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| El maestro no debería tener la necesidad de soportar tonterías. Foto: BAER |
Se supone que existen formatos que facilitan el dar una buena clase, quizá no infalibles, pero sí que evitan en un alto grado la dispersión del alumnado pero, ¿entonces por qué sigue la queja de que los alumnos nada aprenden y van pasando sin retener los conocimientos? Buena parte de la causa está en que hemos vuelto, además del aprendizaje, puericiocéntrica a la enseñanza cuando no, puericiocrática. Es cierto que el principal objeto de atención y producto de la escuela son los niños, pero las condiciones laborales para con ellos han limitado los rangos de acción de los docentes para, por ejemplo, mantener un buen nivel de disciplina, mientras que por otro lado, se les exige convertirse en «entreteneur» en el aula y administrativo por las tardes o noches, si es que dobla turno, eso sin contar con que el número de infantes por salón se mantiene elevado.
Quizá haya quien piense que para eso estudiaron, para soportar además de niños problemáticos, presiones que poco tienen que ver con la docencia en sí, pero me permitiré diferir. El docente estudió para enseñar, para resolver dudas, para que con base en su entendimiento de los contenidos a tratar, muestre maneras de enfrentar al mundo según con el nivel con el que esté tratando y, con ello, tener como resultado el despertar de la curiosidad, la conciencia y el gusto por aprender de sus alumnos, nunca para servir de niñera de párvulos de más de catorce años. Por desgracia, la carencia más grande que yo ubicaría en los alumnos de todos los tiempos, es la de la autoridad mal entendida, pues sólo se le ve desde la perspectiva de la imposición, cuando esa parte se manifiesta sólo cuando faltamos a la génesis misma de la «autorización» que somos nosotros mismos.
La escuela como tal, es una propuesta que hace algún grupo de empresarios, docentes y administrativos, autorizada por nosotros para que nos integren a cierto tipo de conocimientos, así como en un restaurante, al entrar, estamos en el entendido de que les autorizamos que nos ofrezcan lo que tienen en su menú y si acaso hubiera una sugerencia o pedimento especial respecto del platillo, éstos se darán dentro de los límites establecidos en la misma carta. Así podemos escoger escuelas de corte laico o religioso, profesional o técnico o civil o militar, pero una vez dentro, tu única tarea es aprender con todos los instrumentos que la institución tenga, incluida la limpieza si así lo estipulara, pero parece que es muy difícil de entender que un maestro no es un sirviente que debe hacer que sus alumnos aprendan a pesar de que no quieran. Salud.
Beto

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