![]() |
| Solemos enorgullecernos de empresas quebradas. Foto: BAER |
En general, serán aquellas actividades en las que nuestro involucramiento nos dará la certeza de tener un lugar en los grupos sociales en los que estemos desenvolviéndonos, por ejemplo, nuestro empleo, un programa de apoyo, las manifestaciones religiosas, la afición por un deporte de participación internacional y todo lo que tenga una raíz de regionalismo, incluidos el arte y las teorías científicas; en nuestro caso, cada representación nacional de la que nos enteramos, nos da un pretexto para exaltar el nacionalismo que hemos acumulado desde nuestra más tierna infancia, aunque nada entendamos de esa actividad o ¿me dirán que son expertos en parkur, en lo que Ella Bucio es campeona mundial? a veces sólo decimos que algo nos da gusto nada más porque resulta que es mexicano, como la gran venta de aguacates michoacanos en el Súper Bowl, pero ¿qué parte de las ganancias nos tocan cada año?
Yo creo que ni a los michoacanos les da tanto gusto como los medios de la ciudad de México quieren hacernos sentir; algo así como el enterarnos de que producimos y vendemos más petróleo que Brasil y Venezuela, pero las ganancias emanadas de ello no alcanzan para mejorar las condiciones del país. Bajo esta perspectiva cabe preguntarnos ¿sabemos lo que somos? Por desgracia, lo mexicano ha venido siendo motivo de volatilidad porque cuando no somos flojos, somos los más chambeadores, si no tenemos la tecnología más avanzada es porque el talento se va al extranjero o que somos pacifistas pero tenemos uno de los países más violentos del orbe; que somos contradictorios de pensamiento mágico, religiosos que no confiamos en nadie, simpáticos y graciosos que no soportamos una broma en nuestra contra, es decir, que nos llevamos pero no nos aguantamos.
¿Eso anterior lo aprendemos o hemos nacido así por generaciones? La respuesta debe generarse en cada una de nuestras cabezas, observando lo que desde hace algunas décadas se han llamado eufemísticamente «zonas de oportunidad», convalidando con ello, la versión de nosotros que tienen algunos extranjeros de que siempre decimos lo que los demás quieren escuchar para no caerles mal, lo malo es que si recorriéramos a pie algunos lugares, posiblemente nos daríamos cuenta de que no a todo el mundo les parecemos agradables, lo cual no es para que nos sintamos mal, sino debería darnos pista para entendernos sabiendo que nuestro comportamiento no necesariamente refleja nuestra esencia y que si resulta de ese modo, es porque aún no hemos aprendido a aceptarnos y a quitarnos de encima el estigma de ser las eternas e incomprendidas víctimas de todo el aprovechado mundo. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario