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miércoles, 11 de diciembre de 2024

Un decálogo propio

Habrá cosas que de plano, ni intentar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El carácter y el comportamiento son dos partes de un todo que aún espera ser descubierto; después de la fama (y las bromas) de las que gozó el manual de Carreño, los años subsiguientes a los setenta han vivido cierta orfandad en cuanto a las maneras que debemos guardar en los distintos lugares en los que nos desenvolvemos; la etiqueta se ha desdeñado como si se tratara de un elemento desechable que pudiera reponerse en cualquier momento, pero no hemos tratado siquiera de tener un sustituto, la idea de que lo salvaje, la libertad sin límites, el poder de decisión y el individualismo extremo han estado produciendo un ser en una sociedad aparente en la que el principal valor es la acumulación de lo que sea en un mundo fabricado para eternos adolescentes. El consumo, más que una manera de satisfacer necesidades, se ha vuelto un boleto de distinción social y posicionamiento laboral.

El descuido se ha confundido un tanto con la espontaneidad porque según esto, lo planeado resulta acartonado y nunca salen las cosas como fueron previstas, así que, ¿para qué perder el tiempo en programar algo que no va a cumplirse? Y entonces caemos en las garras de lo improvisado y debemos utilizar tiempo valioso en inventar excusas porque además, otro debe tener la culpa de lo que nos pasa; no falta mucho para que, por tradición, debamos hacer una lista de propósitos, ésos que muchos hacen a un lado pues, total, no han de cumplirse. ¡Y nadie lo hace! Quien lo afirme, está mintiendo, al menos eso afirman tajantemente los que no están dispuestos a ello pues saben que nadie, en su sano juicio y en pleno uso de sus facultades sexuales, va a salir a la calle todo el año a comprobar si los demás cumplieron, a menos que trabaje para una televisora en un programa de chismes.

Diez parece un número razonable (si no lo fuera, no lo usarían como conteo de protección en el box), por alguna razón lo citan en la biblia como los pasos a seguir para vivir en paz, es la base de nuestra formación numérica así que, sin más, podríamos ponernos diez cosas que nos gustaría hacer el próximo año sin que necesariamente se convirtieran en el eje de nuestras vidas, sino que pudiéramos verlas como un termómetro para calcular los niveles de realidad con los que nos manejamos o qué tan calenturienta tenemos la mente, la idea es ajustarnos a aquello que de verdad nos interesa hacer, con el fin de que al terminar el año, podamos entregarnos buenas cuentas, pero con una condición, no se vale agregar el bajar de peso, aprender inglés o entrar a clases de cocina porque, si no lo hemos hecho antes, tampoco lo haremos ahora.

¿Qué tal si nos proponemos tener un día tranquilo al mes? No parece mucho, pero los parámetros para lograrlo serían muy personales y ahí está la complicación; un segundo punto sería el encontrarle el gusto a la lectura que sí, requerirá de varios intentos y se puede realizar en ese día tranquilo; ¿han pensado en algo divertido mientras hacen gelatina? ¿No? Posiblemente porque no se han divertido en mucho tiempo, habría que hacer algo. Aprender es importante, pero ¿qué tal enseñar? Si tienen un niño a la mano, podrían enseñarle algo de lo que se enorgullecerían o al menos, que les diera gusto que dijera «me lo enseñó...»; ya en esos menesteres, se me ocurre que sería entretenido aprender un juego de mesa nuevo (si es ajedrez, mejor), cualquiera funciona. Y el siguiente sería pensar en otros cinco que vayan por el estilo, no puedo resolverlo todo yo. Salud.

Beto

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