![]() |
| Lo valioso de la enseñanza se diluye en contra de valores externos al aula. Foto: BAER |
Así como lo anterior, hemos evitado aprender algunos contenidos, unos pensando que nunca nos serán de utilidad o que los necesitaremos sólo algunas veces, posiblemente que si están registrados en los libros, ¿para qué aprenderlos? Sólo hay que saber buscarlos. Es más o menos lo que pasa con la educación informal en YouTube, por ejemplo, siempre están a la mano los tutoriales sobre cualquier tema, así el conocimiento será permanente (en lo posible) y el saber se satisface al instante. Quizá esa imagen no tendría valor para las autoridades educativas del país, pero no han considerado que, en realidad, todos aprendemos lo que nos es significativo hasta la preparatoria, en un 30 o 40% de toda la información a la que se nos expone, lo demás lo olvidaremos paulatinamente.
Lo importante de todo esto es que la retención de tal información no es responsabilidad absoluta del docente, todo estriba en la relación que establezca con sus pupilos para hacer que sus lecciones sean significativas; lo anterior resulta algo complicado en los términos en los que se manejan las clases actualmente, debido a que demasiada cercanía podría dar pie a interpretarla como acoso y la toma de distancia, como discriminación. Es un tiempo en el que la ambigüedad ha tomado un protagonismo nunca antes registrado, en el que la inutilidad se disfraza de política correcta y el idioma no alcanza para explicar las intenciones que nos mueven a hacer las cosas; en estos términos, la actividad magisterial está maniatada para tener un concepto claro de disciplina debido a que hemos caído en la trampa de la relatividad.
Y no, no voy a echarle la culpa a Einstein puesto que el uso indiscriminado del término es sólo responsabilidad nuestra, más cuando confundimos su significado con el del término ambiguo, algo que ya tratamos en otra ocasión pero que no está de más señalar que la tendencia a no definirnos la tenemos arraigada desde que este país se declaró como tal. En palabras de Raymundo Sánchez (creo que ya lo había citado antes, no importa) somos hijos de la ambigüedad, yo agregaría que la simulación nos amadrina; he acusado constantemente a esta sociedad de no comprometerse en buscar una identidad palpable pues, contrario a lo que suponemos, cada expresión cultural que identificamos y nos enorgullecen en el extranjero, sólo son manifestaciones regionales, ya que nuestra participación es poca. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario