Bienvenidos

Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 14 de agosto de 2024

Leona Vicario

Ésta sí era leona, hasta en el nombre. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El mayor pecado de un historiador no es omitir fragmentos de los hechos, ya que la memoria siempre estará fragmentada, tampoco es escoger sobre quién hablar y sobre quién no, eso en parte es responsabilidad de los maestros, el verdadero pecado de un historiador es minimizar su práctica a una colección de datos vacíos como si se tratara de un documento emitido por el INEGI de un censo poblacional; la omisión, en todo caso, suele presentarse por prejuicios o por encargo o por ambos. Ejemplos de ello los tenemos por cada foco de interés de algún personaje o grupo en el poder y ahí estancamos a Agustín de Iturbide, «desaparecido» incluso del Himno Nacional. También hay omisiones por diferencias de clase, por ejemplo, que seguramente Banito Juárez no fue el «humilde indito zapoteca», sino un príncipe de su etnia.

O los hay por cuestiones de sexo (género si lo prefieren) como en el caso de Leona Vicario quien, a pesar de los esfuerzos de algunos historiadores, sigue teniendo pocas y muy escuetas menciones en actos civiles o en los libros de texto; aristócrata de la ciudad de México, declaró un enamoramiento con el movimiento independentista al grado de invertir su fortuna en todo lo que la insurgencia necesitara, hasta traficar con tinta para los periódicos de quien fuera su marido, el yucateco Andrés Quintana Roo. Ilustrada, era más que natural que aprovechara la coyuntura para convertirse en la primera mujer periodista de esta región. Tenemos aquí la oportunidad de echar un vistazo a sus escritos y proponerlos como lecturas obligadas en todo el sistema educativo nacional.

¿Por qué magnificar a la figura de una mujer novohispana de noble cuna? Para empezar, por el hecho de haber invertido gran parte de su fortuna en la causa independentista, pero su golpe magistral radica en hacerlo abiertamente por medio de sus escritos, los mismos que la convirtieron en la primera mujer periodista de estas tierras y no dudaría que haya sido precursora del código de ética del periodismo en el futuro país, ya que se encontraba en una época romántica en la que los valores aún estaban inspirados por las historias de caballería y el sacrificio no era una meta, sino un estilo de vida con el cual alcanzar el más alto status en el colectivo nacional y Leona, mujer letrada, debía reunir todas las características de ese perfil.

Fue encarcelada, acusada de conspiración en el marco de una sociedad que estaba lejos de entender el concepto de libertad de expresión ¡menos ejerciéndola una mujer! Los privilegios femeninos no alcanzaban a cubrir el levantar la voz y protestar en favor o en contra de los asuntos sociales por lo que las negociaciones debían realizarlas en la clandestinidad o en la alcoba así que, una mujer que externara su pensamiento en un medio de información y con la temática de éste, debió ser la locura. Es cierto que la concepción de la división del trabajo por géneros ha evolucionado, aunque no tanto en el valor que le damos, pues la remuneración suele no ser la misma; Leona tuvo que echar mano de su fortuna, no nada más para apoyar a la insurgencia, sino para mantener un lugar en la historia. Salud.

Beto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario