![]() |
| No sólo la historia, también la publicidad y el diseño suelen tergiversar todo. Foto: BAER |
Adela Velarde Pérez, quien a los quince años ya portaba fusil y salvaba a los heridos como voluntaria de la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca, nace en Ciudad Juárez, Chihuahua el ocho de septiembre de 1900; a los trece años se une a la revolución y a los catorce, durante la toma de Gómez Palacio, pierde al que fuera el amor de su vida por la metralla, con su último aliento, el teniente villista Antonio Gil del Río, le indicó que en su mochila había un regalo para ella, el cual era una hoja de papel doblada con el ahora famoso corrido en su honor. Dicen que en ese momento, Adela se la entregó a los músicos de la brigada y allí mismo la interpretaron por primera vez. Esa niña nacida en cuna de oro, alcanzó así la eternidad.
Nuestro muy arraigado clasismo podría sentirse muy halagado sabiendo que una mujer privilegiada se haya unido a la «causa de los pobres» para sentir lo que ellos todo el tiempo sienten y en el mayor de los placeres, que se hubiera enamorado de un militar de humilde origen (no me consta), enardece de muchas formas el aspiracionismo por el que fuimos atacados todo el sexenio pasado. Un detalle me hace pensar en algo incómodo, en realidad una pregunta, ¿cómo imaginaríamos a una luchadora social en nuestros tiempos? ¿Cómo la vestiríamos o permitiríamos que se vistiera? ¿Seríamos capaces de aceptar que usara traje sastre? Yo creo que no ya que, si así fuera, los dirigentes de las campañas de las candidatas más recientes, no hubieran presentado para ellas los huipiles.
Es normal el usar símbolos para obtener respuestas que den razón de lo que se intenta hacer, el complemento discursivo reforzará y cubrirá los huecos que la cultura deja; sugerir que somos parte del grupo al que queremos convencer de apoyar nuestras causas, abre puertas que a veces no comprendemos, Adela Velarde quizá no lo tomó en cuenta hasta que se volvió «pueblo», cuando aprendió a respirar, a cantar y a comer como él. Se mimetizó voluntariamente con un grupo que acepta sin miramientos a quienes muestran un sincero interés y al parecer, los foráneos aún no tenemos la dimensión exacta del compromiso que se adquiere al ser aceptado en esa clase de círculos, algo que Claudia, con su Guadalupe en el vestido, seguramente no entendió. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario