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| ¿Qué vamos dejando atrás? ¿Es digno o no vale la pena?. Foto: BAER |
Si de verdad nos preocupa el futuro de las nuevas generaciones, dejemos de darles información evasiva, dejemos de alentarlos a que se sientan el centro de la creación, apoyemos sus impulsos por ser útiles y considerados con los demás, enseñémosles que el defender sus derechos no implica atacar los de los demás; que la solidaridad no es una avenida ni un slogan de campaña, puesto que además de una instrucción académica, lo mejor que podemos dejarles es educación. Es cierto, no podemos ofrecer lo que no estamos dispuestos a dar, por lo tanto, la prioridad sería primero convencernos de que la tarea de mejorar el estado de las cosas es nuestra responsabilidad, que el echarle la culpa de todo a «la gente» ya tocó fondo en la figura presidencial y que para nada ha servido.
Quisiera poder tener a la mano un ejercicio de meditación o algo parecido para lograr una conciencia de lo que estamos haciéndole al mundo y a la vida en sociedad de este país, aunque sí tengo la entereza suficiente para aceptar que soy parte del problema, que el argumentar que con nadie me meto y que a nadie le hago daño, no es suficiente para aportar lo que me toca, aunque abusando de su indulgencia, podría decirse que eso al menos es un primer paso, tan meritorio como el que muchos han dado, pero tan insuficiente como para notar que las cosas no están bien; fuera de sentimentalismos melodramáticos, es importante, además de enterarnos sobre las acciones para mejorar el ambiente, qué tipo de información es realmente de utilidad y cuál es simplemente un intento de mantener cierta alarma.
Cuando pensamos en el posible mundo que vamos a dejar, casi siempre permitimos que lo económico domine las perspectivas, pero pocas veces los temas que ayudan a elevar el espíritu como una afición a la pintura, la música o la lectura y su factibilidad como forma de vida está en verlas así, como una alternativa si se prefiere, pero factible. Y más allá de aquello que puede medirse o pesarse, el tener confianza pero como requisito para ello, aprender a detectar aquellos merecedores de dicho sentimiento por lo que tendríamos que aprender a leer diferentes lenguajes entre los que habría que contar al no verbal, el cual abarca un porcentaje muy importante de nuestra comunicación, lo que nos daría un buen pretexto para tener un curso sobre las herramientas que tenemos para comunicarnos. Salud.
Beto

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