Bienvenidos

Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 8 de enero de 2025

Administración del tiempo libre

A veces es necesario volver a ser niños. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- De las pocas veces que oí el término en la calle o en un programa de televisión al que le atribuí poca credibilidad, una en particular me hizo detener lo que estaba haciendo para poner atención en ese razonamiento que afirmaba la importancia de que existiera un profesional que administrara el tiempo libre de la gente común; lo primero que pensé fue que se trataría de otra tomadura de pelo como los horóscopos o las pseudo religiones emergentes (en ese tiempo lo eran), pero no, quien lo estaba afirmando lo hacía con tal seguridad que no me quedó de otra que escucharlo hasta el final. Recuerdo que me senté en el sillón que tenía frente alo aparato televisor y traté de seguirlo en cada una de las palabras que emitía. Su esquema era muy simple, «si no te has dado el tiempo de organizar tus lapsos libres porque no tienes oportunidad o porque no te interesa, deja que un profesional lo haga».

En este sentido, pareciera imposible que siendo nuestro, no sepamos qué hacer con el tiempo, pero para salir de dudas y poder tener una referencia para mí, en diferentes momentos hice el sencillo experimento de dar algunos minutos de mi clase para que los alumnos hicieran lo que mejor les pareciera bajo cierto ambiente, para no molestar a los otros salones, invariablemente el resultado fue el mismo, salvo unos tímidos intentos de dejar los útiles en la mochila y revisar los celulares (que entonces no eran tan sofisticados pero sí muy caros) a la mayoría nada se les ocurrió, sólo se quedaron allí, viendo hacia el frente o contestando algunas preguntas con monosílabos. Es posible que la trampa haya surtido efecto por las reglas de no hacer escándalo y que fuera algo divertido, lo que los obligó a perder el tiempo pensando en algo que los entretuviera en silencio; las conclusiones, por su simpleza, pueden ser muy esclarecedoras.

En primer lugar, creo que nos hemos acostumbrado y limitado a lo que ya está hecho por otros, sólo para experimentar una emoción como si todo el tiempo estuviéramos trepados en un carro de una montaña rusa, es decir, vemos una película de acción, suspenso, romance o comicidad para embotar nuestros sentidos mediante el susto o la risa y pocas veces lo hacemos para aprender algo, lo cual no significa que esas producciones no tengan buen contenido (algunas no), sino que difícilmente lo buscamos, por supuesto, la mayor parte de la oferta en ese y otros formatos es insulsa y nada de provecho tiene, así que consumiremos lo que haya y como venga... a menos que tratáramos de encontrarle la utilidad aunque fuera para criticarla y aprender qué es lo que no debemos aceptar a la hora de buscar contenidos en los medios de información.

Es posible que hayamos perdido algo del sentido de lo que es el tiempo libre dado que la libertad se parece cada vez más a la inactividad, a pesar de que sabemos que nos atrofia; una caminata podría abrirnos la imaginación si le damos un propósito que no sea el trabajo, las compras o un lugar en particular puesto que, acostumbrados a evaluar sólo los finales y sus resultados, perdemos de vista el proceso o, como diría mi abuelo «no te preocupes, hazlo como sea, pero que quede bien». Salir sin un propósito definido podría ayudarnos a enfocar lo que realmente importante y eso sea quizá poner en orden lo que tenemos pendiente, incluida la diversión o en el mejor de los casos, encontrarle lo divertido a nuestras obligaciones. Administrar el tiempo libre debería ser como la religión, que es un asunto personal para el bienestar propio. Salud.

Beto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario