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| Aunada a la miseria económica va la miseria intelectual. Foto: BAER |
En materia educativa, incluso en la enseñanza de las artes, el equilibrio en los contenidos es deseado como un valor imprescindible en todos los grados, dado que lograrlo entre la teoría y la práctica garantiza la accesibilidad de los contenidos para cualquiera; debemos dejar claro que el equilibrar no es lo mismo que estandarizar, la primera tiene que observar las necesidades de los educandos para así establecer los niveles de profundidad de los contenidos y de dificultad de las tareas para comprenderlos, la segunda es establecer la misma información y tareas para todos. A pesar de nuestra capacidad para captar «lo que no está parejo», mantenemos la obediencia a una institución que dicta lo que se debe aprender desde la comodidad de un escritorio, pero lo censurable no está sólo en los temas, sino que tampoco se toma en cuenta lo que rodea al aula, que compone la vida cotidiana.
El tema ha sido tomado y retomado desde diversos ángulos pero todos coinciden en que el punto de la estandarización de los contenidos no ha sido funcional, a lo que las autoridades respondieron con una baja en la complejidad de los mismos, lo cual provocó un deterioro en el aprendizaje, pues no se trataba de hacerlos más fáciles y huecos, sino que se adaptaran a cada región de la república para su mejor aprovechamiento y aplicación para cada realidad. En este sentido, emparejar las cosas no se refiere a sólo hacer llegar a toda la población la información que, bajo la óptica de un criterio poco actualizado, suponer e imponer «lo que debemos saber», parece más un adoctrinamiento que una instrucción. El ideal de la educación (el aprender a aprender) sugiere que al final de todos los ejercicios lectivos, seamos capaces de saber qué, cómo, cuándo y dónde hacer con los conocimientos.
Es posible que haya investigadores de campo que estén sondeando las necesidades de las regiones del Pacífico para que ciencias como la geología, la física o la química sirvan para evitar desastres como el que sucedió el año pasado en Acapulco o para que la economía, la sociología y la administración ofrezcan sus postulados para sacar de la miseria a los poblados con atraso de Michoacán, Guerrero y Oaxaca o ¿qué tal el derecho, la criminología y los estudios forenses para acabar con la violencia en las ciudades? Está bien, esto del sarcasmo no es lo mío pero ustedes sabrán a qué me refiero. El tal atraso al que hacemos referencia en educación cada sexenio, es sólo el reflejo del descuido sistemático al que hemos sumido a las poblaciones rurales por suponer que sus necesidades son muy simples, cuando es todo lo contrario, pues sus relaciones sociales presentan la misma complejidad que cualquier metrópoli. Salud.
Beto

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