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| Chaplin, en «Tiempos modernos», supo retratar la simbiosis entre máquina y hombre. Foto: BAER |
El temor de enrolarme en un sistema de producción es serie se basaba en haber visto algunas producciones cinematográficas del periodo mudo norteamericano y otras tantas del cine nacional que retrataban situaciones repetitivas y monótonas en la que lo más importante, era el mantenimiento de una máquina por encima del bienestar en los trabajadores, de alguna manera intuía que ese era un mundo en el que no encajaba y pude comprobarlo cuando en dos oportunidades trabajé en la refinería Antonio M. Amor, de Salamanca. No me quejaré del trabajo en sí, pues como buen hombre, el uso de las manos y las herramientas llama mi atención sobremanera, pero sí de la forma en que se administran éstos dentro del mundo laboral nacional. Por mucho tiempo, el trabajo industrial como operario y el del campo como agricultor, se me presentaron más como un castigo.
De ninguna manera era una opción de vida para alguien que había terminado la primaria, la secundaria (con algunos tumbos) y la preparatoria y el haber ingresado a una universidad de élite se presentaba como contradictorio el haber sido obrero, aunque fuera por dos veranos; esa experiencia me dio las herramientas teóricas necesarias para entender que sólo ser un engranaje de la maquinaria económica, no me daría un lugar real en la empresa (pemex) pues yo era una pieza intercambiable. Nada especial si consideramos que la historia anterior es la normal en todos los niveles industriales, lo malo como ya lo mencioné, es que reafirmé los contras para seguir un camino semejante, es decir, tratar de hacer una trinchera en, por ejemplo, una oficina que regulara los flujos de información que concientizara a los sectores operarios de las empresas en las que sirviera.
Tampoco la vida del profesionista, si es éste un empleado, presenta muchas alternativas en toma de decisiones y cuando las tienen, además está comprometido de otras formas más allá de sus obligaciones contractuales, maniatándolo doblemente y obligándolo a recibir órdenes de más de una persona. El caos ronda en panoramas como ése en la medida en que la aceptación de las circunstancias, lo cual remite a problemas en cadena o a un efecto dominó; por fortuna las fábricas estuvieron alejadas de mi camino y las escuelas donde di clases no entraban en la categoría de edificios fantasmagóricos sin que eso significara que escaparían a mi mirada inquisidora, pero no era mi papel el corregirlas. Lo bueno es que las alternativas no me quitaron el sueño como el ser actor (checado), el tener un programa de radio (checado) y conducir en televisión... ¿por qué no? Salud.
Beto

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