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| Las formas de transmitir la enseñanza a veces no tienen que ver con los resultados. Foto: BAER |
La condena a la que hacen referencia los catedráticos y algunos políticos cuando quieren adornarse en sus discursos, de ninguna manera nos ha prevenido, como sociedad, de seguir cometiendo los mismos errores, ¿será que aunque nos enteremos sobre los hechos del pasado no llegamos a entenderlos? Pero el entendimiento no significa que tengamos la solución puesto que lo que nos enseñan, dista mucho de tener la información en su totalidad, no porque crea que sea factible que se registre todo en absoluto, sino porque de lo que se logra documentar, una buena parte se reserva o se tergiversa para su uso discrecional por parte de las autoridades. Traten de recordar cuál fue la última vez que el dato de la batalla del puente de Calderón les fue útil más allá de presumir frente a alguien.
Puede ser que citar a Napoleón en Waterloo nos haga ver muy inteligentes o saber la mayor parte de las respuestas de un juego de trivias nos haga ganar varios puntos pero terminados éstos, fichas y tableros junto con las estadísticas vuelven a la caja sin más. El mismo mecanismo sucede en clases en vísperas de un examen, si a la información obtenida durante el mes no se le ha encontrado un fin práctico, servirá sólo para alardear y posteriormente se le olvidará. Aprendemos de las intenciones y los resultados de las mismas puesto que lo que haya pasado, en nuestra mente debe tener un rostro humano, no se semi dioses ni mucho menos de máquinas que, como ejemplos de vida, resultan inalcanzables; la identificación con ellos es más mítica que mística y la realidad se escapa así de nuestras manos.
El chiste de aprender historia es hacernos partícipes de un constructo que nos enaltezca más que nada como nación y no es la memorización de datos lo que va a lograrlo, sino la interpretación de las condiciones, las intenciones y las características del lugar donde se dieron los hechos, con el fin de entender por comparación, lo que sucede en la actualidad. Ahora bien, sí es importante tener clara la cronología (la explicación temporal) pero creo plenamente que, cuando los contenidos están presentes, el cuándo sucedieron se entenderá mucho más fácilmente que si se trata de aprender al contrario; incluso en una crónica, aunque el hilo conductor es el tiempo, lo que importa es saber qué sucedió, con lo cual podemos valorar las acciones de los personajes que cambiaron los rumbos de su sociedad. Salud.
Beto

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