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| Tampoco es cuestión de buscar trabajos de alto riesgo. Foto: BAER |
Curiosamente en lo primero en que pensamos casi todos es en la comida, muy noble negocio, aplicable al cien por ciento en este país de tragones, reúne las características de una artesanía y un arte y es tan placentero como escalvizante si no se está convencido de trabajar en ella; las razones para optar por hacer tacos, tortas, hamburguesas o pizzas pueden ser muy variadas, sin embargo, sólo basta un comentario favorable hacia un platillo nuestro para considerarlo una posibilidad de sustento; la pregunta es ¿por qué no optamos por ejercer otra actividad teórica? Sí, ya sé que me da por hacer preguntas que tienen respuestas obvias, qué quieren, vicio académico; tendrán razón si pensaron en que, para optar por otra actividad así, requerirían estudiar otra carrera, lo cual es difícil.
No, una verdadera opción emergente para cuando se termina la vida productiva profesional es un oficio, algo que nos represente un reto disfrutable, que no esté condicionado por la urgencia y que sea factible de comercializar si eso nos interesa. La encuadernación se me presentó como la posibilidad de realizar un sueño, lo cual logré al publicar mi primer libro, pero lo mejor de todo es que yo soy el responsable de la mayor parte del proceso de elaboración de cada ejemplar; pueden estar seguros que en cada unidad, además de mis letras, van mis horas de una nueva apreciación de los trabajos manuales pues, como alguna vez quise aprender a hacer camisas y no pude, lo compensé cosiendo libros. Es verdad, la encuadernación reúne las formas de varias actividades a la vez.
Para alguien que escribe, resulta un excelente complemento el poder fabricar sus propias libretas y editar sus propios libros, es tanto como para un cocinero el poder fabricar y calibrar sus utensilios o el cosechar sus propios vegetales; el camino a la autosuficiencia debe alumbrarse con la linterna de la curiosidad, pues no basta con aprender a hacer cosas sino que, si acaso no se cuenta con los recursos recomendados, se debe estar dispuesto a improvisar. Así como un cordón podría ser sustituido por un cordel doble, una tabla por una lámina o una malla por su cedazo, las posibilidades se ampliarán según los referentes a los que estemos acostumbrados a tomar en cuenta; dicen que las grandes empresas comenzaron en una cochera, a veces el alcanzarla no se refiere al tamaño. Salud.
Beto

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