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miércoles, 21 de febrero de 2024

El compromiso desde la palabra

Procura que tus palabras sean dulces. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Cada vocablo emitido desde nuestra boca, va tejiendo el retrato diario de lo que pretendemos ser; no, no se trata de un fingimiento, sino de la adaptación al entorno que realizamos para encajar en el grupo social que elegimos para desarrollar nuestras actividades; cada palabra aprendida nos crea el compromiso de usarla de la manera correcta, lo cual no parece un reto puesto que ya la habremos utilizado en innumerables ocasiones, pero ¿en realidad sabemos exactamente qué es lo que decimos? Habrá cosas que entendamos de manera intuitiva por los gestos y ademanes que realizan las personas a las que les toca explicárnoslas, no así cuando se trata de conceptos más elaborados que requieran de la deducción o la inducción por ejemplo o, ¿qué pasa cuando damos todo por sentado?

En todo caso, toparse con alguien que pretende saberlo todo o que completa tus afirmaciones o que corrige lo que dices sin que lo hayas solicitado; lo que se dice y cómo se dice debe haberse pensado con anticipación -al menos eso se afirma- para no obtener una reacción inesperada, lo que no es lo mismo que tener una mala comunicación, el único problema posible respecto de ella, es que se interrumpa, al ser concepto absoluto hay o no comunicación, las intenciones al ejecutarla pueden tener adjetivos que deseen, pero la comunicación no. Para explicarlo, pensemos en dos conversaciones opuestas, una declaración de amor y una discusión sobre cualquier tema, tómense su tiempo; seguramente su pensamiento estará viajando de las injurias a las palabras tiernas, de las ideas claras a los malos entendidos.

En ambos casos lo que importa es el resultado y si éste es positivo, no hay mucho que objetar, por el contrario, si es negativo debemos observar que lo primero que se evidencia es la incertidumbre y la frustración; si en la discusión una de las partes se siente ofendida, seguro que ésa era la intención del emisor, por lo tanto el circuito de la comunicación se completa, en cuanto a la propuesta, si no encuentra eco, también se cumple el ciclo puesto que el receptor entendió y respondió en consecuencia; si en los dos no hubiera reacción, eso indicaría un escaso entendimiento por lo tanto, una interrupción en el ciclo comunicacional. Lo bueno o lo malo de esas relaciones sería la intención de los argumentos utilizados para imponer un criterio, para ganar una posición o una visión de un evento.

A decir de nuestros abuelos, lo que nos prueba como seres humanos es el honrar nuestra palabra cuando la empeñamos, es decir, cuando la ofrecemos en prenda al prometer el cumplimento de una tarea so pena de quedar marcado como un irresponsable. La palabra que pronunciamos trata de lo que somos, su uso frecuente, de lo que pretendemos ser y el énfasis que se le imprime, lo que queremos que los demás vean, el uso adecuado de ella no se da a la primera, es un proceso de aprendizaje en el que, tanto los acierto como los errores, nos dan pistas para ir perfeccionándonos. Son motivo de juego y de ceremonia al mismo tiempo, retozan entre los surcos y los pliegues cerebrales y pontifican saliendo por las cuerdas vocales haciéndonos motivo de admiración o de eterna condena. Salud.

Beto

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