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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Amar a la tierra

Hay que saber qué es lo que se puede reciclar
y qué reponer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Después de los días de sequía que tuvimos que padecer en los meses de mayo y junio, el que por fin el agua cayera a mediados de ese sexto mes, nos dio tal alivio que posiblemente nos hizo olvidar lo que hemos hecho mal a través de la historia; es cierto que los ciclos terrestres van de eras secas a glaciaciones, pero le hemos ayudado a que sus ritmos cambien drásticamente. Hemos sobrepasado los límites de contaminación que el planeta puede soportar y seguramente, los que puede reciclar, son los desechos biológicos. Pero hemos forzado su capacidad de regeneración, convirtiéndonos en la plaga más peligrosa que ha existido en toda la historia; gran parte del cambio climático, además de modificar los vasos de agua, se ha debido a las costras de concreto y chapopote que hemos ido dejando regadas por todos lados y pareciera que entendimos que el uso del principal recurso que deberíamos reservar, tendríamos que destruirlo en su totalidad.

Como el laboratorio que es, el aula podría transformarse en un santuario que honre al planeta, desde la visión de transformar los espacios cerrados en plantas recicladoras «inteligentes» (ahora que para todo se usa el término), cuyo uso de recursos sea racional y sin desperdicio; el inicio de algo así, podría darse en el establecimiento de una tabla ideal de consumo, es decir, al igual que hemos establecido algo como el plato del buen comer, también podríamos tener una gráfica de consumos ideales de gas, agua y electricidad, por supuesto, como una guía para al menos calcular un gasto mensual óptimo porque hay que entender una cosa, en cuestión de consumo de servicios no existe el ahorro, porque el que no se gasten no significa que se multiplicarán, sino que su permanencia será más prolongada, por lo cual, también debemos ser conscientes que lo extraído del subsuelo, es para todos no sólo para un sector.

Amar al planeta no es sólo evitar dañarlo -que eso es sumamente importante- sino también hacernos partícipes de su desarrollo, como el recuperar los vasos de agua, reforestar, producir menos basura inorgánica y cultivar de manera racional los campos porque es muy bonito y satisfactorio hacer dinero, pero los billetes no son comestibles; por otro lado, ni la flora ni la fauna silvestres nos pertenecen, debemos ser más humildes y considerar que si «invaden» nuestras casas, es porque ellos estuvieron en esos terrenos primero, así que realmente los invasores somos nosotros. Lo peor del caso es que nos hemos convertido en la más grande plaga que el mundo haya visto, más grande que cualquier episodio bíblico que se les ocurra; no podemos seguir pensando que la deforestación, desecar mantos acuíferos o acumular basura y quemar productos fósiles, son sinónimos de progreso.

Debe ser un signo de humildad el evitar la erosión, el aumento de la temperatura, la acumulación de basura de manera irracional, las campañas de cuidado con el agua que eventualmente aparecen en los medios, no son otra cosa que la señal de urgencia sobre lo que hemos dejado de hacer para mantener estable nuestro entorno y lo peor del caso, es que salen a la palestra asociaciones que sólo se dejan ver en circunstancias especiales, como el inefable partido verde al que sólo le faltan las siglas SA, aunque de anónimos nada tienen. De acuerdo a eso, está visto que la responsabilidad de cuidar al planeta es individual y cada uno debemos hacer lo que nos toca sin importarnos si los demás lo hacen o no y si acaso sólo funcionamos por rachas, procuremos que éstas duren cada vez más; la vida en este mundo es única, si estamos o no de paso, no implica que dejemos un cochinero. Salud.

Beto

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