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miércoles, 24 de abril de 2024

¿Qué nos dice el sonido?

¿Será porque creemos que lo que recibimos
por las orejas va hacia adentro?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El sentido del oído ha mantenido una característica que difícilmente los otros tienen que es la confidencialidad; lo que se dice al oído se queda guardado en la cabeza como si de un tatuaje se tratara. Cada sonido representa una experiencia total, por lo que las notas musicales nos crean mundos completos y la repetición constante produce el mismo gozo y la misma diversión que si fuera la primera vez que las escuchamos, de hecho, tratar de reproducirlas de manera vocal o con un instrumento, nos parece un reto que la mayor parte del tiempo aceptamos con el mayor de los gustos. No es necesario saber cantar o ser un virtuoso con la flauta, caeremos en las garras de la melomanía una vez que hayamos descubierto que somos capaces de sacar un buen sonido a un pandero.

La asociación de los sonidos con la realidad circundante se da en automático puesto que al nacer primero escuchamos y después observamos, por lo cual lo que oímos nos parece más entrañable, por supuesto, desde nuestra vida intrauterina estamos entrenados para la audición y la experiencia acumulada supera con creces a la de la visión por mucho que invirtamos su orden con la edad. El efecto del sonido en nuestro estado de ánimo es poderoso y las respuestas que damos a él son proporcionales ya que el estremecimiento resultante es pocas veces controlable; unas notas suaves provocan ensoñación, calma o seguridad por mencionar algunos efectos, por otro lado, la estridencia nos lleva a un estado de alerta que hace fluir la adrenalina de inmediato.

La primer caricia que recibimos conscientemente es una palabra, me refiero a que posiblemente recibimos abrazos o palmadas desde pequeños pero se nos daban casi de manera automática, quizá porque así debía ser, sin embargo, la búsqueda de la aceptación empieza por el oído, en cualquier nivel y en cualquier situación. Más allá de las terapias, nos encontramos sonidos que nos calman, otros que suben nuestros niveles de competencia, otros que alteran nuestros sentidos o que nos enternecen, en fin, podría decirse que hay sonidos para cada uno de nuestros estados de ánimo, por lo cual el cine o la televisión aún funcionan para que los usemos como formas de entretenimiento o aprendizaje o, de plano, como compañía.

Con ningún otro sentido podemos simular, se ve de frente, se apunta con la nariz hacia el olor la piel se eriza y los sabores nos sacan expresiones involuntarias; con el oído podemos poner atención aunque la vista apunte hacia otro lado. Si pudiéramos medir nuestros ángulos de percepción, diríamos que nuestra vista abarca 160° aproximadamente, el olfato quizá 45°, el tacto y el gusto unos espectaculares 10° (si no es que menos), por su parte, el oído percibe en 360° lo que lo convierte en el más versátil sentido que tenemos, por el que las mamás mantienen a raya a sus críos, los maestros a sus alumnos y los terapeutas pueden guiar a sus pacientes. La costumbre de contar historias al rededor de una fogata sigue manteniendo su atractivo. Salud.

Beto

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