lo siguiente no pretendo minimizar sintomatologías pero sí aclarar que, aunque el alcoholismo, el tabaquismo, la drogadicción y la obesidad sean declaradas enfermedades sociales, también es que sus efectos son de responsabilidad individual, dado que tienen que ver con la presión del grupo, la información ignorada sobre los efectos desastrosos para la salud y la falsa sensación de que a nosotros nada malo va a pasarnos. El alcohol y la comida son placeres naturales y benéficos si su consumo se da con moderación, sin embargo, esa bendita palabra parece no tener cabida a la hora de educarnos en casa; tabaco y drogas, al alterar el sistema nervioso central y varios órganos internos, no parecen tener ningún beneficio y así es, ¿por qué consumirlos entonces? Las carencias con las que tienen que ver tendrán que esperar otra oportunidad. Salud.

Beto

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