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miércoles, 20 de noviembre de 2024

Traición continua

Hemos estado en una involución
sin darnos cuenta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Yo no sé (ni creo que nadie lo sepa) qué estarían pensando los «mártires de la revolución» antes de su muerte, lo que sí puedo imaginarme es que estaban convencidos de haber hecho algo bueno... para alguien, incluso Victoriano Huerta, tratado como «el chacal» (porque seguramente se lo ganó a pulso) debió tener alguna razón escondida en beneficio del país, muy escondida. El caso es que desde entonces -y antes al parecer- el pensamiento individual ha privado en todo lo que hacemos; nos es muy difícil el lograr ponernos de acuerdo porque solemos creer que una idea medianamente coherente, debe imponerse a todo el mundo sin considerar las necesidades de los demás. Incluso los métodos deben adecuarse a los pueblos y no al revés, pues cada grupo social tiene costumbres arraigadas con las cuales pueden solventar casi cualquier problema y lo nuevo debe pasar por fuerza, un periodo serio de adaptación.

Si algo en psicología puede paras como un misterio eso sería el cómo un descubrimiento de injusticia se transforma en la necesidad primaria de todo un pueblo en la mente de alguien que a la par, descubre que tiene poder, lo que debe detonar algún circuito en su cerebro que le hace restringir la realidad adecuándola a su perspectiva, por lo que si se le ocurre que a todos nos conviene una monarquía y no puede convencernos, se levantará en armas y luchará hasta lograr su cometido. Lo mismo sucedería si en lugar de una monarquía, lo mejor sería una democracia y la mayoría que lo siguiera quizá no supiera lo que eso significa. Un panorama muy semejante hemos vivido en el país desde que nos declaramos independientes (o al menos un grupo lo hizo por nosotros), pero la emancipación no ha sido sencilla puesto que, en el papel, ser libres y democráticos suena muy atractivo, pero no hemos sido conscientes de las implicaciones de ello.

Hay dos versiones que revisten a la democracia con un antagonismo incomprensible, por un lado, suponemos que para tenerla debe haber un sacrificio, algo que enaltecerá hasta el paroxismo a quien lo lleve a cabo, pero que no a muchos se les ocurriría ofrecerse para realizarlo; por otro, la idea de que todos tenemos derecho a todo, hasta de contravenir los derechos de los demás porque todos sabemos que el ser competitivo implica que «el que tiene más saliva traga más pinole». Algo así debe haber regido las acciones de todos aquellos que creyeron tener un plan para el país entero pero ninguno de ellos en ninguna época tendría en mente al espíritu deportivo, por lo que debía ganar a como diera lugar y el camino de las armas estaba ahí para soportar al camino de la legalidad, lo que pasa cuando se les permite a los militares tomar las riendas de un país tan disperso como éste.

Por lo tanto, había que concentrarlo en algo, después de 1821 se hizo caso omiso de las necesidades básicas para ocupar mentes y estómagos en ideales más elevados que llevaran a la nación a los valores universales por lo que se dividió a la población leída en conservadores y liberales quienes, por aras de las teorías darviniana, vinieron a transformarse en reeleccionistas y anti reeleccionistas con lo que, irremediablemente después de una larga estancia de cincuenta o sesenta años en la hamaca de la institucionalización, estamos de vuelta en los conflictos sectarios de una transformación que ha resultado de cuarta, con todo y su segundo piso. Pero no vayamos a pensar que los traidores y sus acciones se dan entre los que ostentan y los que quieren el poder, de ninguna manera, la traición se ha dado siempre entre ellos en contra de una población que sigue haciéndoles el caldo gordo. Salud.

Beto

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