![]() |
| Los medios ya se usaban para educar, pero no sabíamos. Foto: BAER |
No puedo decir que no se usen del todo, menos cuando hemos pasado una etapa de encierro donde el video vino a suplir una parte del aula, sin embargo, las producciones al igual que los libros de texto, están planeados desde el centro, sin que haya indicios de producciones locales que atiendan a las necesidades específicas de cada región o estado; si bien es cierto, la generalidad es atendida de manera puntual pero, por ejemplo, ¿cuántas veces tiene la oportunidad de ver un ajolote un niño de Durango? Quizá, para que atendiera la importancia del cuidado de la biodiversidad, lo más adecuado es que viera una grabación sobre una especie endémica de su región, narrada por alguien experto con un acento identificable por él para que le fuera más familiar.
Generar una necesidad es relativamente fácil, sólo basta hacerle creer a un sujeto que lo que se le ofrece lo va a entretener sin ningún compromiso y que él y sólo él, decidirá el tiempo y la frecuencia en su uso, obviamente los contenidos deben tener un halo de prohibido para que el impacto sea más poderoso. Contrario al esquema anterior, los contenidos escolares tienen el estigma de obligatorios y encima se presentan aburridos, por lo que las batallas en contra de las tecnologías casi siempre las pierden. Aunado a que el magisterio en general parece estar peleado con la tecnología, su uso en el aula parece postergarse para un futuro remoto al cual no accederemos sino hasta que las circunstancias nos hayan rebasado, lo cual no parece de ninguna manera, una promesa halagüeña.
Un buen truco sería imaginarnos que en el salón se van a tener sesiones a distancia, lo que implica el uso de la electrónica aunque con lo que se rellenan los espacios pueden ser de otro tipo de tecnologías como lo hicieron en la televisión estatal y comercial personajes como Andrés Bustamante, Sofía Álvarez o Ricardo González que, con algunos trozos de madera, papel y pinturas, lograban entretener a su audiencia. Este tipo de elementos son comunes en un salón, lo único que hace falta para que funcionen dentro de un cuadro es la imaginación de cada docente, su muy particular modo de percibir los medios de información y, si fuera preciso, asesoría de un profesional especializado en los lenguajes de los medios. Hace meses fue una pandemia la que mostró el camino, después serán otras cosas. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario