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miércoles, 7 de febrero de 2024

Enseñar en la proximidad

Las formas de transmitir la enseñanza a veces
no tienen que ver con los resultados. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La convivencia hace inevitable el forjar lazos de amistad o afectivos en general, claro está, en un inicio no lo alcanzamos a apreciar en su totalidad pues de pequeños, apenas estamos aprendiendo a convivir. Parte importante en la mecánica de ese aprendizaje es la imitación, pero ¿de a quien imitamos, cuánto es válido o nos sirve para poder intercambiar ideas y sentimientos? Ojalá pudiéramos contestar que todo, sin embargo, no es posible, no al menos en todo momento en cualquiera de nuestras edades ya que los referentes son tan variados que el procesamiento de toda esa información debe darse con un método que nadie nos enseña o sólo contamos con la sentencia “aprende lo bueno” que a veces se expresa “otra cosa deberías aprender”. Viendo esto, aprender sobre el propio comportamiento observando a los demás, resulta bastante difícil.

Otra frase (u oración) muy utilizada por los mayores cuando van a enseñar algo a los menores dice así: “haz lo que te digo, no lo que yo hago”, principalmente cuando se trata de un contenido con cierto grado moral, eso sólo muestra el interés que se tiene por que le vaya bien a la personita que se le intenta enseñar, aunque el tono solemne-juguetón de la sentencia suele asomar un dejo de incredulidad en él. Si lo analizamos un poco, en el fondo lo que se intenta decir con lo anterior es que no todo funciona bien para todos, pero parte de la experiencia vertida en lo que se dice, sí le sirve de referencia a cualquiera. La proximidad en la enseñanza no se limita entonces al aula, comienza en casa buscando los momentos propicios para desarrollar nuestras habilidades sociales y manuales útiles.

Si desde el hogar nos queda claro qué podemos permitir como cercanía -sin exageraciones ni aspavientos- no tendríamos que dudar de las intenciones de los demás puesto que todos tendríamos la misma lista de valores... esperen, ¿acaso no ya la tenemos? Entonces, ¿por qué aún no somos la sociedad solidaria que los idearios de la nación proponen? Tal vez se quedaron en la butacas que ocuparon los constituyentes del ‘17 o en las curules de los que crearon el partido hegemónico o en las filas de los donadores de recursos para “expropiar” el petróleo, perdón, las compañías petroleras británicas porque las americanas sólo hicieron mutis y siguen dictando el precio de nuestro oro negro y ¿cómo enseñar cosas así a los niños sin crearles rencores infructuosos o que les obligue a crecer con complejos de inferioridad?

Ahora bien, ¿qué es lo que como mexicanos sentimos más próximo? La lista puede resumirse por afectividad, economía y bienestar, así tendríamos a la familia y al matrimonio seguidos de los amigos, al trabajo como empleados y el negocio como empresarios, por último, los bienes materiales y la diversión en cualquiera de sus formas; de eso que valoramos, ¿qué usamos para enseñar? Esperaríamos que fuera todo pero, por desgracia, no es así ya que varios de esos valores los damos por entendidos y no tienen un espacio claro en los programas de estudio en los niveles básicos. Algunos dirán que sí se contemplan en apartados como la cooperación y las actividades en el hogar, pero no hay un seguimiento en los niveles superiores como para entender la autoridad paterna o el papel de los miembros de una familia extendida. Salud.

Beto

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