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| Llegará el día en que la escuela sea sólo una anécdota. Foto: BAER |
La escuela no es inservible, sólo tiene que modificar sus estructuras o reinventarse desde las bases (digan que no notaron sarcasmo, por favor); para poder realizarlo, habría que tener un panorama claro sobre las necesidades a la que respondía la Academia de Platón, en un tiempo en que las ideas sobre la democracia se ajustaban al marco de un sistema esclavista de producción y, por tanto, la valoración de la humanidad era desigual por diferentes razones a las actuales. Imagino que las necesidades educativas cambiarían radicalmente desde el descubrimiento de las bondades de las tareas especiales y luego con los menesteres de la milicia debieron afianzarse otras tareas como los puestos de gobernantes, sacerdotes y maestros, para influir de manera masiva en la población.
Pareciera que estamos empecinados en derruir las instituciones educativas empezando por los contenidos en los programas y parece que los servicios en las escuelas públicas lleva el fenómeno bastante tiempo realizándose; la institución como idea, ha venido en detrimento de su imagen, de ser una especie de lugar de culto a convertirse en una simple guardería pues dejamos que se filtraran versiones de la realidad que nada tienen que ver con ella misma pues, si fuera cierto que se aprende más en las calles, los delincuentes ya se hubieran dado cuenta que esa vida no los lleva a la trascendencia o si fuera cierto que la práctica enseña mejor que la teoría, todos los empleados del país habrían descubierto la manera de crear su propia empresa y cómo mantenerla vigente.
Pero la escuela también es una empresa a la que hemos estado descuidando, proporcionándole una materia prima defectuosa que tampoco le interesa componer porque, es cierto, no es su papel pero tampoco se le permite implementar acciones correctivas. El germen de la impunidad se ha sembrado en las aulas y va a permear hasta el mundo laboral (si o es que ya lo hizo), por lo que la sensación de inseguridad podría ir en aumento dado que, si imaginamos que los egresados de las universidades no llegarán a cambiar el esquema con el que crecieron, estaremos en manos de médicos, arquitectos, ingenieros, abogados, etc., que si llegaran a cometer un error, no aceptarán su responsabilidad y buscarán culpables de «su desgracia» que, al fin y al cabo, ya tuvieron un ejemplo. Salud.
Beto

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