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| Lo mejor que pueden dejar de herencia los viejos, es el conocimiento. Foto: BAER |
Un nuevo miembro en un grupo implica un ciclo de actualización para el mismo pues no se trata de una adaptación a las costumbres simplemente, sino también (a largo plazo) a la de la interpretación que ese individuo les dará, en una dinámica interminable en las que se escucharán exclamaciones como «en mis tiempos no pasaba esto»; la contraparte también enarbolará las suyas, por ejemplo «es que las cosas ya no se hacen así» en una franca oposición a seguir haciendo todo como era en el pasado ya que debe buscar su propia identidad. En el proceso, la adaptación de cada una de las partes es primordial para que los rasgos culturales más importantes no se pierdan por el desuso, la tergiversación o la ignorancia, lo que nos lleva a un proceso de trabajo de convencimiento.
La imitación es la principal arma de las nuevas generaciones para aprender dos puntos básicos para su estancia en el grupo, saber qué es lo que deben y no deben hacer y cuál es su rol social; si recordamos los juegos infantiles que nos enseñaron en casa y en la escuela la mayoría trataba de hacer lo que se nos mostraba, hasta había uno que se llamaba «lo que hace la mano, hace la tras», la emoción de las carreras para no ser atrapados desviaba un poco la atención de lo que debíamos aprender, sin embargo, permeaba de alguna manera y entendíamos valores como la cooperación y la protección de los demás, principalmente cuando se trataba de seres más débiles; también aprendimos sobre preferencias y privacidades por un deseo de ganar.
Lo evidente es la sensación de pertenencias (en plural porque no sólo pertenecemos a un grupo), la confianza se nota desde el momento en que expresamos detalles que compartimos con los demás de manera satisfactoria, en algún momento buscaremos la individualidad pero en nuestras etapas de adaptación, la mimesis es lo más inteligente para sobrevivir. Aprendí todo lo anterior en las múltiples ocasiones en las que tuve que cambiar de casa, de escuela, de ciudad, incluso como docente lo cual reafirma mi imagen de sobreviviente, para mí mismo porque muy poca gente lo sabe, bueno ahora también ustedes mis diez lectores, pero que quede entre nosotros. Sé que es un cliché cinematográfico pero siempre quise decirlo. Salud.
Beto

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